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Festejan a las madres con gran baile en la Ciudad de México

El evento reunió a 12 mil personas en al Monumento a la Revolución

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▲ Los grupos Cañaveral y Yaguaru fueron parte del cartel que organizó el gobierno de la CDMX para festejar a las mamás.Foto Yazmín Ortega Cortés
 
Periódico La Jornada
Domingo 12 de mayo de 2024, p. 8

La cumbia sonidera, la chilanga, ésa que se ha erigido por años como la banda sonora del barrio y del transporte público, sonó y resonó por todos los rincones de la Plaza de la República, donde la tarde de ayer reunió a la gente chingona, como describió Emir Pabón, cantante de Cañaveral, a los reunidos en ese sitio.

Este combo, creador de himnos populares como Tiene espinas el rosal, fue parte del cartel que organizó el gobierno de la Ciudad de México para celebrar, con una tocada, a las mamás, en el día que Dios creó para celebrarlas, insistió Pabón.

Gran Baile por el Día de las Madres conjuntó no sólo a los emblemáticos Caña; también Los Yaguaru, grupo con unos 15 discos, que detonó la creación imaginaria de una gran pista en el que los uuuuuujuujuuuu y los pipipipiiiiii, sonidos característicos de sus cantantes, animaron al respetable.

La gratuidad da felicidad

Valga la cacofonía para describir el ambiente que se vivió en un área pública, sin importar la lluvia de helio y rayos ultravioleta que no mermaron los ánimos de los 12 mil asistentes que, perfumaditos y con gorras, sombrillas y lentes paliaron los más de 32 grados centígrados –a decir del termómetro– que se sintieron como 42 por el calor de los cuerpos moviéndose con ritmos sabrosones, como los de las bandas mencionadas, además de las de Grupo Ensamble, que abrió el espectáculo.

El clima se erigió como el antagonista de esta celebración, pero no se salió con la suya: el acordeón, los timbales, las congas, los guiros, las trompetas y los trombones, además de las extraordinarias voces de los y las cantantes de los grupos, dotaron del refresco intangible que dio más movimiento a los danzarines, pues se escucharon hasta la cima del Monumento a la Revolución, que fue testigo del encanto de gozar con rolas chidas, de barbas. Es decir, sin pagar entrada.

Está música que ha hecho inherente al DF, cómo muchos mencionan aún a nuestra urbe, se escuchó a todo volumen levantando el ánimo que el calor deseaba sofocar. Hizo bailar hasta a los que tenían dos pies izquierdos.

Está ocasión fue para celebrar a las mamás, a las jefas, a las reinas del hogar, a esas avientachanclas fundamentales en la educación de nuestra sociedad.

Abrió Grupo Ensamble con piezas como La morra sonidera, que de inmediato transportó a las doñitas y mamis a sacar sus mejores pasos bajo el plomo solar.

Ni el sudor, la quemada o el destello les hizo perder el ritmo.

Vino a dar la felicitación mexicanota el Mariachi Mexicana Hermosa, agrupación conformada sólo por chicas. Dieron el toque nacional del festejo.

Tocó turno a los populares Cañaveral, que se tiraron algunos de sus éxitos, incluso un cover de Leo Dan Por un caminito en versión huapachosa.

Grupo Cañaveral nació en 1995, fue formado por Humberto Pabón Olivares en mancuerna con su hijo, el cantautor, productor musical y conductor Emir, los cuales han reinventado e innovado la cumbia, lo que los ha posicionado como uno de los grupos tropicales más representativos.

Los Yaguaru (palabra de origen paraguayo de la no lengua guaraní, que significa nutria de río), otro de los mejores exponentes de música tropical del país, que dejó sonar su estilo de cumbia orquestal con trompetas, clarinete, trombón, que le dio un toque especial de tocada de Tepito, del Peñón de los Baños, de San Juan de Aragón o de la 20 de Noviembre.

Su experiencia de más de 22 años, causó el tibiri con rolas como Conga y timbal, Corazoncito pum pum, entre otras piezas.

Ángel Venegas y sus muchachos llenaron de energía y entusiasmo, guiando a la horda, formada en su mayoría por mujeres, a un éxtasis, en este caso, en 60 cuadros por segundo, debido a la temperatura, que se elevó aún más con la guaracha sabrosona.

Cuando Los Yaguaru subieron al escenario a ritmar la zona, la sombra del monumento ofrecía ya un espacio más amplio para cubrirse del güero y mover el bote con más ganitas.

Las mamis, incluso bailando entre ellas, siguieron el compás del cerceno que, cuál campana, llamó a los feligreses del ritmo. Fue una misa, más bien un ritual de la cadencia para el cual sólo se necesitó venir con la consigna de sentir a toda profundidad nuestra raíz de cumbiamba.