Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 13 de febrero de 2011 Num: 832

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

La escritura al margen
Adriana Cortés entrevista con Clara Obligado

Los secretos revelados del romano Palacio Farnesio
Alejandra Ortiz Castañares

Remedios Varo:
poesía en movimiento

Guadalupe Calzada Gutiérrez

In memoriam (1975)
Héctor Mendoza

Héctor Mendoza,
la espiral y el laberinto

Miguel Ángel Quemain

El quehacer escénico de Héctor Mendoza
Juan Manuel García

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Columnas:
Prosa-ismos
Orlando Ortiz

Paso a Retirarme
Ana García Bergua

Bemol Sostenido
Alonso Arreola

Cinexcusas
Luis Tovar

La Jornada Virtual
Naief Yehya

A Lápiz
Enrique López Aguilar

Artes Visuales
Germaine Gómez Haro

Cabezalcubo
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Los secretos revelados del
romano Palacio Farnesio

Alejandra Ortiz Castañares

Pocos edificios han sido capaces de penetrar en el imaginario colectivo de la ciudad como el Palacio Farnesio, considerado el más imponente de los palacios patricios renacentistas de Roma. Su monumentalidad e historia, pero también la dificultad de acceder a él lo han convertido en un lugar enigmático. Es sede de la embajada de Francia desde 1874 y, al año siguiente, del École Français de Rome.

La exposición Palacio Farnesio, de las colecciones renacentistas a Embajada de Francia nace por iniciativa del actual embajador Jean-Marc de La Sablière, abrió sus puertas al vasto público –bajo reservación– a partir del 17 de diciembre y hasta el 27 de abril. La curaduría es de Francesco Buranelli y Roberto Cecchi, notorias personalidades en el ámbito cultural italiano.

Los visitantes tendrán la oportunidad de revivir los fastos del palacio así como su contextualización histórica, gracias al préstamo de algunas piezas emblemáticas que reconstruyen la célebre colección.

Ubicación

Palacio Farnesio está situado en el Rione Regola, el barrio renacentista de Roma flanqueado en toda su longitud oeste por el río Tíber, delimitado al norte por el puente meridional que lleva al Vaticano y al sur por el puente Sixto, dentro de un área que a partir del S. XV y por todo el XVI gozó de los favores del papado, potenciándola urbanística, comercial y arquitectónicamente como es claramente visible en los señoriales edificio nobiliarios que la pueblan.

El Palacio Farnesio se yergue solemne en la enorme plaza que apenas logra contenerlo. Mi visita coincide con una helada mañana invernal que ha ahuyentado a los paseantes y me ha permitido gozar de un silencio necesario que pareciera proyectarme ante un tableau vivant. Toda la plaza aparece conformada por geometrías esenciales: cubos, rectángulos, ovales, cuadrados, dispuestos en manera tan perfecta que rememora las naturalezas muertas de Giorgio Morandi: cada objeto pareciera meticulosamente colocado ante el intento de crear una armonía indisoluble al que contribuyen la exacta disposición de la luz y el color. Una neblina apenas perceptible opaca los colores que se presentan tenues y fríos: azules, amarillos, marrones, grises, rosas y blancos.

Recuerdo mi impotencia, siendo aún estudiante, por no poder traspasar el enorme portal almohadillado, y cuánto aumentaba mi curiosidad cuando, caída la noche, se vislumbraba aquella serliana central que el trabajo nocturno del embajador iluminaba, haciendo parcialmente visibles los frescos de los fasti Farnesiani (1552-1563), exaltación de la gloria familiar realizada por los manieristas Francesco Salviati y por los hermanos Taddeo y Federico Zuccari.

El palacio

El cardenal Alejandro Farnesio, futuro papa Paulo III, contrata a Antonio da Sangallo el joven, que para entonces era ya considerado como uno de los máximos arquitectos italianos. El proyecto toma como modelo el clasicismo vitruviano, pero también la moderna arquitectura florentina y romana.

La larga gestación de la construcción (1513-1589) modificará el proyecto original, concebido como un edificio más sencillo; la envestidura papal de 1534 hará que el palacio asuma un aspecto grandioso, digno del nuevo rango. Por ello, en 1545 se organiza un concurso para la cornisa de coronación de la fachada; lo gana Miguel Ángel (trabajará en el edificio hasta la muerte del Papa en 1549), lo cual ofende fuertemente a Sangallo quien fallecerá un año más tarde.

La última fase constructiva la completan Vignola y Giacomo della Porta. El cardenal Ranuccio (1530-1565), nieto menor del Papa, será el primero en habitar el palacio. La familia lo aprovechará poco ya que, una vez muerto el también cardenal Odoardo, en 1626, se asentará en Parma y el palacio será utilizado sólo como lugar de representación y recibimiento de nobles, prelados y reinantes.

Esta pérdida coincide con la irrefrenable decadencia de la estirpe hasta su extinción a mediados del siglo XVIII. Carlos de Borbón, futuro Carlos III de España, hereda de su madre Isabel de Farnesio (último componente de la familia) la entera colección y, en su calidad de rey de Nápoles y Sicilia, la transfiere a Nápoles en donde permanece actualmente.

Museum Farnesianum

Entrar en la exposición significa cambiar los comunes parámetros de visita, ya que nos ponemos frente a una colección típicamente renacentista, una Wunderkammern. La pintura por tanto corresponde a un aspecto más bien secundario, las famosas telas comisionadas a Rafael, Tiziano, Sebastiano del Piombo, El Greco, Carracci, eran retratos de familia o temas alegóricos de auto celebración que convivían con obras menores.

Era la estatuaria antigua la prioridad mayor. La calidad inusitada de las piezas despertó una admiración sin parangón a partir de las estatuas colosales encontradas en las excavaciones de las Termas de Caracalla en 1545, que el Papa adjudicó para su colección personal (celebérrimos el Hércules y El toro farnesio copiados y admirados por generaciones de artistas).

Junto a ello estaban las artes decorativas, los camafeos, la numismática, la mayólica, la orfebrería y los muebles, entre objetos exóticos y naturalia.

Galería de los Carracci

Puede que la parte más estremecedora del edificio sea la llamada Galería, probable sala de la música, que contiene los frescos de Annibale Carracci y ayudantes (1597 al 1607/8). Pasado un siglo, finalmente la construcción del palacio llega a su fin.

En una intencional penumbra debido al no perfecto estado de conservación de los frescos, resalta una magnífica orquesta de cuerpos estatuarios rutilantes, invadidos de vida y elegancia. Fue aquí que se jugó el cambio de ruta del arte europea, germen mismo de la pintura barroca.

Annibale rompe con el decadentismo al que había llegado el manierismo entendido como práctica intelectualista y alejada de la realidad. Carracci hace una propuesta renovadora que se contrapone a los tonos oscuros y profanos que Caravaggio hacía por los mismos años también en Roma.