La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) divulgó ayer su informe de finanzas y deuda pública correspondiente a los dos primeros meses del año, en el cual se reflejan significativos logros en el manejo de las finanzas públicas. En materia de consolidación fiscal –definida por el Fondo Monetario Internacional como la reducción de los déficits mediante recortes del gasto o aumentos de los ingresos públicos–, en enero y febrero la Federación captó 4.8 por ciento más y gastó 17 por ciento menos en términos reales (ajustados por inflación) que en el mismo periodo de 2024, lo cual se tradujo en un ahorro de 220 mil 283 millones de pesos con respecto al gasto programado. Lo más positivo de estas cifras es que el grueso de la reducción (47 por ciento) se efectuó en los ramos administrativos, y también destaca que 78 por ciento de la deuda pública fue contratada a tasa fija y largo plazo, por lo que no está sujeta a volatilidad ni afectará a los objetivos prioritarios.
El reporte de la SHCP se da en un contexto de creciente incertidumbre e incluso temor entre los agentes de mercado a cuenta de la guerra arancelaria que se empeña en desatar el presidente Donald Trump. Como primer socio comercial de Estados Unidos, México se encuentra especialmente expuesto a las veleidades trumpianas, y esta exposición ya se refleja en indicadores como el tipo de cambio, la pérdida de empleos, la cautela de los inversionistas locales y foráneos, así como en los sucesivos recortes a los pronósticos de crecimiento del producto interno bruto, que en las últimas semanas apuntan casi con unanimidad a una recesión cuya profundidad y duración dependerán, en buena medida, de los caprichos del magnate.
En un escenario tan complicado, la responsabilidad de las autoridades hacendarias contribuye a dar tranquilidad en cuanto al manejo de las finanzas públicas y la capacidad del país para absorber choques externos sin caer en déficits incontrolables o devaluaciones catastróficas como las ocurridas en el pasado. De hecho, ni siquiera los observadores serios más hostiles con los gobiernos progresistas anticipan efectos extremos sobre la economía mexicana, pues tanto los indicadores macroeconómicos como la habilidad del gobierno federal en sus relaciones con la Casa Blanca han mitigado el impacto del caos económico creado por Trump. Con todo, la prudencia permanece como la línea de acción más recomendable ante la baja previsibilidad, y el reporte de la Secretaría de Hacienda muestra un firme compromiso con dicho plan.
A la par que se reconoce el esfuerzo por mantener finanzas públicas saludables, es necesario insistir en que la austeridad y las restricciones al gasto nunca deben hacerse a expensas de responsabilidades ineludibles del Estado, como la educación, la salud o la atención a los sectores más desfavorecidos. En tanto las prioridades se establezcan mediante criterios de sensibilidad social y garantía de los derechos humanos, no hay motivo para que la consolidación fiscal choque con el programa de la presidenta Claudia Sheinbaum, y cabe esperar que la SHCP de con un equilibrio virtuoso en la asignación de los recursos públicos.