México D.F. Domingo 4 de mayo de 2003
Más de mil albañiles participaron
en la celebración
En el distribuidor vial de San Antonio, la fiesta más
grande de la Santa Cruz
Agradecen trabajadores estar es la obra realizada por
Gutsa e impulsada por el GDF
MIRNA SERVIN Y ALMA MUÑOZ
Cientos de hombres en silencio, con las manos unidas en
lo alto frente a una cruz. Son más de mil trabajadores de la construcción
que oraron bajo un puente del distribuidor vial de San Antonio en el Día
de la Santa Cruz.
No es la primera vez que cada uno de ellos festeja su
día, pero sí es la celebración más grande que
hayan tenido dentro de una construcción: casi un centenar de mesas,
hileras de cazuelas con guisados, decenas de huacales con tortillas, más
de cuatro horas de música norteña y una plegaria masiva por
"la obtención de otra licitación".
Unos minutos después de la una de la tarde, el
templete para la misa estaba listo. Los albañiles cambiaron el casco
de protección por una gorra.
"Damos
gracias porque no ha habido muertos que lamentar en esta obra, a la empresa
Gusta por ganar la licitación que les dio a todos ustedes trabajo
y al jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, por la
obra", enumeraba el padre que ofició la misa.
Optimista, el sacerdote llamó a desoír las
críticas contra la obra, porque "cuando uno hace bien, a todos inconforma.
Si le ayudan a su mujer con las bolsas del mandado, ¿qué
les dicen?", preguntó a su público, que en coro respondió:
"¡Mandilones!" Ese es el ejemplo, dijo, de que "nunca dejamos a gusto
a nadie".
Luego de pasar las jícaras anaranjadas de plástico
para recoger el óbolo, levantar las manos y desearse la paz, los
albañiles, veladores, carpinteros, varilleros y el resto de trabajadores
que terminan el distribuidor ocuparon rápidamente las casi 50 mesas
donde -entre rechiflas por la tardanza- esperaron el hígado en salsa
verde, pollo con mole, rellena, arroz y frijoles. Las cervezas fueron sólo
para los amotinados junto a las tinas, pues cien cartones no les dieron
ni para una por cabeza.
Don Ermilo no alcanzó bebida ni lugar y en la orilla
de una trabe espera turno para llenar el plato de Unisel que le dieron
en otra fila. Tiene 56 años y vino desde hace tres meses de Guerrero
a trabajar. Cuando se acabe esto, cuenta, "me voy a Acapulco a trabajar".
La cruz quedó puesta en lo más alto de la
obra "para que nos proteja". La música norteña comenzó
a sonar para una jornada programada de tres horas de baile, pero la mayoría,
tras comer, sólo esperó la camioneta de valores con la raya
de la semana, porque, dicen, no hay con quién bailar ni que tomar.
Otra megafiesta en el estadio Azul
No muy lejos del distribuidor vial, una combinación
de pasión deportiva, fervor religioso y publicidad de cemento se
dio ayer en el estadio Azul, cuando más de 20 mil albañiles
festejaron el Día de la Santa Cruz, portando playeras y gorras de
la Cooperativa Cruz Azul, dueña del equipo de futbol y fabricante
del producto que muchos emplean en la construcción.
Guillermo Billy Alvarez, presidente de la escuadra
de primera división, se cuidó, en conferencia de prensa,
de aclarar que el festejo no tuvo un fin publicitario. Se trata, sostuvo,
de preservar la celebración que tradicionalmente se lleva a cabo
desde hace más de 60 años en sus plantas industriales y,
desde hace más de cinco, en el recinto deportivo.
La cooperativa repartió tortas, refrescos, agua
y palanquetas de cacahuate a cada trabajador y acompañante, además
de indumentaria con el nombre de su equipo, y los hizo partícipes
de una misa y un baile amenizado por la banda El Recodo y Los Angeles Azules.
Desde las 10 de la mañana comenzaron a llegar los
albañiles, algunos acompañados de su esposa o hijos. Los
centros de distribución del cemento repartieron 32 mil boletos,
dos para cada festejado. No todos asistieron a la celebración. Unos
prefirieron vender sus pases en cien pesos cada uno, aunque la mayoría
se mostraron más interesados por los grupos que actuarían
y la posibilidad de que los jugadores del equipo se presentaran para saludarlos
desde la cancha, aunque esto último no sucedió, pero por
unas horas los albañiles se olvidaron de las construcciones y los
materiales de trabajo para festejar el Día de la Santa Cruz.
FESTEJO Y DEVOCION EN LA OBRA  Ser albañil es "como cargar una cruz todos los días", confiaron a La Jornada trabajadores de la construcción, que ayer celebraron en distintas formas el tradicional Día de la Santa Cruz. Aquí, en las obras del distribuidor vial San Antonio, donde se realizó la fiesta más grande FOTO JOSE CARLO GONZALEZ
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