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Gloria de Tepito y parte de una generación irrepetible

Adiós al campeón Rodolfo Martínez
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▲ Rodolfo Martínez boxeó durante los 60 y 70, años gloriosos del peso gallo, cuando el Púas Olivares, Chucho Castillo, Rafael Herrera y Famoso Gómez –puro peleador fino y bravo– disputaban mucho más que un título .Foto cortesía CMB
 
Periódico La Jornada
Martes 16 de agosto de 2022, p. a10

Murió el ex campeón del mundo Rodolfo Martínez a los 75 años. Un púgil que perteneció a una generación dorada de boxeadores en peso gallo en las décadas de los 60 y 70, con figuras que no sólo se disputaban coronas sino también el cariño y la admiración de la gente. Ante todo, eran ídolos de las arenas, se debían al pueblo.

El Mudo Martínez fue rival de Rafael Herrera, con quien protagonizó una de las mejores peleas de la historia; Octavio Famoso Gómez, y Carlos Zárate, quien le arrebató el campeonato del CMB. También fue contemporáneo de otros gallos mitológicos como Rubén Púas Olivares, José Medel y Chucho Castillo.

Como varios, Martínez surgió de las calles de Tepito, donde el rito de paso era medirse con el más picudo de la cuadra, recuerdan algunos. De ahí mismo salieron Raúl Ratón Macías, Cañas Zárate, el Famoso Gómez y José Huitlacoche Medel. El Mudo contaba que se había convertido en boxeador porque no sabía defenderse. Era muy correlón y me daba miedo pelearme, dijo en sus inicios en una entrevista con la revista mexicana Ring Mundial. Ese miedo ante los abusivos lo transformó en una gloria del barrio y uno de los deportistas más populares en aquellos años.

Una época gloriosa del boxeo mexicano, con olor a gimnasio viejo y a barrio; a respeto por el oficio, evo-ca Carlos Zárate, quien en 1976 arre-bató el título del CMB a Martínez.

“Estaban el Púas, Chucho Castillo, Rafael Herrera, Famoso Gómez, puro peleador fino y bravo, y se hacían rivalidades de todos contra todos. Si le ganabas a uno, ese mismo podía vencer a otro que te había ganado, no había nada escrito y todo se definía una noche en el cuadrilátero. La gente se volvía loca con esa peleas, no sólo por la tele, sino en las arenas que se llenaban. Con la muerte del querido Mudo –como lo apodaban– se va un pedazo de cada uno de nosotros.”

En 1996 la célebre revista estadunidense The Ring realizó una lista de las mejores cien peleas de la historia del boxeo. La número 55 fue el segundo de los tres combates que sostuvieron Rodolfo Martínez y Rafael Herrera.

Una épica en blanco y negro que registró la televisión el 14 de abril de 1973 en la Plaza de Toros Monumental de Monterrey. Herrera le había quitado lo invicto a Martínez un par de años antes, por lo tanto, este pleito se consideraba una ansiada revancha.

Martínez tenía 24 años y Herrera a los 26 ya había sido campeón del mundo. El combate era por el cinturón vacante en peso gallo del Consejo Mundial de Boxeo. Rodolfo estuvo a punto de noquear a Rafael, pero éste se repuso para descontarlo en el asalto 12 de 15 pactados. Una sinfonía de golpes exquisitos y de intercambio sin fin. El boxeo en estado de gracia.

Conmovido tras recibir la noticia de la partida de su amigo, Herrera dijo desde Cuernavaca: “El boxeo es cruel, es verdad, pero también tiene algo más profundo.

Tras ser rivales, hay algo que nos hermana de forma muy fuerte, olvidas los golpes, que arriba del cuadrilátero querías lastimar al oponente. Lo que queda es el recuerdo y el cariño por un compañero de oficio. Me duele en el alma la partida de Rodolfo, porque fuimos parte de una generación irrepetible.

Para el presidente del CMB, Mauricio Sulaimán, se marcha un signo de cuando el boxeo se hacía con más corazón y pasión, era un deporte de valor, desbordado de generosidad.

Hoy lo que mueve es la ambición por el dinero y la fama, lamenta Sulaimán; antes sobre todo eran movidos por el deseo de un boxeo más puro y romántico.

En una nota de 1971 en Ring Mundial, Rodolfo hablaba de una carrera que estaba por despegar. En unas líneas contaba su realidad, pero al mismo tiempo de la materia con la que estaban forjada toda una generación de boxeadores.

Como mi padre ya no vive, soy el sostén de mi familia, contaba a los 22 años; Tengo dos hermanos y una hermana menores que yo. Quiero que estudien una carrera productiva, no como yo, que tengan que ganarse la vida golpéandose.