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Política

2022-12-13 06:00

Precio del aromático, atado a la Bolsa de Valores de NY

Expendios tradicionales, donde preparan el tostado del grano de café.
Expendios tradicionales, donde preparan el tostado del grano de café. Foto Cristina Rodríguez
Periódico La Jornada
martes 13 de diciembre de 2022 , p. 3

Coatepec. Amás de 3 mil kilómetros de las tierras veracruzanas productoras de café se determinan los precios que recibirán por su trabajo los campesinos que hicieron posible el cultivo del grano. Los mercados financieros de Nueva York hacen con el aromático lo mismo que con cualquier cultivo o materia prima que es integrada en sus índices: especular con la oferta y demanda.

Desde 1882 el precio del café fue entregado a la Bolsa de Valores de Nueva York y en el margen, con mayor o menor incidencia dependiendo de su volumen de producción, quedaron las políticas de los diferentes países productores, que a esa incertidumbre ataron los ingresos de sus agricultores.

El año pasado los precios de los futuros de café se dispararon 76.42 por ciento. Ahora en 2022, al 1º de diciembre, reportaron una caída de 28.1 por ciento anual, sin que la baja llegue a los niveles previos a la pandemia. Los intermediarios castigan el pago a los campesinos cuando el grano baja de precio, pero no responden en la misma medida cuando viene un alza; lo usual es pagar por lo bajo, denuncian productores.

“El precio del café no es lo que era antes”, declara José Gervasio Partida Sedas, profesor investigador del Centro Regional Universitario de Oriente (CRUO), de la Universidad Autónoma Chapingo. “No es que el grano haya perdido el valor, sino que todo el mercado lo controlan las trasnacionales y se quedan con más de 80 por ciento del beneficio”.

Las alternativas son los mercados de nicho, mover el producto a través de una cadena de intermediarios mínimos para el consumo nacional. La otra son los sellos de Comercio Justo –un movimiento cuya iniciativa pionera, Max Havelaar, fue construida por Frans van der Hoff y Nico Roozen como una salida directa para el café producido en Tehuantepec, Oaxaca, hacia los mercados europeos–.

Para rodear la influencia de los intermediarios, algunos pequeños productores buscan recuperar una parte del precio de un producto –que se sabe devaluado por los mercados internacionales– a través de certificaciones y canales de venta directos, en especial con marcas o barras de especialidad que se han expandido en algunas ciudades del país.

Jorge Luis Martínez Marín es catador de café, levantó un laboratorio de cata y análisis físico en los alrededores de Teocelo para capacitar a productores sobre todos los procesos que tienen que ver con el aromático y hacer análisis de sus cosechas. Asegura que los reportes de calidad se han vuelto una herramienta de compraventa para lograr un precio más justo. Por muy barato permite vender al doble que con un coyote y, sobre todo, a un valor constante.

“El productor luego no sabe lo que tiene y vende su café a un coyote, el coyote también lo mezcla y lo lleva a otro coyote y así se va. Ese café que tenía potencial, de más de 90 puntos (en la escala de 100 que se usa para catar), ya se perdió. El productor ya lo vendió barato y tal vez si ese lote no se mezcló y llegó a manos de alguien que conoce y encuentra que es bueno, lo va a vender caro.”

Destaca que México se ha logrado consolidar como un productor de cafés de especialidad, y para un caficultor el que su grano se afiance en un concurso de excelencia es un vuelco para que pase de ser pagado en 1.6 dólares la libra (453 gramos) a 100 dólares, un incremento de 6 mil 150 por ciento. “Con un solo bulto que venda el productor hay una diferencia enorme”.

“Un café de origen de un pequeño productor, que no tiene marca y que lo vende en bolsa genérica, lo puede dar en 200 pesos por necesidad, hay gente que incluso lo da en 150 de una cosecha buena. El mismo café en la Ciudad de México lo pueden dar en 800 pesos”, refiere Martínez Marín.

Marcos Palestina, de San Miguel Tlapéxcatl, carga con el análisis de su producto en un fólder: 84.8 su puntaje, el cual lo avala como un café de especialidad. “Seguimos dependiendo en parte de los intermediarios y otra parte lo vendemos en molido”, explica el caficultor, aunque él y otros compañeros de su municipio, Cosautlán, buscan darle salida al pergamino con una marca de Monterrey.

“¿Es justo el precio que logran con los análisis de su café, o que los productores tengan que hacer todas esas certificaciones para buscar un mejor precio siendo que el grano y su proceso son los mismos?”, se consulta a Palestina. “Aunque no sea justo, no puede hacer nada el gobierno por el precio porque la mayor parte está en la bolsa (los mercados internacionales), y la mayor parte de la producción se va al extranjero”, zanja.

“No, no es justo, sabemos que nos ponen el pie, nos roban hasta con chanzas, pero no es de ahora. Sólo que antes algo alcanzaba lo que uno se ganaba para vivir”, dice a su vez Adalí Bucio, quien cultiva en la región de Acatepec, en Guerrero, y considera que no por dejar de certificar una producción ésta necesariamente es mala.

La alternativa entonces es hacerse de una mayor cantidad de proceso en la producción, ir eliminando a los intermediarios, para vender directamente en el mercado interno. Sumado a ello, Valente García, productor de Limones, también en Cosautlán, piensa que el precio del café producido orgánicamente aumentará “cuando cambie la mentalidad de quien lo consume y se valoren los alimentos limpios”.

En el centro de Coatepec se ubica Beneficiadora de Café Sustentable (Casú), de la que Darío Cadena Alarcón es ahora presidente. La sociedad de solidaridad social tiene integrado parte de ese mercado directo. “Tenemos a muchos productores que ya no dependen de los precios de la bolsa. Estamos en otro nicho de mercado, donde se están acercando a la especialidad, diferenciados, y a un precio más o menos (…) por lo menos el doble o hasta más del doble (que con intermediarios)”, sostiene el también caficultor de Naolinco.

El régimen de los mercados también pega a los grandes finqueros, cuyos apellidos se repiten como si se estuviera frente a la herencia hacendaria del café en la región. “Si para ellos que les tengo producciones altas es difícil, ¿de qué vive nuestro gremio de campo luchando contra todo?”, comenta Rubén Darío Morales, ingeniero agrónomo que está a cargo de varias fincas de productores de gran escala.

A las presiones sobre el sector se suma el poder de las grandes intermediarias, como AMSA, con el condicionamiento en la captación de café. “La chequera es muy filosa”, suelta el agrónomo.

Partida Sedas considera que las certificaciones no resuelven de fondo el problema del café, además de que también han sido cooptadas por las trasnacionales que mueven el mercado. “Se pusieron mucho de moda, precisamente para que se tomaran en cuenta estas cuestiones ambientales y sociales, sin embargo también las empresas tienen sus certificadoras y organismos de bonos, al grado de que ya tienen cierto desprestigio”.

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