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Política

2022-06-13 06:00

Biden resetea el hemisferio occidental

Periódico La Jornada
lunes 13 de junio de 2022 , p. 18

La nueva “misión civilizadora” de Estados Unidos en el espacio que sucesivos presidentes en la Casa Blanca han denominado su “patio trasero”, se tornó anticlimática la semana pasada en Los Ángeles, California, cuando “el silencio de los ausentes” (Cuba, Venezuela y Nicaragua, excluidos unilateralmente por Washington por razones político-ideológicas) interpeló al presidente Joe Biden en el marco de la novena Cumbre de las Américas.

Asimismo, la Organización de Estados Americanos (OEA), instrumento político intervencionista de inicios de la guerra fría para la “contención” del comunismo, también fue cuestionada por haber sido utilizada como un “gendarme” que facilitó el golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia en 2019, y su secretario general Luis Almagro repudiado como “asesino”, “mentiroso” y “títere” de Washington.

Recalendarizada detrás del recién finalizado Foro Económico Mundial −organización privada que funciona como “politburó del capitalismo” (Paul Schreyer) y la plutocracia internacional (BlackRock, Vanguard et al.) y sus palafreneros, los líderes políticos de los países y organismos internacionales que el Foro de Davos ha “penetrado”, según su maestro de ceremonias, Klaus Schwab−, la Cumbre de las Américas buscaba recauchutar la erosionada hegemonía de EU en su tradicional “zona de influencia”, “amenazada” hoy, según los jefes militares de los comandos Norte y Sur del Pentágono, por dos potencias extracontinentales: China y Rusia.

A escala mundial la otrora omnipotente dictadura del pensamiento único neoliberal cruje debido a la crisis sistémica del capitalismo emanado de los acuerdos de Breton Woods de 1944, mientras EU pugna por mantenerse como hegemón unipolar vía sanciones coercitivas y distintas modalidades bélicas −guerras de agresión neocoloniales, guerra no convencional, económica, encubierta, de contrainsurgencia, de cuarta generación, híbrida, subrogada ( proxy war), cognitiva y amagos de guerra termonuclear− y se resiste, cueste lo que cueste, a ceder terreno ante lo que se avizora como un nuevo orden bipolar: “Occidente” (EU/OTAN/UE) versus Eurasia.

Además de sus afanes geopolíticos –en un mundo complejo que podría derivar en la instauración de un totalitarismo tecnocrático sanitario de vigilancia ubicua bajo el mando del complejo financiero-digital−, la desangelada cumbre estaba programada por el equipo anfitrión para “resetear” al actual sistema de dominación subregional en clave globalista y rusófoba según el libreto de Davos.

Cuando el cliché del globalismo interconectado se desintegra tras la guerra comercial de Donald Trump contra China, el confinamiento ( lockdown) impuesto por los regímenes corona de excepción y terror sicológico urbi et orbi y las sanciones coercitivas, extraterritoriales e ilegales de “Occidente” contra Rusia, recrudecidas tras la guerra híbrida por delegación de la OTAN en Ucrania –utilizadas como chivos expiatorios para distraer, manipular y encubrir mediante el miedo la bancarrota de una economía mundial superendeudada e introducir una “nueva normalidad” capitalista neofeudal−, Biden, como mascarón de proa del búnker plutocrático y el Deep State, lanzó en Los Ángeles la Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica, un ALCA remozado para contrarrestar las rutas de la seda de China.

Rotas las cadenas globales de suministros de materias primas básicas y secundarias (petróleo, gas, trigo, semiconductores, etcétera) tras los confinamientos de marzo de 2020 y sus consecuencias: escasez, aumento de precios, inflación galopante, reducción de la producción industrial, menor crecimiento y mayor desempleo, y bajo el manto imperial del neomonroísmo mercantilista (“América para los americanos”, 1823) y el decimonónico panamericanismo, Biden busca relanzar el viejo proyecto de asociación estratégica al servicio del capital financiero y las corporaciones con casa matriz en EU: el Área de Libre Comercio de las Américas, que dio origen a las cumbres en Miami (1994) y fue enterrado en Mar del Plata, Argentina (2005), en una subregión latinoamericana y caribeña rica en recursos energéticos y biodiversos (“reserva estratégica” la llamó Juan González, encargado de Asuntos Hemisféricos), con Biden como “enganchador” de nuevas inversiones condicionadas del FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Con los señuelos de siempre: democra­cia, seguridad hemisférica, libre mercado, inversión privada, derechos humanos, otro “logro” de la cumbre fue −en lenguaje orwelliano de “responsabilidad compartida”−, la tácita militarización de las políticas migratorias en los países expulsores de personas [producto del capitalismo depredador: megaproyectos extractivistas, agroindustriales y turísticos, economía criminal, violencia estatal/civil, desplazamiento forzoso de población, como instrumentos para la “acumulación por desposesión” o despojo (David Harvey)].

Urgido de “victorias” de cara a las elecciones de mitad de periodo de noviembre en EU, rehén de la industria de la contrarrevolución cubano-venezolana de Miami, Florida, y con el ruido mediático de las corporaciones afines, Biden utilizó el socorrido estereotipo de las “dictaduras” del área, mensaje que cuenta con el consenso ideológico bipartidista (republicano/demócrata).

El mismo cebo (o carnada distractiva) utilizado por los generales Glen VanHerck y Laura Richardson, jefes de los comandos Norte y Sur del Pentágono, para justificar la “otanización” de países bioceánicos como Colombia y México, bajo el argumento falaz de que China y Rusia utilizan a Cuba, Venezuela y Nicaragua para aprovechar las “vulnerabilidades de seguridad” de EU al ofrecerles “punto de apoyo en nuestro hemisferio”, facilitándole al “competidor estratégico a largo plazo” (Pekín) la expansión de “su influencia económica, diplomática, tecnológica, informativa y militar en América Latina y el Caribe”, desafiando “la influencia de EU en esos dominios”.

En ese contexto, la Secretaría de Marina de México fue “coanfitriona” de los ejercicios militares Tradewinds 2022, organizados por el Pentágono en la zona marítima de Quintana Roo (el mar Caribe es considerado la “tercera frontera” de EU) y Biden oficializó la admisión de Colombia como “aliado importante” de la OTAN.

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