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Historias judiciales

El 7 de marzo de 2022 le cambió la vida para siempre

Sentí que me moría, dice Aldo al recordar la explosión en su cara

La empresa Aptiv se niega a pagarle indemnización // Nylon a temperatura de 315 grados le afectó el sistema respiratorio, ojos, oídos y espalda

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▲ “Toda la relación con mi familia cambió; ya no quiero ni verme, dice Aldo Alonso Pámenes Rangel a este diario.Foto La Jornada
 
Periódico La Jornada
Domingo 23 de marzo de 2025, p. 10

Sentí que moría, dice Aldo Alonso Pámenes Rangel, al recordar la explosión de la máquina de inyección de nylon en su rostro, a una temperatura de 315 grados centígrados, en la planta Río Bravo Eléctricos, del grupo empresarial Aptiv de Ciudad Juárez, Chihuahua, donde trabajaba.

Era técnico de mantenimiento y el 7 de marzo de 2023 sufrió quemaduras de segundo y tercer grados. Sobrevivió de milagro, pero por una negligencia de la empresa se vio afectado todo su sistema respiratorio, ojos, frente, oídos, nariz y espalda.

Ese día, llegó a las 6 de la mañana y revisó la máquina número 107 porque estaba tapada. Se puso los lentes, la careta y las mangas de protección. Pero Aptiv no ofrecía mejores medidas de seguridad industrial a sus trabajadores, como una capucha aluminizada con grueso cristal que suelen usarse en estos casos.

A continuación, subió a la máquina para intentar quitar el tapón, pero fue imposible; al momento de disponerse a bajar, la explosión le estalló en la cara con plástico negro hirviendo; intentó cubrirse dando la espalda y también sufrió graves quemaduras.

No podía ver ni respirar. Perdí la vista, el plástico me cubrió toda la cara; la protección que llevaba se quebró, los lentes quedaron impregnados del plástico; mi cara se quemó, en especial mi nariz, boca, ojos, orejas, las manos y una parte de la espalda. Grité y como pude me bajé de la máquina, dice Aldo Alonso en entrevista con La Jornada.

Recuperación dolorosa

Han pasado dos años del accidente que cambió su vida y Aldo Alonso no ha logrado normalizar su rutina diaria. De ser un hombre deportista, ahora invierte su tiempo y dinero en los tratamientos de recuperación, cirugías plásticas de reconstrucción facial y distintos especialistas médicos que le devuelvan un nivel óptimo de respiración y vista.

A la negligencia y violación de las normas industriales se unió después el rechazo de la empresa a costear todos sus tratamientos, medicinas y cirugías. Por eso, Aldo Alonso decidió demandar a los dueños por 50 millones de pesos, en el juzgado tercero civil del distrito judicial Bravos, con el expediente 1212/24.

Hay una responsabilidad civil, porque falló. La norma industrial mexicana indica que se debe desconectar la máquina antes de realizar cualquier tipo de mantenimiento, dice su defensor, Joel Vélez Rentería, del despacho Lex Iusta Abogados.

Por su parte, Aptiv ha indicado en su respuesta de demanda que hubo supuesta incompetencia, argumentando que este caso debe resolverse por la vía laboral, como si simplemente fuera un accidente de trabajo: “la empresa dice que ya pagó los gastos médicos de Aldo. Nosotros no la demandamos para que cubra todos sus gastos médicos mediante el IMSS, porque esa es su obligación, es lo básico. La estamos demandando por daño moral.

La legislación laboral no cubre el daño moral, por eso llevamos esta demanda en la vía civil. Obviamente, la vida de Aldo Alonso dio un giro total; cambió con su familia, en su percepción; cambió la forma en la que él se ve a sí mismo, en la que los demás lo ven. Todo esto influye en su calidad de vida. Esto es lo que se debate en el juicio, señala su defensor.

Aptiv es un grupo de empresas, y la demandada es Río Bravo Eléctricos Sociedad de Responsabilidad Limitada de Capital Variable, pero a la hora de contestar la demanda intentó evadirla, asegurando que no era la responsable: la firma dice que los 50 millones de pesos son una cantidad excesiva, sin embargo, no se puede contabilizar el perjuicio que le han ocasionado. El daño moral es incuantificable.

Explica que la empresa también ha utilizado el recurso de daño recíproco, señalando que también sufrió daños la máquina que explotó: es un argumento burdo e insultante para el trabajador que fue víctima de su negligencia. Están diciendo: a ti se te dañó el rostro y tu vida, y a nosotros nuestra máquina, y así la dejamos porque ambos sufrimos daños. Es muy frívola su respuesta, porque intentan echarle la culpa al trabajador. El estrés postraumático dura mucho, casi toda la vida.

Recuento

Aldo Alonso intenta reconstruir no sólo su rostro, sino también su vida. Las secuelas de las quemaduras continúan siendo sumamente dolorosas y los tratamientos lentos, costosos y complicados.

