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Política

2022-08-15 06:00

Nosotros ya no somos los mismos

Ashley Martínez, primera niña mexicana en descubrir un asteroide, es una de las mujeres que en fechas recientes han sido protagonistas de sucesos de relevancia nacional e internacional.
Ashley Martínez, primera niña mexicana en descubrir un asteroide, es una de las mujeres que en fechas recientes han sido protagonistas de sucesos de relevancia nacional e internacional. Foto cortesía de la Sociedad Astronómica Urania
Periódico La Jornada
lunes 15 de agosto de 2022 , p. 12

Ciertamente, a mí esto de la sexualidad originaria es uno de los muchos temas que no interrumpen mis insomnios. Sin embargo, no siempre fue así. En mis años rosas, que fueron los primeros 12 a 15, edad en la que empecé a enrojecerme, recibí un demoledor mazazo cuando uno de los habituales contertulios que copaban la cocina/fogón/comedor de mi hogar materno, comentó que estaba leyendo una biblia que establecía que no había nada que hiciera ver que el Supremo Hacedor fuera de sexo masculino. (Leer la Biblia en esos tiempos no era nada recomendable para los feligreses y menos para pubertos, repetía con insistencia la clerecía). Con esta atrevida declaración se armó enorme batahola hasta que, de atrás de una gigantesca cazuela de barro, intervino mi abuela con la autoridad que le daba ser quien distribuía la pitanza. Así, dijo, breve pero rotunda: “Pero qué cabrestos son: Si ustedes creen en Dios, pues’tonces, puede ser lo que quiera ser en cada momento y, si se le ocurre ser las dos cosas al mismo tiempo, ¿quién le va a decir que no?” Puedo jurar que mi inolvidable “ancestra” (esta feminización del término es por guardar coherencia con el tema) jamás leyó a santa Juliana de Norwich, anacoreta y escritora inglesa, nacida en 1342 que sostenía, “Dios es nuestro padre, pero también nuestra madre”. Ni tampoco leyó un catecismo católico que declaraba terminante: “Dios no es ni hombre ni mujer. Es Dios”. Finalmente, y para salir de este tema al que me metí por algo tan absurdo que ni me atrevo a decirlo, permítanme hacerles un bello obsequio, en merecida reciprocidad a su tolerancia y buena onda. ¡Vaya pues, este emotivo poema del inolvidable Mario Benedetti!: “¿Y si Dios fuera mujer?”

¿Y si Dios fuera mujer? / pregunta Juan sin inmutarse, / vaya, vaya, si Dios fuera mujer / es posible que agnósticos y ateos / no dijéramos no con la cabeza / y dijéramos sí con las entrañas. / Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez / para besar sus pies no de bronce, / su pubis no de piedra, / sus pechos no de mármol, / sus labios no de yeso. / Si Dios fuera mujer la abrazaríamos / para arrancarla de su lontananza / y no habría que jurar / hasta que la muerte nos separe / ya que sería inmortal por antonomasia / y en vez de transmitirnos sida o pánico / nos contagiaría su inmortalidad. / Si Dios fuera mujer no se instalaría / lejana en el reino de los cielos, /sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno, / con sus brazos no cerrados, / su rosa no de plástico / y su amor no de ángeles. / Ay Dios mío, Dios mío / si hasta siempre y desde siempre / fueras una mujer /qué lindo escándalo sería, /qué venturosa, espléndida, imposible, / prodigiosa blasfemia.

Esta columneta se concibió como un reconocimiento a tres mujeres, más bien dicho, mujercitas. Y el calificativo no es por supuesto ni peyorativo ni discriminatorio. Es, por el contrario, cariñoso, apapachador, de asombro y admiración. ¿Y, por qué? Estas tres mozalbetas irrumpieron en terrenos vedados, prohibidos para su edad y, sobre todo, su sexo. Profanaron ámbitos consagrados en los que sólo se puede ingresar con una credencial conseguida aleatoriamente: un pene en la entrepierna.

Presento de golpe, a tres jóvenes a quienes estaba destinada plenamente esta entrega, pero ya ven que el columnista propone y el Dios, la Diosa o la redacción disponen. Inicio la pasarela con el nombre de Katya Echazarreta, oriunda de Guadalajara, quien es la primera mexicana en volar al espacio y la más joven de Estados Unidos. Ella dedicó su hazaña tanto los mexicanos, como a la comunidad de los nuestros que con grandes sacrificios, carencias y peligros nos ayudan a mantener nuestro país a flote. También a Ashley Martínez, primera niña mexicana en descubrir un asteroide, que muy posiblemente llevará su nombre. Ella tiene 11 años y es originaria del estado de Morelos. Los méritos de Ashley han sido reconocidos tanto por el programa de Colaboración Internacional de Búsqueda Astronómica, como por la NASA. Me refiero finalmente a Érika Dinamita Cruz. Ella es madre en soltería, estudiante de derecho, pertenece a la Guardia Nacional y es campeona mundial de boxeo. Ya no me queda ni un renglón, pero, no puedo dejar de señalar: “Así en la tierra como en el cielo” el mujerío nacional avanza y todos debemos entender, que será para el bien de todos.

Twitter: @ortiztejeda

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