°C -
|

La Jornada

Últimas noticias
Anuncio
Anuncio

Teuchitlán, “Auschwitz” y el problema de las analogías

29 de marzo de 2025 00:02

Las comparaciones −incluidas las históricas−, son una figura retórica que usamos diario para expresarnos, orientarnos y una parte integral del debate público. Como tales −cuando nos remiten a los conocidos acontecimientos en el pasado− pueden ayudarnos a entender mejor los acontecimientos en curso, estimular el pensamiento crítico, movilizarnos a la acción y alertar sobre los abusos de poder y defender a las víctimas de estos. Pero también, dada su subjetividad, politización y falta de verificabilidad −siendo solo interpretaciones, no hechos−, presentan deficiencias como su capacidad de difamar, incitar y desinformar ya que, entre otros, una vez arraigadas en la mente pública, “pueden volverse resistentes a cualquier intento de corrección” (Arno J. Mayer).

En este sentido el caso del narcorrancho Izaguirre en Teuchitlán que −desde que se dio la noticia del descubrimiento de unos crematorios improvisados allí por los colectivos de búsqueda (t.ly/-4TaH)− ha sido, sobre todo por la conmoción generada por las imágenes de cientos de zapatos, mochilas u otros artículos sin dueños, comparado a “Auschwitz” en la prensa nacional e internacional, se vislumbra, desde la teoría de las comparaciones históricas, como un caso “clínico” de su uso con todas sus ventajas y limitaciones. Y a la vez, de lo complicado de tratar de corregir y/o contrarrestar su proliferación (independientemente de la razón por ello).

Como vimos en la discusión pública de las últimas semanas, cuando hechas sin tomar en cuenta debidamente tanto las semejanzas como las diferencias (Marc Bloch), las comparaciones históricas gravitan hacia la simplificación y sirven como “atajos cognitivos” que distorsionan tanto el pasado como el presente: pocos comparatistas se han detenido por ejemplo a hablar del contexto y el funcionamiento particular de los campos de exterminio nazis (Vernichtungslager), limitándose a jugar solo en las emociones y la memoria moldeada por la industria cultural dominante.

Si bien de allí, insertándose en la principal función de este tipo de comparaciones −la “llamada de atención” (Hartmut von Sass)−, la analogía a “Auschwitz” en efecto logró acaparar oportunamente la atención a un grave, irresuelto y en buena parte ignorado problema de los desaparecidos (t.ly/bSnGi), pero la politización del tema −otra característica inherente de las comparaciones históricas (Gavriel D. Rosenfeld)−, pronto eclipsó y rigió toda la discusión.

Frente a los intentos de deslegitimar al gobierno con esta comparación por parte de sus detractores −y las contradenuncias de sus acólitos que todo era un “montaje”− la estrategia comunicacional gubernamental de eliminar de un imaginario colectivo la idea de la existencia de un “campo de exterminio” en Teuchitlán, se entendía ante todo por el afán de neutralizar las amenazas intervencionistas de la administración trumpista que calificó a los cárteles como “organizaciones terroristas”, entidades que ahora tenían también −supuestamente− su “Auschwitz” al otro lado de la frontera (t.ly/4Vsec).

Pero las primeras aseguraciones −la existencia de un “campo de adiestramiento” en el que se cometían asesinatos y se hallaron restos humanos, pero no de “exterminio” (t.ly/VuLlZ, t.ly/ZQbwM) y promesas de transparencia en la investigación (en efecto queda aún por determinar que fue lo que realmente ocurrió en Teuchitlán y cómo)− han sido puestos en duda por el desafortunado recorrido por el narcorrancho (t.ly/_GJ7H) y el propio historial gubernamental de neutralizar −igualmente por motivos políticos−, la investigación sobre los desaparecidos de Ayotzinapa (t.ly/wlkCy).

Por otro lado quedaron también al expuesto los límites del pensamiento analógico como “indignación moral” que puede movilizarnos, pero como guía es estéril: el análisis apasionado raramente conduce a acciones producentes ya que diagnosticar mal el problema −¿de veras es rancho Izaguirre un “Auschwitz”, la “nueva ‘zona de interés’” o el “universo sacado de los escritos de Primo Levi” como denunciaban algunos comparatistas?− lleva a malas políticas y malas soluciones.

En cambio puede resultar mucho más útil −siendo la utilidad precisamente la única manera de juzgar y “evaluar” las comparaciones históricas (Hartmut von Sass)− abrir un poco el “juego cognitivo” más allá del amarillismo, politiquería y un particular imaginario occidental de la Segunda Guerra Mundial en el que se insertaban y para el consumo del cual parecían servir (adrede o no) este tipo de analogías y pensar en otras referencias para entender mejor el presente.

La comparación a “Auschwitz” en efecto poco o nada ayuda a iluminar las características particulares de la necropolítica (Achille Mbembe) que impera desde hace dos décadas en México (t.ly/uGFwN) y la dinámica específica del “modelo desaparecedor” que funciona como un dispositivo del control poblacional −y existe gracias a la imparable colusión entre grupos criminales y diferentes niveles de gobierno− y del que el narcorrancho en cuestión, un eslabón en una cadena de reclutamiento forzoso de nuevos sicarios, jóvenes “desechables” y “matables” cuando no cumplían con los requisitos u ordenes, formaba parte.

Las deficiencias de las propias analogías históricas −expuestas aquí con creces− demuestran que debe ser posible hablar de la violencia en México y el problema de los desaparecidos (t.ly/ZJFqU) sin usar este tipo de comparaciones ya que algo puede ser horroroso sin ser necesariamente “un nuevo Auschwitz” ni “Holocausto” y sin menospreciar el dolor de las victimas ya que “si no hubo hornos de gas”, esto no significa que la realidad a la que llegó a simbolizar Teuchitlán no existe.



Jóvenes afromexicanas

Los estudiantes expresaron actitudes abiertas frente a la diversidad sexual y los derechos reproductivos

¿Y Myanmar, por qué?

¿Realmente le beneficia en algo a la economía de EU joder a un pobre país que lleva décadas sufriendo los peores gorilatos y que acaba de ser devastado por un terremoto?

Ernesto Che Guevara en el siglo XXI

La trascendencia de Guevara para el análisis de los actuales procesos de resistencia es su congruencia ética.
Anuncio