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Óscar de Pablo explora los lenguajes de la urbe

En su poemario Puño y letra recoge el pensamiento de millones de personas

 
Periódico La Jornada
Lunes 19 de junio de 2023, p. a11

El poeta Óscar de Pablo Hammeken considera que ver la ciudad es solidarizarse con sus habitantes: los trabajadores a los que a veces la poesía no ve. Así lo dijo en entrevista con La Jornada a propósito de su más reciente poemario Puño y letra, que explora, entre otras temas, el espacio urbano.

Añadió que es extraño que tengamos que buscar un poeta que se distinga por haber visto a la gente de la ciudad, como Efraín Huerta, cuando debería ser lo normal: vivían en la misma urbe y, sin embargo, hablan de cosas abstractas o ajenas a esa realidad cotidiana.

De Pablo (Ciudad de México, 1979) contó que su interés es “cuestionar las jerarquías estúpidas que a veces nos ponemos, pues hay dos maneras de empobrecer el lenguaje y el pensamiento: una es despreciar lo llamado ‘bajo’ e intentar hacer una poesía en la que sólo aparezcan palabras, muy pocas, abstractas, o bien hacer una poesía trivial en la cual sólo se digan cosas que decimos todos los días, como la letra de una canción pop, cuando podríamos enriquecer nuestro pensamiento y lenguaje si usamos, por ejemplo, los lenguajes del trabajo, que son maravillosos y de los que a mí me gusta mucho aprender, o el de las ciencias naturales”.

El poeta opinó que cada vez más la poesía habla exclusivamente de su autor o de su propia experiencia, lo que ha contribuido a hacer que la poesía sea poco relevante. Como divulgador cultural no culpo a la gente cuando no quiere comprar o acceder a la poesía, porque la mayoría de la que se publica habla de forma poco entendible de cosas no relevantes para la mayoría.

Lo que caracteriza a este género literario es la concentración en el lenguaje; poner atención al ritmo, a la musicalidad, a la sonoridad de las palabras, pero en las ideas más solipsistas. Podemos hablar de historia, de sociedad, de ciencias, poniendo mucha atención en el lenguaje. Eso es la poesía.

El escritor rechazó que su postura devalúe la experiencia personal; en cambio, significa, pero ésta “es parte de una mucho más amplia, que reúne mi presente, la acumulación de generaciones anteriores, una experiencia maravillosamente rica. Mi ombligo puede ser interesante, pero nunca será tan interesante como el conjunto de todos los ombligos del mundo.

El idioma no es una invención mía, es una acumulación del pensamiento de millones de personas vivas y muertas, de mis abuelas, mis abuelos, mis maestros, mis compañeros de clase y de lucha; eso hace que el lenguaje sea una creación portentosa del ser humano.

De Pablo Hammeken explicó que en su poema Romance de Hécate en Ecatepec, incluido en su más reciente libro, habla de Hécate, una diosa griega, hechicera, terrible, y por el sonido a mí me suena a Ecatepec, y que más allá de eso, pensó que la forma misógina en que fue descrita esa mujer poderosa como bruja y asesina es quizá lo que nos conecta con realidades como los feminicidios que ocurren cotidianamente en lugares como Ecatepec.

Su labor como poeta es acompañar a mi pueblo en la lucha cotidiana y, al mismo tiempo, jugar con el lenguaje, un juguete muy bonito, muy delicado, que puede llegar a ser muy sofisticado. No se contraponen. Como en una canción de Chava Flores, el léxico más rico es el que una persona inteligente, atenta a cómo habla la gente, puede aplicar sin prescindir del sentido del humor y los diversos registros con los que nos topamos todos los días.

El poeta añadió que aspira a un “lenguaje preciso, que necesariamente es rico y diverso. Por ejemplo, no hay sinónimos perfectos para ‘apapachar’ o ‘chipil’, son palabras que necesitamos. No es que me sienta triste, melancólico, me siento chipil. Me parece muy importante oír cómo hablamos. Me gusta la poesía con riqueza y precisión léxicas, con sentido del humor.