Opinión
Ver día anteriorJueves 27 de febrero de 2025Ediciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Jeff Bezos, distopía fascista
E

l dueño de The Washington Post, Jeff Bezos, dio a conocer ayer que en lo sucesivo prohibirá en los espacios de opinión del rotativo cualquier texto opuesto a las libertades personales y los mercados libres, puntos de vista que considera desatendidos en el actual mercado de ideas y opiniones periodísticas. Para la segunda persona más rica del planeta, hoy no es necesario que los diarios brinden a los lectores secciones de opinión que busquen cubrir diversas perspectivas, pues dicha función es satisfecha por Internet. En un reconocimiento tácito de que sus órdenes alejan a Estados Unidos de los estándares de las sociedades democráticas, Bezos afirmó que su país no llegó a donde está siendo típico y que gran parte del éxito estadunidense reside en la libertad en todos los ámbitos, en particular el económico.

Con este anuncio, el Post deja de ser un medio de comunicación y se convierte, ya sin tapujos, en una plataforma propagandística al servicio del magnate. El mensaje general es mucho más ominoso: al anular al consejo editorial de un medio que hasta ayer se presentaba como independiente e imparcial, Bezos cerró de golpe la posibilidad de conciliar los intereses empresariales con la labor periodística. Aunque terrible, este desenlace no es sorpresivo, sino que culmina el largo declive de los medios tradicionales de Estados Unidos, cuya credibilidad se erosionó conforme se estrechó su dependencia hacia el poder político y económico. El propio Post, The New York Times, CNN y otros medios globales que se presumen referentes de la prensa como contrapeso al poder han sido vehículos de difusión de mentiras creadas por Washington, desde las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, hasta la campaña sostenida contra el gobierno mexicano a partir de 2019.

Además del viejo deseo de Donald Trump de acabar con toda voz disidente, se consuma la irrupción de los grandes capitales en el control de los medios. Este proceso se remonta a la década de 1980, cuando millonarios a título individual, fondos de inversión y otras figuras adquirieron y concentraron periódicos, estaciones de radio y canales de televisión, pervirtiendo el sentido de utilidad de la información y el trabajo periodístico, que pasaron a tratarse como mercancías cuyo propósito principal –a veces, único– es generar ganancias a los propietarios y accionistas. Al producir noticias y opiniones bajo la lógica de mercado, la veracidad es avasallada por la rentabilidad y la relación social entre periodistas y lectores es degradada a una transacción mercantil.

Los daños a la libertad de prensa se aceleraron cuando apareció en escena la actual generación de ultrarricos que amasó su fortuna en torno a Internet, entre quienes se cuentan el propio Bezos, Mark Zuckerberg y Elon Musk; estos últimos, dueños de todas las redes sociales de relevancia global, con la excepción de la china TikTok. No es casualidad que quienes controlan los algoritmos con los cuales se determina qué información llega al público, qué temas son relevantes, cuáles son las opiniones válidas y quienes tienen derecho a expresarse, embistan de manera directa contra el equilibrio, la pluralidad, el compromiso con el público y otros valores periodísticos para poner en su lugar el pensamiento único. Tras casi medio siglo de declive de los medios y normalización de las letras mercenarias, es inevitable preguntarse si habrá suficiente sociedad para defender al Post y sus trabajadores de su propietario; lamentablemente, todo indica que no.

Llama la atención que Bezos asegure que hoy Internet hace el trabajo de llevar la diversidad ideológica a los ciudadanos, pues no se puede ignorar que la red (en gran medida controlada por él a través de Amazon Web Services) ha perdido su neutralidad debido al abrumador porcentaje de tiempo que el internauta promedio pasa en sólo un puñado de sitios, cada uno de ellos manejado con criterios idénticos a los que acaba de imponer al periódico fundado en 1877. Ya nadie puede llamarse a engaño: los oligarcas que gastaron miles de millones de dólares para sentar a Trump en la Oficina Oval están operando junto con el mandatario para sustituir la información por un discurso que enaltece el egoísmo, la concentración ilimitada de la riqueza, la destrucción de los derechos sociales, la irresponsabilidad ante el medio ambiente y la ley de la jungla en la escena internacional.

Para imponer su distopía fascista, los magnates necesitan matar la verdad, el disenso, el debate y la inteligencia. Y eso están haciendo.