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Finalizan sin anotaciones

Más fiebre que futbol; Cruz Azul y América dejan la serie abierta en Concachampions
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▲ Brian Rodríguez, quien brilló el fin de semana con las Águilas, ayer no pudo aportar su cuota goleadora.Foto Víctor Camacho
 
Periódico La Jornada
Miércoles 2 de abril de 2025, p. a10

El futbol y las calles alrededor del estadio Ciudad de los Deportes generan vínculos emocionales. Algunas azoteas semejan pequeñas gradas de concreto donde las banderas de Cruz Azul, la música y el sonido de un tren que sale de YouTube despiertan en decenas de vecinos antiguas memorias futboleras. La Máquina dejó este lugar en enero pasado. Se mudó al Olímpico Universitario y el América, su rival acérrimo, empezó adueñarse de aquellas historias urbanas que lo hicieron sentir más local que ninguno. El empate de ayer (0-0) en la ida de los cuartos de final de la Copa de Concacaf, con miles de americanistas reunidos en los mismos sitios que antes fueron celestes, refrendó la conquista de ese territorio, aunque no la serie completa.

Los clásicos aportan en la gente una sensación de orgullo, seguridad y alivio, como si estos fueran protagonistas y no espectadores. “¡Mete al Toro, carajo!”, ¿A qué hora vas a empezar a cambiar?, ¡Cam-bia a Valdés!, los gritos, la constante exigencia de modificar alineaciones y estrategias de los entrenadores, llevaron este partido a los límites ya conocidos en el exterior. Todo cobró un valor distinto por medio de esa pasión: el costo del estacionamiento (de 150 a 300 pesos), la reventa de boletos (hasta en mil 500), los artículos no oficiales, incluso en los puestos de comida. Es el gran duelo del futbol mexicano, definió el lunes el técnico de La Máquina, Vicente Sánchez. Los propios vendedores coincidieron con el uruguayo.

Aunque el América es identificable ante todo por su presión agresiva y su capacidad para atacar al contragolpe, en el primer tiempo no marcó diferencia. Sólo una jugada de Alejandro Zendejas hizo cimbrar el poste al anticipar el lance de Kevin Mier. Muchos se abrazaron, derramaron cerveza de sus vasos, pero el estadunidense no pudo terminar el ataque como suele ocurrir en la Liga. Parte de esa respuesta ofensiva de los locales, cuya afición fue mayoría, pero estuvo lejos de agotar las entradas en las taquillas, se debió al gol que el silbante estadunidense Joseph Dickerson anuló minutos antes a Ignacio Rivero por una presunta posición adelantada.

Hay ocasiones en que los equipos tienen una esperanza contraria a la razón en encuentros en los que no parten como favoritos. Cruz Azul es uno de esos casos. Las finales de 2013 y 2024, la semifinal del año pasado en el torneo local, un puñado de partidos de fase regular en los que acumuló derrotas seguidas, todo conspiró en contra de cuerpo técnico y jugadores. Resultó extraño que su antiguo templo, lugar de viejas batallas y donde miles corearon hasta hace meses la canción Andar conmigo de Julieta Venegas, tuviera nuevos colores y cánticos alusivos al tricampeonato de su rival.

Vaaamos, vaaamos Amééérica/ que esta noooche/ tenemos que ganaaar, aquel grito de guerra, tan representativo de la filosofía de las Águilas, produjo un quiebre en la segunda mitad. Diego Valdés, Brian Rodríguez y Zendejas armaron el ataque de mayor peligro con una triangulación, pero el estadunidense definió por un lado del arco de Mier. Totalmente alejado de las formas con las que se distinguió el año pasado, el cuadro celeste recurrió al pelotazo como única herramienta. En un descuido de los defensores americanistas, el delantero Ángel Sepúlveda remató de cabeza y obligó al portero Luis Malagón a sacar la pelota a tiro de esquina. La advertencia sirvió a los locales de combustible, al menos para intentar algo más.

Los avances de Diego Valdés, disparos de Erick Sánchez y Rodríguez remarcaron el dominio de los locales, como también su falta de contundencia. El semblante descompuesto de André Jardine, técnico de las Águilas, representó en los minutos finales a las más de 19 mil 700 personas que se dieron cita en el recinto. Si la expectativa fue tan alta al tratarse de un clásico, el pobre nivel de los dos equipos bajó los ánimos a tierra. Todo se definirá en el partido de vuelta, a celebrarse el 8 de abril en el Olímpico Universitario, ahora casa de Cruz Azul.