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Repudia John Maxwell Coetzee la arrogancia que el idioma inglés genera en sus hablantes

Hago lo que puedo para resistir la hegemonía de esa lengua, sostuvo el premio Nobel de Literatura sudafricano durante su charla ayer en la sala Nezahualcóyotl

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▲ J.M. Coetzee deplora cómo el inglés empuja hacia abajo a otros idiomas que encuentra en su camino, particularmente en Sudáfrica, y sus pretensiones universalistas.Foto Roberto García Ortiz
 
Periódico La Jornada
Viernes 25 de octubre de 2019, p. 3

Hago todo lo que puedo para resistir la hegemonía del idioma inglés, sostuvo el premio Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee durante la charla que ofreció ayer en la sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario, acompañado de la profesora Raquel Serur, embajadora de México en Ecuador.

Durante ese diálogo, al que asistió la premio Cervantes Elena Poniatowska y las escritoras Margo Glantz y Myriam Moscona, entre otros, Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) habló de por qué varios de sus libros más recientes se han publicado primero en español y otros idiomas antes que el inglés: su trilogía La infancia de Jesús, Los días de Jesús en la escuela y La muerte de Jesús, la película basada en su novela Esperando a los bárbaros y los discursos que pronunció tanto en Israel como en Cisjordania en diferentes años.

Joven sudafricano con etnicidad difícil

Respecto de la decisión de Coetzee de publicar primero en otros idiomas que no sean el inglés, el autor explicó: ‘‘Publicar primero en español, o al menos no hacerlo en inglés, definitivamente es un gesto de mi parte.

‘‘Trataré de ser más claro; viendo mi carrera de escritor, que se extendió por más de cinco décadas, veo a un joven hombre que nació en Sudáfrica con una etnicidad difícil de definir. Como primera aproximación este joven parece ser un afrikáner, pero hay varias características claves de esa identidad que no posee. Ese joven comienza a escribir ficción en inglés y publica su primera novela en Sudáfrica, y desea ser publicado en el mundo real que para él es Londres y Nueva York.”

A los 40 años ese joven publica Esperando los bárbaros y sus libros circulan de forma simultánea en Londres y Nueva York, y entonces ya es considerado un ‘‘escritor internacional, término inventado por la industria editorial estadunidense. Ese joven está enajenadode Estados Unidos, especialmen-te del Estados Unidos del siglo XXI desde George Bush, el joven. A ese joven nacido en Sudáfrica no le gusta la idea de que la manera de vivir de Estados Unidos, su cultura esla destinada a manejar el mundo.

‘‘En cuanto a Reino Unido, no hay otro país donde me sienta más fuera de lugar; así que ese joven nacido en Sudáfrica pierde interés en la manera en que se leen y reciben sus libros, y se interesa más por la forma en que son recibidos en otras partes.

‘‘Comienza a pensar en sí mismo como escritor internacional que no se identifica con un idioma en particular.

‘‘No me importa que el libro no aparezca primero en inglés, porque mis libros no están enraizados en ese idioma”; si diera una respuesta política: ‘‘No me gusta la manera en la que el inglés está manejando el mundo, cómo empuja hacia abajo los idiomas menores que encuentra en su camino, particularmente en Sudáfrica, ni estas pretensiones universalistas. Esa creencia es como es, según los ojos del inglés. No me gusta la arrogancia que esta situación crea en sus hablantes. Hago lo poco que puedo para resistir esa hegemonía del idioma inglés.”

En Australia, mano dura contra el derecho de asilo

Otro tema fue el de las personas que piden asilo, tomando el caso de Australia, donde vive Coetzee.

‘‘Australia ha respondido a este supuesto problema con una mano dura. Aunque Australia es país signatario de la Convención de refugiados de 1981, la cual dispone que se debe dar refugio temporal o permanente a quien llegue a las costas, en la práctica ha utilizado un rango de trucos legales para evadir sus responsabilidades y ha puesto en prisión en islas remotas a quienes buscan asilo y los ha tratado con suma dureza para detener la búsqueda de asilo de los que no pasan por los canales legales.

‘‘Australia brinda solamente un ejemplo extremo para esta pregunta, pero no solamente los gobiernos son culpables: la respuesta oficial a menudo refleja el sentimiento del electorado.

‘‘¿Qué hay que hacer? Tengo poco qué ofrecer como consejo, pero un principio sería dejar de pensar en los refugiados como problema y comenzar a pensar en el flujo de las poblaciones como hecho de vida en el mundo, movimiento que será más fuerte conforme empeore el cambio climático. Debemos hallar una solución. Sería mejor cambiar nuestro pensamiento, y comenzar a vivir con el flujo.”