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La National Gallery destaca la formación botánica de Velasco

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‘Pirámide del Sol en Teotihuacan’ (1878), obra incluida en la exposición ‘José María Velasco: Una visión de México’. Foto © Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura
27 de marzo de 2025 08:16

Londres. La National Gallery estrena el sábado José María Velasco: Una visión de México, la primera exposición monográfica en el Reino Unido dedicada a uno de los mayores artistas mexicanos del siglo XIX y que rompe con los esquemas del museo, el cual sólo conserva obra europea. Nacida por iniciativa del artista Dexter Dalwood y del curador del recinto británico, Daniel Sobrino, tras su paso por Londres viajará al Instituto de Arte de Minneapolis, donde se presentará del 27 de septiembre al 4 de enero de 2026.

La exposición está compuesta por sólo 28 obras que cuelgan en las paredes ocres de la Sala Sunley, que si bien abrazan una visión completa de la carrera de Velasco, incluyendo bocetos y dibujos, está pensada para mostrar a un artista polifacético más allá de sus airosos paisajes del valle de México, que se convirtieron en representaciones icónicas de la identidad nacional.

Se subrayan en cambio su formación como botánico y naturalista, así como sensible observador de su tiempo, destacando los primeros acentos de modernidad, capturando un México aún rural e históricamente estratificado antes de su definitiva transformación.

Es una exhibición temática que muestra el interés por la botánica que emerge desde sus primeras obras, como en Puente rústico en San Ángel (1862), donde la minuciosa representación de la naturaleza se mezcla con la presencia humana que desde entonces registra, si bien es apenas visible.

Velasco fue fundador de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, que bajo la influencia de su maestro Eugenio Landesio, como estudiante de la Academia de San Carlos, lo introdujo en las técnicas paisajísticas europeas, fomentando un enfoque científico de la pintura, integrando elementos de geología, botánica y topografía. Este enfoque lo acompañaría a lo largo de su producción.

Con excepción de algunos cuadros, como Bosque de Pacho, donde la naturaleza desbordante que cubre por completo la tela con plantas claramente identificables, los paisajes del artista son áridos y rocosos, lo cual con probabilidad romperá con los esquemas de los visitantes de un México tropical. En tal sentido, sobresale El cardón, adoptada como imagen promocional de la exposición, donde la figura minúscula de un campesino se repara bajo la sombra de la cactácea.

Retratos de rocas

Más allá de señalar el interés del artista por la naciente arqueología y de su conocimiento como dibujante del Museo Nacional en 1880, se destaca su interés por la geología, que demostró no sólo en la frecuente inserción de los volcanes en sus paisaje, pero de gran interés son dos imponentes retratos de rocas, investigaciones geológicas en sí mismas, donde su materialidad táctil y peso logra trascender la pura imagen del cuadro, penetrando sensorialmente en el observador.

Una gran aportación de la exposición está en la intención de romper con la idea sedimentada de un Velasco reticente a las influencias europeas, explorando sus conexiones internacionales más allá de las conocidas influencias de su mentor, el pintor italiano Eugenio Landesio, como de sus viajes a las exposiciones internacionales en París (1889) y Chicago (1893).

Si bien no se conocen sus tendencias políticas, Velasco no interesó a los liberales, en tanto su obra fue promovida durante el porfiriato como regalos a diplomáticos, incluyendo a un papa.

En la exposición en Londres se muestran obras que pertenecieron a uno de los mayores coleccionistas de la obra del paisajista, el farmacéutico Frantisek Kaska, que heredó al Museo Nacional de la República Checa, que incluyen una vista del Pico de Orizaba, entre los ocho cuadros que posee el museo y cuya historia hasta hace relativamente poco se desconocía.

El fusilamiento de Maximiliano en el cerro de las Campanas en junio de 1867, que causó conmoción y horror en Europa, fue inmortalizado épicamente por un grupo de pinturas de Édouard Manet, dividido en fragmentos que la Galería Nacional de Londres adquirió y que el público puede ir a visitar en la sala 41.

De este episodio, Velasco pintó una capilla en las afueras de Querétaro, construida en 1900 para conmemorar al emperador Maximiliano después de que Austria y México restablecieran relaciones diplomáticas. La versión origi-nal de esta obra fue entregada a una delegación austriaca que asistió a la inauguración de la capilla.

Desgraciadamente falta El puente curvo en la barranca de Metlac (1897), protagonizado por la irrupción en un paisaje tropical del tren, para mostrar el avance tecnológico de México, y que se piensa que tras una breve visita del artista a Londres pudo haber visto el famoso cuadro Lluvia, vapor y velocidad (1844), del artista inglés Joseph Mallord William Turner, también conservado en este museo y que el público puede visitar en la sala 40.

La última sección de la muestra está dedicada a su obra tardía, que tras un accidente que mermó su movilidad y sentido para entonces olvidado, disminuyó el formato de su obra al de una postal, a través de la cual indagaba escenas no realistas centradas en fenómenos naturales prácticamente sin contexto, como erupciones o estudios de nubes, pero sobre todo un fenómeno astronómico que presenció tres décadas antes del paso de un cometa y que realizó con el apoyo de bocetos, escribiendo en la parte inferior de la tela tomado de la realidad. En un cielo estrellado el cometa irrumpe con toda su fuerza, dejando un halo potente que ilumina un lago y las montañas pobladas al fondo.

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