Cuauhtémoc Blanco, la estocada a Morena // Partido sin filosofía // Una muerte anunciada
a historia de Cuauhtémoc Blanco es la misma de un organismo podrido por la ambición. Más allá de las atrocidades cometidas por un hombre que piensa con las patas
, Morena –el partido que lo protege–, marcó el comienzo de su decadencia contradiciendo uno de los muy pocos fundamentos que sostenía como entidad política: la defensa de las mujeres que, además, es la piedra de toque del discurso de la presidenta Sheinbaum.
Vamos a ver: Morena nació sin personalidad política y es, se diga lo que se diga y porque así fue concebida, una simple máquina de ganar elecciones.
En ningún momento ancló su proceder a alguna filosofía que identificara el rumbo de su destino y navegó, con fuerza, para salir de un mar proceloso que anunciaba el horizonte de un país manejado al gusto de otros que miraban en la injusticia la forma más razonable de mantener el poder y que ahora pardean entre la militancia de Morena.
Y es que Morena no traiciona, Morena gana elecciones y para eso lo mismo pasa por encima de cualquier forma del pensamiento que no le asegure obtener el poder; de esta manera, postula a ex priístas a cargos de importancia o defiende a un ex panista o mantiene entre los gabinetes del poder o en el Legislativo a quienes hacen de la política un negocio injusto y despiadado.
Pero eso no es ni de lejos lo peor. Ganar elecciones sin ton ni son sólo para ejercer el poder transformador
que no va a ninguna parte ni cambia nada y que, por el contrario, perpetúa los viejos errores que ya no se iban a repetir
, eso sí es patalear en el fango del pantano, en eso está convertido Morena. Ahora está más que claro.
¿Hay alguien que suponga que la lealtad a Cuauhtémoc Blanco es ir en concordancia con los postulados –si es que existen–, o con las ideas que Morena dice defender? ¿Alguien supone que Ricardo Monreal o su compinche Pedro Haces defienden algún postulado de izquierda?, o ¿de verdad suponen que Javier Corral, el ex gobernador, habrá de luchar por la justicia en cualquiera de sus expresiones? De eso está hecho Morena.
Y este partido, a final de cuentas, nació para morir rápido. Sus chipotles –como los que mencionamos arriba– no son producto de los golpes políticos que le han propinado, no; son formaciones cancerígenas que se le implantaron desde otros cuerpos políticos enfermos que le anuncian un deceso pronto y doloroso.
Tampoco se trata de la catástrofe inmediata. Los portadores del virus de muerte saben que su vida se habrá de extender algunos años más y aprovechan estos momentos de supuesta buena salud para sacar el provecho necesario. El diagnóstico es que Morena seguirá en el poder ayudado por la incapacidad de sus rivales para enfrentarlo, pero la pregunta que todos nos hacemos ahora es: ¿y para quién va a gobernar Morena?
En fin, el mal está perfectamente bien diagnosticado. Dependerá de los poderes internos suministrar las dosis de honestidad, rectitud y lealtad al motivo de su existencia, hoy dañado, enfermo y convertido en un lastre para la Presidencia de la República. Para decirlo con más claridad, requiere ahora convertirse en un partido político que impida el caos ideológico que hoy recurre a la injusticia para tratar de seguir en el poder. De eso no se trata.
Con las mujeres y los hombres que se han encaramado en su cúpula, Morena es –seguramente–, una carga muy difícil de llevar para la presidenta Sheinbaum que, además de los muchos problemas con los que debe lidiar a diario, tiene que enfrentar al monstruo de las mil cabezas de su partido. Es una lástima.
De pasadita
Por cierto: ¿qué pasa en el Metro? Guillermo Calderón no se quiere ir porque dicen que sólo hay alguien peor que él y ese es Adrián Rubalcava, su sucesor. Entonces ya nos vamos entendiendo.