Opinión
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Desde la memoria
I

oulia Akhmadeeva (Krasnodar, 1971) fue una niña de la Perestroika (1985-1991). Creció en un hogar de mujeres valientes, acompañada de su hermana gemela, su madre y su abuela, que era costurera y confeccionaba ropa por encargo. Durante su infancia escuchó historias de sufrimiento y resistencia. La huella de sus leyendas sigue presente en su vida, su linaje sobrevivió a la opresión y al dolor.

Su bisabuela Ana Grigorievna Sidorova fue encarcelada debido a un descuido: un sello que no estaba en su lugar la convirtió en víctima de la opresión. El koljós, una comunidad colectiva que creó Stalin, había sido una trampa que la llevó a la cárcel y a su abuela a un orfanato junto con los niños refugiados españoles que habían huido de la guerra de Franco. Cuatro años que debieron ser de juego y risas se convirtieron en años de lágrimas y tristeza.

En un acto de justicia, o quizá de suerte, se aclaró el error y su bisabuela fue liberada. La herida era irreversible, y el dolor y el sufrimiento se convirtieron en una constante familiar. Su padre ucranio, Alfred Akhmadeev, murió trágicamente a los 27 años en un accidente en Krasnodar mientras jugaba con unos amigos. En un arranque de valentía y diversión, saltó al río de la ciudad, pero la altura y el salto se transformaron en un paso hacia la eternidad. Su memoria es como un río que fluye suavemente y en su curso nos recuerda la importancia de vivir cada momento como el último.

A los 5 años de edad, Ioulia captó con su lápiz la esencia de una amiga de su abuela que frecuentaba la casa familiar. Este momento marcó un cambio en su creatividad y fue una fuente de inspiración. Retrató a Nina con la barbilla apoyada en la mano, fue un momento mágico que la llevó a explorar nuevos modelos para el dibujo, dejando de lado las caricaturas soviéticas.

Ioulia es artista visual, profesora e investigadora, maestra en la especialidad de arte gráfico del Instituto Academico Nacional de Bellas Artes V.I. Surikov de Moscú. Llegó a México por primera vez en 1991. La situación en Rusia era complicada, la economía estaba en crisis y la escasez de alimentos y medicinas era una realidad cotidiana. Su primer esposo mexicano y ella decidieron que su hija Irene Antonina (Tosha) naciera en México en 1995. Un año más tarde regresó a Rusia con su hija para terminar sus estudios y en 1996 volvió a México, donde ha desarrollado su carrera artística.

Una tela de terciopelo representa un pedazo de su historia. Fue un regalo que su abuelo trajo de la guerra a su esposa, Evgenia Akhmadeeva. Esta tela, depositorio de recuerdos y afecto, se convirtió en un símbolo de unión. En 1993 Evgenia se la dio a Ioulia en el día de su boda. En 2000 Ioulia conoció a su segundo esposo, doctor en física, con quien tiene dos hijas: Daria Alexandra (Dasha) y Maria Giovana (Masha). La tela se transformó en un vestido confeccionado por su madre Valentina Voloshina para Tosha y que usaron todas sus hijas. Ahora es un objeto de arte con un cuello de crochet tejido por su abuela y que lleva impresos los retratos de sus padres y abuelos.

La obra gráfica de Ioulia es autobiográfica y testimonial. Refleja su experiencia de migración, vínculos familiares, correspondencia escrita, la guerra de baja intensidad, la memoria y la esperanza de un futuro mejor. También aborda momentos políticos que obligan a tomar decisiones importantes y a definir el rumbo de nuestra vida. En su obra, Ioulia incorpora objetos del hogar, creando un testimonio personal y emotivo que comparte con las miradas que ven sus obras.

Ioulia Akhmadeeva es doctora en ciencias pedagógicas por la Universidad Nacional de Moscú y desde 2001 es profesora e investigadora en la Facultad Popular de Bellas Artes de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Ha recibido varios premios, menciones honoríficas y selecciones en concursos nacionales e internacionales de gráfica y libros de artista. Su trayectoria artística cuenta con más de 160 exposiciones colectivas y 17 individuales. El 5 de abril inaugurará la exposición Territorios alterados, curada por David García, en el Museo Nacional de la Estampa.