Desde el punto de vista estético, ha tenido que recurrir al sicólogo para atender las consecuencias físicas y emocionales. Está casado y tiene dos hijos que lo apoyan: me veo en el espejo y no me reconozco. Es más, ya no quiero ni verme. Siento como si no fuera yo, dice sin poder contener el llanto.

Sus relaciones familiares se han visto afectadas, en especial con su esposa: mi situación sentimental está muy afectada; debido a mi apariencia física no me siento seguro.

Dice que los cambios afectan su vida familiar: yo tenía una estrecha relación con mi hijo menor, pero a raíz del accidente y derivado de que ya no pude llevarlo a sus partidos de futbol empezó a separarse de mí, así como si sintiera vergüenza con sus amigos por mi rostro.

Igualmente en el caso de su hija, que se tuvo que posponer la celebración de sus 15 años, pero sintiendo gran dificultad para enfrentar la nueva situación de su padre, a tal punto de que evitaba verlo: está reacción no sólo es dolorosa para mí como padre, sino que también ha creado una barrera emocional entre nosotros. Todo se ha visto alterado, especialmente la normalidad y la felicidad de nuestra familia.

A raíz de la explosión tiene presión alta, ansiedad y depresión. Sufre insomnio: “mi vida cambió mucho en todo. Ya no puedo salir durante el día porque el sol me afecta y existe el riesgo de cáncer de piel. Es muy difícil; por ejemplo, dejé de ver a mis hijos jugar sus partidos.

Me hace daño la luz blanca, tengo que usar lentes oscuros, se me secan muy rápido los ojos y debo dormir con antifaz y humectarme constantemente los ojos con gotas. Antes era deportista, pero ya no puedo por la dificultad en mi respiración, porque mi nariz quedó muy mal.

Aldo Alonso recuerda el día del siniestro como un hecho traumático. Para poder atenderlo lo intubaron durante cuatro días: llegué un martes y desperté el sábado. Me desperté sin ver; tenía vendas. Cada día me limpiaban toda la cara para que no se me hiciera cicatriz gruesa. Así duré dos semanas en el hospital. Mi esposa es enfermera y me sacó un plástico muy grande del ojo que ni me habían retirado. Me dolía mucho. Luego me dieron de alta y me cuidaron en la casa durante algunos meses.

Sus primeras cirugías fueron de párpados y de nariz, porque no podía respirar debido a la cicatriz: me quitaron piel de atrás de las orejas y un poco de cartílago para ponérmelo en la nariz y en los párpados. Luego fue necesaria otra operación de la nariz porque sigo sin respirar de manera normal por una oclusión. El cartílago en la nariz no me sirvió, batallo para respirar y sólo puedo dormir de un lado. Las quemaduras me deshicieron el labio. Ahora es como si tuviera el labio leporino. Siempre traigo la boca abierta para poder respirar.

Posteriormente fue necesario un tratamiento durante un año para ablandar las cicatrices de la cara, pero la empresa no quiso pagarlo: argumentó que ellos sólo pagaban con tarjeta y el doctor quería efectivo. También se negaron a hacer transferencia bancaria, pero necesito un tratamiento para suavizar las cicatrices y que me liberen el labio de la nariz, porque lo sigo teniendo pegado, y quitarme unas cicatrices en la frente y el hombro.

Reconoce que Aptiv tuvo una respuesta inmediata al siniestro que le cambió la vida: el problema fue cuando le empezamos a pedir para las cirugías; batallamos para que pagaran, ya no querían, y tampoco para las medicinas y tratamientos.

Responsabilidades y obligaciones

Aldo Alonso muestra las pruebas de lo sucedido. Sus fotos anteriores a la explosión y las actuales reflejan un drástico cambio de rostro. También exhibe las fotos del equipo de supuesta protección que quedó destruido: mi estima está por los suelos y me siento menospreciado por la sociedad debido a mi aspecto.

Lamenta que la empresa no haya estado a la altura. Su tratamiento inmediato requiere 150 mil pesos que no tiene. Dice que los directivos le mandaron un mensaje: me dijeron que los altos mandos ya no quieren pagar nada, los jefes de más arriba

El mensaje fue: hicimos hasta donde pudimos, hasta donde era necesario y lo demás corre por tu cuenta. Señala que eso le parece mal, “me quedé en shock, sobre todo por ellos; me veían ir a dejar las incapacidades. Con el tratamiento del cirujano plástico igual, no quisieron pagar. Y por falta de recursos no he podido seguir con las operaciones. Tampoco han pagado los medicamentos, en los que he gastado mucho”.

Aldo Alonso sigue trabajando en Aptiv, ahora en una área de servicios. Dice que como represalia ya no le dan tiempo extra: ya no puedo laborar en lo que me apasiona y proveer financieramente a mi familia, por eso pido justicia. Quiero una reparación del daño que sufrí y sigo sufriendo. Quiero volver a ser el mismo, quiero estar como estaba antes.