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Reditan La mañana debe seguir gris, de Silvia Molina

La novela se publicó por primera vez en 1977 y fue reconocida con el Premio Xavier Villaurrutia

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▲ En la obra, ahora impresa por el FCE, Silvia Molina cuenta una historia de amor como forma de homenaje y diálogo con el poeta José Carlos Becerra.Foto cortesía de la escritora
 
Periódico La Jornada
Jueves 13 de julio de 2023, p. 4

El impulso para la creación literaria está en ella misma; es como poner orden en un caos, es un reto y es muy bonito, afirmó la escritora Silvia Molina, entrevistada a propósito de la redición de su novela La mañana debe seguir gris.

La narradora explicó que el título se trata de una historia de amor que plasma un homenaje y un diálogo del reconocido poeta José Carlos Becerra con la protagonista del texto, publicado ahora por el Fondo de Cultura Económica (FCE).

Molina (Ciudad de México, 1946) explicó que es una novela de ficción de tono autobiográfico: El personaje femenino no tiene nombre: no soy yo exactamente, sino una invención. Para la estructura de esta novela necesitaba crear ciertas atmósferas y, por lo mismo, meto cosas que no pasaron o no sucedieron como se contaron, si no sería una crónica o un texto de corte histórico. La ficción recrea y reinventa una realidad.

Añadió que los epígrafes en cada capítulo son versos del escritor. La protagonista está en una conversación con el escritor. Es una manera de que hablara por sí mismo y, en segundo lugar, un homenaje a José Carlos Becerra.

La novela fue editada por primera vez en 1977 bajo el sello Joaquín Mortiz y reconocida con el Premio Xavier Villaurrutia. Luego fue publicada en la colección Lecturas Mexicanas de la Secretaría de Educación Pública y Aguilar León y Cal, entre otras editoriales.

Silvia Molina reseñó que en su novela una adolescente cuenta su primera relación, en Inglaterra. “Por ser menor de edad está atada a una tía que cree que es responsable de lo que le pasa y por eso le hace la vida imposible. No le gusta ignorar con quién sale, adónde va, por qué no está con ella y prefiere salir con sus amigos.

Como está hoy la sociedad y la vida en México eso se sigue reproduciendo. La gente sí se preocupa en serio de adónde va una adolescente y a qué hora regresa. Eso desgraciadamente ha perdurado y, por otro lado, tampoco siento que esté muy mal. Hay que supervisar de alguna manera.

Lo anterior produce la tensión en la historia, agregó la también editora, de alguna manera ese amor no se puede realizar porque encuentra traba tras traba. Eso genera el interés de seguir leyendo para saber qué pasa después y cómo se va solucionando todo lo que se presenta. Todo estaba en contra.

Silvia Molina recordó que aunque ya estaban enterados de la muerte en 1970 del poeta José Carlos Becerra, en la novela se cuenta cómo ocurrió. “Está anunciada desde el principio, el lector ya sabe a lo que va, pero no sabe cómo sucede.

“No existió un diario realmente. Fui a la hemeroteca a sacar notas que completan lo que sucede. En una dice: ‘Conozco a José Carlos Becerra’ y luego abajo viene una breve noticia de lo que sucede en alguna parte del mundo. Yo eché mano de eso para enriquecer la estructura del libro.”

La novelista sostuvo que la escritura puede parecer muy sencilla, pero la verdad hay trabajo en ella. Cuando comencé a escribir, admiraba mucho a José Agustín y a Juan Rulfo, que parecen desarrollar un habla genuina y cotidiana. Hay mucho esfuerzo detrás. Eso lo aprendí cuando estuve en un taller con Elena Poniatowska y Hugo Hiriart. Aprendí mucho de Hugo: no a poner, sino a quitar. Hay mucho trabajo de limpieza para que parezca que todo es muy fácil, pero en realidad no lo es.