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Balance de la jornada

Monterrey y Raúl Jiménez dan la cara

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▲ El mexicano Carlos Rodríguez –en la imagen, marcando a Mohamed Salah– destacó en el Mundial de Clubes.Foto Ap
M

onterrey se puso bajo reflectores en el Mundial de Clubes con una actuación sublime, acarició la gloria, y aunque terminó en el sitio previsto –tercero–, no queda nada qué reprochar, pues irrumpió con fuerza y personalidad en la única ventana internacional que le queda al futbol mexicano, por ahora marginado indefinidamente de la Copa Libertadores y de la Copa América.

Los fracasos hieren el orgullo, pero renuevan el hambre y dejan máximas enseñanzas. En su primer ciclo al frente de los Rayados, Antonio Mohamed no pudo entregar un título y el público, que contemplaba a Tigres engolosinado con sus trofeos, desató reproches hacia el Turco, quien optó por un receso: un pasaje breve y gris en el Celta de Vigo, y aunque sacrificó su sueldo, luego de 13 partidos y sólo tres triunfos, fue cesado.

En octubre Mohamed inició su segunda etapa al frente del Monterrey, que había echado a Diego Alonso. Sus palabras sonaron a lugar común: anunció que llegaba con un mejor plan que la vez anterior. Así parece. El equipo inició una carrera ascendente y a contrarreloj le alcanzó para entrar a la liguilla raspando panza, como octavo lugar. Pero la motivación para sobresalir en el Mundialito qatarí resultó impresionante.

Recurrió a todo su arsenal foráneo ante el laureado Liverpool. Era lo justo para equilibrar, pero el pie mexicano –Carlos Rodríguez, César Cachorro Montes, Jesús Gallardo, Miguel Layún, Rodolfo Pizarro y el portero Luis Cárdenas– tuvo un desempeño que rayó en la perfección. Nadie desmereció. Rodríguez, de 22 años, parecía un todo terreno. De inmediato fue blindado, por si las moscas.

A Mohamed le urge brindarle un título de Liga Mx al Monterrey, es una deuda pendiente desde que el equipo estrenó el majestuoso Gigante de Acero, en agosto de 2015. En Doha convenció a propios y extraños de que tiene un equipazo al que restan dos batallas para redondear su gran regreso al timón regio. El jueves, en plena cruda navideña, se disputará la final de ida ante el complicado América de Miguel Piojo Herrera.

El estadio de Rayados ya organizó la fiesta, pero será en el estadio Azteca donde el Turco espera alzar el cetro, ahora como visitante. Y después de que la reventa acaparó el boletaje para la final de vuelta, la fanaticada de las Águilas tendrá este lunes una oportunidad de observar a sus ídolos de forma gratuita.

Raúl Jiménez es el jugador mexicano que mejor resplandece en el extranjero. Todo un ídolo para la afición del Wolverhampton inglés que hace caer en lamentos al Atlético de Madrid, club que importó a la joya mexicana a tierra europeas, pero careció de paciencia y sabiduría para pulirla, y hoy contempla con dolor el bien perdido… Igualito que Cruz Azul, cuando lo dejó ir siendo un niño talentoso que terminó en las filas del América.

El ascenso de Jiménez (28 años) ha sido consistente y a paso firme. Los Colchoneros lo compraron por 10.5 millones de euros, Benfica pagó por él 22 millones y el Wolver 42. Se revalúa periódicamente al ciento por ciento y para el seleccionador Gerardo Martino es su mejor activo, tras recibir la negativa de Carlos Vela y luego de las indisciplinas de Javier Chicharito Hernández.

El Lobo mexicano ya fue nominado el mejor jugador de la Liga Premier, honor que no es poca cosa, puesto que brilla entre los más talentosos del mundo. El Wolver, ubicado en el sexto lugar en gran medida con goles decisivos de Jiménez, lo reconoció hace unos días con una selección de sus mejores goles y lo tiene en un pedestal.

Chivas sigue armándose a paso firme, organizando sus finanzas y rogando para que Angélica Fuentes no mueva con brusquedad los hilos de la sucesión testamentaria en favor de sus hijas. Aunque el equipo está casi armado, una de las mejores noticias en Cruz Azul es la llegada de Jaime Ordiales, quien hizo un buen trabajo con Gallos Blancos; ojalá que el jaloneo en la cúpula cementera le conceda algún margen de maniobra.