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Marco Rubio y el balotaje en Ecuador
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or su importancia geoestratégica Ecuador se ha convertido en un enclave de la política militarista de Estados Unidos (EU) en América del Sur. Por eso, el balotaje del domingo 13 de abril entre el actual mandatario ecuatoriano, Daniel Noboa, y la opositora Luisa González, adquiere una dimensión particular para la administración Trump. Tras el empate técnico en los comicios de febrero, Noboa, quien este fin de semana se entrevistó con Trump en Mar-a-Lago, podría perder su relección ante la representante socialdemócrata, quien recibió, ahora, el apoyo del sector indígena y campesino liderado por Leónidas Iza, que obtuvo 5 por ciento de los votos en la primera vuelta. Pero debido a factores geopolíticos y fácticos que forman parte de la estructura de poder detrás del gobierno de Noboa −incluidos el sionismo israelí y la embajada de EU−, la institucionalidad ecuatoriana podría torcerse y generar un fraude.

La elección presidencial en Ecuador será la primera en América del Sur tras la llegada de Trump a la Casa Blanca. Representa la primera prueba de fuego para la cruzada antizquierdista del secretario de Estado, Marco Rubio, quien como senador republicano estuvo directamente involucrado con las operaciones encubiertas del Comando Sur del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el área andina-caribeña, en conexión con sectores de la ultraderecha de Colombia, Venezuela, Cuba y Ecuador.

En situación similar a la que enfrenta hoy Ecuador: el balotaje del 11 de abril de 2021 entre el entonces candidato del correísmo, Andrés Arauz, y el banquero Guillermo Lasso, en una alianza operacional con la inteligencia militar colombiana, el Comando Sur y la CIA desempolvaron la operación Charlie-Odín Shot, que un año antes, de cara a las elecciones entre Joe Biden y Donald Trump en EU, había sido modificada teniendo como blancos centrales los gobiernos de Cuba y Venezuela.

Fechado el 5 de octubre de 2020, el plan, que buscaba blindar al gobierno de Iván Duque, en Colombia, ante el auge de las movilizaciones populares, urdió usar la ubicación de Andrés Felipe Vanegas Londoño, alias Uriel, tercer comandante del frente de guerra occidental del Ejército de Liberación Nacional (ELN), para generar un impacto político-mediático positivo ante el Departamento de Estado. El documento recomendaba usar el canal del entonces embajador de Colombia en Washington y del representante JD Vélez, con Rubio y legisladores republicanos de origen cubano en Florida, con la finalidad de retomar acuerdos no avanzados y adelantar la acción Charlie-Odín Shot.

El plan ponía énfasis en resaltar la relación de la embajada cubana en Bogotá con miembros del ELN, y buscaba establecer una matriz de opinión que indicara que las manifestaciones violentas eran coordinadas por el Movimiento Colombiano de Solidaridad con Cuba y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). La estrategia anticipaba utilizar archivos sembrados en computadores de Vanegas Londoño, que serían enviados a la fiscalía colombiana e Interpol, para vincular de manera directa a los colombianos que apoyaban a las casas de solidaridad con Cuba. Veinte días después, Uriel fue abatido en el Chocó en el marco de la operación Odín.

Lo curioso del caso es que, luego de que Arauz había ganado en la primera vuelta de los comicios presidenciales del 7 de febrero de 2021 en Ecuador, con 32.72 por ciento de los votos, frente a Guillermo Lasso (19.74) y Yaku Pérez (19.38), cinco días después llegaba a Quito el fiscal general de Colombia, Francisco Barbosa, para entregar a su par ecuatoriana, Diana Salazar, información hallada en computadores del jefe del ELN, que señalaría un presunto financiamiento de la guerrilla a la campaña de Arauz.

Como resaltó entonces el portal estadunidense The Grayzone, tras la victoria de Arauz en la primera vuelta, el Departamento de Estado, la Organización de Estados Americanos (OEA) y el gobierno derechista de Colombia intentaban obstaculizar su triunfo en el balotaje. Lo curioso de la trama, también, es que Rubio era parte de la desestabilización de las elecciones en Ecuador, y que Cuba y Venezuela seguían siendo objetivos y blancos estratégicos del Pentágono y la CIA.

Finalmente ganó el banquero Lasso, quien continúo la entrega de la soberanía ecuatoriana a EU iniciada por el tránsfuga Lenín Moreno bajo el ala de la ex jefa del Comando Sur, generala Laura Richardson. Desde entonces, incluido el posterior gobierno de Daniel Noboa −nacido en Miami, Florida, miembro de una rica familia ecuatoriana dueña de uno de los principales emporios del país evaluado en 1.2 mil millones de dólares y educado en las universidades de Nueva York, Harvard y George Washington−, EU ha logrado que sus aviones de vigilancia naval P-3 Orion operen desde las bases aéreas de Simón Bolívar y el aeropuerto de la Isla San Cristóbal, en el archipiélago de las Islas Galápagos, bajo la socorrida excusa de combatir el narcotráfico. El general Oswaldo Jarrín, ex ministro de Defensa ecuatoriano, dijo entonces que Galápagos es un portaviones natural, en un tácito reconocimiento de la inserción de Ecuador en la proyección estratégica militar del Pentágono en el océano Pacífico.

La militarización de las Galápagos y la eventual reapertura de la Base de Manta a las fuerzas especiales del Comando Sur −que según CNN formaba parte del paquete de ofertas entreguistas de Noboa a la administración Trump este fin de semana, lo que fue avalado por el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, James Hewitt−, son componentes de la disputa geopolítica de EU con China, cuyo presidente, Xi Jinping, inauguró en noviembre de 2024 el megapuerto inteligente y centro logístico de Chancay (el primero en Sudamérica), con proyección potencial hacia Brasil por vía férrea, y que será un objetivo de la hoja de ruta de la guerra comercial de Trump junto con el canal de Panamá.

Así, habrá que ver si de aquí al 13 de abril, fecha del balotaje en Ecuador, la diplomacia de guerra de Marco Rubio, en colusión con el Pentágono, la CIA y el sionismo israelí, no hacen gala de su panoplia de trucos sucios para impedir la victoria de la candidata de la alianza Revolución Ciudadana/Pachakutik/Conaie, Luisa González, sobre el protegido de Trump, Daniel Noboa.