uando vinieron por los venezolanos guardé silencio porque no era venezolano.
Luego vinieron por los palestinos, pero guardé silencio porque no era palestino.
Luego vinieron por los empleados del Estado, pero guardé silencio porque no era empleado del Estado.
Luego vinieron por las personas gay y trans, pero guardé silencio porque no era ni gay ni trans.
Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre.
Actualizar las palabras del pastor luterano Martin Niemöller sobre el régimen nazi ayuda a explicar la situación en Estados Unidos bajo Donald Trump y la rapidez del colapso de la nación indispensable
en un régimen autoritario. Los primeros blancos de sus ataques han sido migrantes, en particular venezolanos y estudiantes palestinos. Las acciones contra estos grupos revelan los vínculos que existen entre la política interna de criminalizar migrantes y crear chivos expiatorios con la política exterior de sancionar a Venezuela y destruir a Palestina. La estrategia de la administración de Trump, en contraste con la nazi, que operó paso a paso, grupo por grupo, es más tenaz, ya que ataca a todos los grupos e instituciones al mismo tiempo.
Trump lleva a cabo ataques sistemáticos, casi diarios, contra múltiples sectores de la sociedad, con la intención de fracturar la colectividad, revertir los derechos civiles y de género obtenidos en los años 60, así como desmantelar las instituciones del Estado establecido en los años 30 que pudieran ofrecer la más mínima resistencia. El otro sector bajo ataque son las universidades, donde, según el vicepresidente JD Vance, los profesores son nuestros enemigos. Hay que atacar las universidades.
Más de 60 han recibido notificación de que están bajo investigación, mientras se eliminan los fondos con los que hacen investigaciones. Diariamente, bajo el liderazgo de Elon Musk, miles de empleados públicos son despedidos. Hasta el USAID y la Voz de América, viejos promotores de la guerra fría han sido desmantelados.
En una supresión sin precedente, los logros de las personas de color, de las mujeres y de la comunidad LGBTQ, y con la intención de exaltar una masculinidad anglosajona, las instituciones del Estado –el Pentágono en particular– han removido de sus páginas de Internet a los soldados navajo que alzaron la bandera en Iowa Jima durante la Segunda Guerra Mundial, al ex militar y primer beisbolista afroestadunidense de las ligas mayores Jackie Robinson, y hasta varios generales afroestadunidenses, incluido Colin Powell, el antiguo presidente del Estado Mayor Conjunto. También han eliminado mujeres que habían alcanzado el rango de general, igual que varios militares gay y trans.
Trump ataca a grupos identificados como parte de la llamada guerra cultural
que han fomentado los conservadores por varias décadas. Los migrantes son criminalizados y calificados como parte de un ejército invasor; los trabajadores del Estado, una burocracia ineficiente; los palestinos de terroristas; la diversidad étnica, factor que divide a la sociedad, y los gays supuestamente socavan la familia patriarca tradicional. En este contexto, Trump se representa como redentor, proclamando que fue escogido por Dios para liberar a Estados Unidos.
El objetivo de esta campaña es centralizar todo el poder político en la persona de Trump, elevando su papel al de figura suprema, el único árbitro en la sociedad con poder sobre todas las ramas del gobierno incluso sobre la Corte Suprema. Por eso todos los cambios implementados desde que asumió la presidencia (con excepción del presupuesto), han venido vía la acción Ejecutiva; el congreso no ha aprobado ninguna ley. El otro factor ha sido el control absoluto sobre el aparato represivo del Estado, en el que han instalado a individuos leales como directores de FBI, CIA y Seguridad Nacional. A diario se utiliza la inteligencia artificial para rastrear teléfonos y computadoras de personas que critican a Trump. A quienes desean ingresar al país se les graba el teléfono, a otros se les niega entrada.
Detrás de esta cortina de humo está una clase tecnoburguesa, cuyo propósito es monopolizar la economía y privatizar todos los servicios públicos. Cuando Trump desmantela los departamentos de Educación, de Trabajo, la Comisión Federal de Comercio o la oficina de Correos abre la puerta al saqueo de las principales instituciones del país.
Al derribar las alianzas militares de la posguerra y el sistema mundial de tratados, la represión doméstica de Trump confirma que busca un cambio profundo para Estados Unidos y el mundo, un neomercantilismo autoritario. Aunque hemos criticado al sistema neoliberal mundial y a las hipocresías de la ideológica estadunidense, jamás esperábamos que el futuro fuera el retorno del fascismo del siglo XX y del expansionismo del siglo XIX. Aunque varios académicos critican estos hechos, especialmente expertos en la política e historia del autoritarismo, los líderes de las universidades, los directores de los grandes bufetes de abogados y los dueños del medio han dado el brazo a torcer ante las demandas de Trump. A su vez, el presidente disfruta de su dominación y busca vengarse de quienes lo critican.
Con excepción del senador Bernie Sanders, la congresista Alexandra Ocasio Cortez y algunos otros pocos que impulsan una campaña contra la oligarquía,
el partido demócrata brilla por su ausencia. Aunque grupos que apoyan a los trabajadores gubernamentales, estudiantes en comunidades migrantes y palestinos, así como los activistas anti Musk han comenzado a resistir, aún no surge una resistencia nacional. Por ahora, la estupidez e incompetencia de la mayoría del gabinete de Trump, que aplica leyes incorrectamente, no entiende los sistemas digitales del gobierno y no comprende las normas del sistema federal han sido su principal obstáculo. La locura de los dirigentes de la seguridad nacional al incluir un reportero en sus deliberaciones sobre el bombardeo de los hutíes sintetiza el segundo gobierno de Trump, una mezcla de lo absurdo, la incompetencia, la brutalidad, la represión, y el desastre.
*Profesores eméritos del Departamento de Historia de Pomona College.