Opinión
Ver día anteriorLunes 31 de marzo de 2025Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Semblanza del plan
S

e aplicarán tarifas de 25 por ciento a la importación de autos a Estados Unidos. Prosigue la política comercial propuesta como parte del reordenamiento económico que se ha planteado.

Se ha configurado un entorno en el que se intensifican las propuestas que pretenden la reindustrialización, las cuales derivan en otros asuntos claves como el valor del dólar frente a otras divisas y su papel como moneda de reserva internacional.

Recientemente apareció una nota que ofrece un ángulo para aproximarse a los planteamientos de la política de comercio exterior y sus repercusiones. La nota es de Yanis Varoufakis, político y economista griego que fungió de ministro de finanzas en 2015 en el periodo álgido de la crisis de la deuda de su país. Considera las tarifas un instrumento clave de política económica, un plan global consistente, aunque riesgoso. Mi interés aquí es advertir el entrelazamiento de las medidas y no las posibilidades de conseguir los objetivos esperados. Propongo en seguida un boceto de dicha nota.

La primera observación que se hace es relevante y tiene que ver con la forma en que funcionan globalmente el capital, el comercio y el dinero. Se cuestiona la idea predominante de que existen mercados competitivos en los que el dinero es neutral. Se apunta, en cambio, que las medidas que están en curso se sustentan en una concepción cruda del poder económico, a partir de lo cual se define lo que se hace y en contra de quién, tanto interna como internacionalmente.

Lo que está en la mira es la idea de que Estados Unidos es explotado por el resto del mundo, de lo que se desprende el lema de que debe volver a ser un país grande. Un punto sobresaliente es que el poder del dólar puede representar ventajas significativas para el gobierno, pero finalmente, desde el exterior opera como una fuente que impulsa el declive del país. Lo que de alguna manera constituye, según el análisis monetario, una ventaja exorbitante para Estados Unidos, es lo que ahora se plantea como una carga exorbitante.

Este asunto deriva en la consideración acerca de la pérdida del poder manufacturero del país, punto clave del plan que se impulsa. Aquí es donde el papel del dólar como reserva monetaria internacional entra en juego. Los excedentes de exportación de otros países se convierten en entradas de dólares en sus bancos centrales, que los mantienen por su carácter de reserva internacional. Esta situación previene el ajuste del valor de dólar respecto a otras monedas; dicho de otro modo, queda sobrevaluado, lo que abarata relativamente las importaciones y, así, agranda el déficit comercial (la diferencia entre las exportaciones y las importaciones).

De ahí se desprende el hecho de que las reservas de dólares que se atesoran en los otros países se invierten en bonos del Tesoro estadunidense. Esto genera una renta financiera considerable y, por otra parte, la acumulación de la deuda en Estados Unidos, que no es deuda externa, pues se denomina en la misma moneda en que se paga, o sea, el dólar.

Este es otro rasgo de excepcionalidad de la situación que se está discutiendo. La conclusión que se desprende es que la producción manufacturera ha declinado por las importaciones baratas, lo que repercute adversamente sobre la situación de los trabajadores y sus comunidades. Se apunta, correctamente, que esta es una forma de excepcionalidad que permite financiar un gran déficit comercial y fiscal, pero al mismo tiempo crea condiciones de privilegio para Estados Unidos y medios de coerción que pueden usarse contra sus acreedores.

Hay, pues, una presión constante derivada del hecho de que mientras la producción industrial se reduce en términos relativos, la demanda mundial de dólares crece más rápido que los ingresos generados internamente. De tal suerte, el dólar tiene que apreciarse cada vez más para sostener la necesidad de reservas del resto del mundo. Conforme al diagnóstico que marca hoy la política comercial, el límite se aproxima en la medida en que crecen los llamados déficits gemelos de Estados Unidos, mientras se aproxima el límite del apetito de los acreedores por el riesgo de la deuda en dólares, condiciones que podrían provocar una severa crisis.

Estas serían las bases de la recomposición del sistema internacional que se ha propuesto el gobierno de Estados Unidos y que está en curso ya con las medidas restrictivas a la importación mediante las tarifas.

El punto es, entonces, conseguir abaratar el dólar frente a otras monedas y al mismo tiempo sostenerlo como una moneda de reserva mundial, con el añadido de un entorno de más bajas tasas de interés de los bonos de la deuda. Dicho de otro modo, se trata de mantener la hegemonía del dólar con menor costo de la deuda. Una vez más, el instrumento para provocar esta situación, ante la resistencia de otros países, es imponer las tarifas. Con ellas se intenta provocar que los bancos centrales involucrados bajen sus tasas de interés como medida compensatoria del impacto de los aranceles. La consiguiente depreciación de esas monedas frente al dólar compensaría a su vez el aumento de los precios en Estados Unidos.

La articulación de esta serie de acciones es parte del proceso de ajuste económico global que está en curso y de los conflictos que provoca. Hay una clara intención en este plan que es, ciertamente, riesgosa. No debe olvidarse que el mapa no es igual al territorio.