a presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, Julio Berdegué, informaron que este año el gobierno federal invertirá 54 mil millones de pesos para aumentar la soberanía y la autosuficiencia alimentaria, objetivos que conforman el primer punto del fortalecimiento del Plan México presentado el jueves.
Este esfuerzo se desplegará a través de una multitud de iniciativas como Cosechando Soberanía, Alimentación para el Bienestar, Liconsa, Fertilizantes para el Bienestar, Producción para el Bienestar y Productora de Semillas del Bienestar. La primera canalizará créditos a 300 mil pequeños y medianos productores con una tasa de interés de 9 por ciento (menos de la mitad de lo que suelen cobrar los bancos), y se espera que para 2030 llegue a 750 mil beneficiarios. Los créditos tendrán cobertura en caso de imprevistos climáticos y se otorgarán junto a acompañamiento técnico agrícola, investigación y sanidad animal y vegetal, semilla de alta calidad, así como garantías de acceso a un mercado justo, aspecto imprescindible para paliar la pobreza rural acentuada por los grandes márgenes de ganancia de los intermediarios. Fertilizantes para el Bienestar y Producción para el Bienestar llegarán a alrededor de 2 millones de pequeños productores.
En conjunto, estas instituciones y programas buscan aumentar la producción de maíz blanco, frijol, arroz y leche hasta revertir el estancamiento y los retrocesos padecidos durante el periodo neoliberal. Para el maíz blanco, semilla que constituye la base de la dieta mexicana, el objetivo es alcanzar el cien por ciento de autosuficiencia con un millón 200 mil toneladas, 17 por ciento más de lo que se produce hoy. Debe recordarse que, mediante una reforma constitucional presentada por la mandataria, este grano ya se encuentra protegido del empuje de las trasnacionales que buscan remplazar los maíces nativos con semillas transgénicas cuyo impacto en la salud sigue siendo objeto de controversia.
Lo que es incontrovertible es que el herbicida más empleado en los cultivos transgénicos es un cancerígeno prohibido en muchos países y por el cual su propietaria ha debido pagar miles de millones de dólares en indemnizaciones. Asimismo, está comprobado que el régimen de monocultivo en que se siembran todos los transgénicos por motivos de rentabilidad, aunado a los plaguicidas y herbicidas, es causante de una caída catastrófica en la biodiversidad, al aniquilar a las especies vegetales nativas y a toda la cadena alimentaria dependiente de ellas.
La autosuficiencia y la soberanía alimentaria son metas irrenunciables para garantizar el acceso a los nutrientes como un derecho humano y no como una mercancía dependiente de los vaivenes de los mercados internacionales, que responden únicamente a la búsqueda de ganancias. Asimismo, constituyen pilares de cualquier esfuerzo de combate del cambio climático y de resiliencia ante sus efectos, y cobran una importancia máxima incluso en momentos en que nuestro principal socio comercial, que es también el origen de la mayor parte de nuestras importaciones agrícolas, ha emprendido una guerra arancelaria que aumentará los precios y trastocará las cadenas de suministro.
Por todo lo anterior, es de saludarse el lanzamiento de una nueva serie de medidas de apoyo al campo con énfasis en los productores marginados, y cabe esperar que se implemente con éxito para bien de todos los mexicanos.