Acceso a la infancia de Marcel Proust
fuerza de cubrirlo y a veces convertirlo en signo de distinción social, de buen gusto literario, de congresos y publicaciones científicas, ahora Marcel Proust, el autor de una obra tan compleja como es En busca del tiempo perdido, cuenta ya con un lugar accesible a su existencia.
Se trata del Museo-Casa de Tante Léonie Marcel Proust, en Illiers-Combray, población ubicada a 115 kilómetros de París, donde pasó su infancia el escritor, el cual fue restaurado al estilo de su época, así como su alrededor. Los trabajos duraron dos años y costaron 4. 2 millones de dólares aportados por el Estado.
Los expertos en remodelación destacan la forma tan acertada de restaurar la mansión de la familia Proust, especialmente las habitaciones que ocupaban el escritor, su madre y su tía. De su residencia parisina se trajeron algunos muebles valiosos.
Todo el pueblo recuerda al escritor, comenzando por la estatua ubicada en la plaza principal, que lo muestra cuando era niño.
Y aunque el gran autor sólo iba allí sobre todo durante vacaciones, cuando tenía entre 6 y 9 años, Illiers ocupa un lugar preponderante en su vida posterior. Proust acumuló allí sensaciones, como otros tantos recuerdos que formarían la base de su obra.
Por eso esta residencia no es la casa de un escritor como las demás, levantada en la frontera porosa de la realidad y la ficción, de modo que el lector no podrá saber realmente qué hay en la novela y en la realidad.
Además de restaurar al estilo de su época la casa de los recuerdos de infancia de Proust, se amplió a un edificio contiguo adquirido con el objeto de establecer en él un vasto espacio que hoy es el nuevo museo que lleva su nombre.
En él se detalla la historia del escritor y su época, enriquecida con las colecciones de la Sociedad de Amigos de Marcel Proust y de colecciones privadas.
En un despliegue multimedia y de museografía contemporánea se exhibe una magnífica vista de la ciudad de Dieppe, obra de Jacques-Émile Blanche. También un retrato del pintor Paul Helleu, obra del italiano Giovanni Boldini. Además, fotografías de Nadar y otros consagrados.
Al fin, los niños y los estudiosos tienen un acceso más real al famoso escritor.