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China: derechos humanos, corrupción y contaminación, retos pendientes
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l sábado anterior concluyó en Pekín el vigésimo Congreso del Partido Comunista Chino, que tiene 97 millones de militantes. Ese día los cerca de 2 mil 300 delegados llegados de todos los confines de su inmenso territorio eligieron al máximo órgano de dirección del país y mil 300 millones de habitantes. La reunión la encabezó Xi Jinping, quien lleva 10 años en el poder. Fue declarado líder supremo, algo que solamente tuvo Mao Tse-Tung.

Los delegados estuvieron reunidos una semana, pero los temas fundamentales los cocinó mucho antes un círculo muy selecto. Aprobaron las cuestiones básicas y sin ninguna oposición. Es lo que también sucede en otros regímenes autoritarios: unanimidad en torno a los gobernantes y represión a cualquier crítica al sistema.

En Pekín se definió la ruta que seguirá China con miras a celebrar en 2049 el centenario del triunfo de la revolución que encabezó Mao. Si esa ruta está bajo el mando de Xi Jinping es por sobrados motivos. Durante los 10 años de su liderazgo convirtió a su país en la segunda potencia económica, militar y científica del mundo y, además, su maquiladora y exportadora de productos más importante. Su ingreso per capita se duplicó el último decenio y hoy es de 12 mil 550 dólares; la economía pasó de 8.5 a 18 trillones de dólares. Oficialmente se declaró el fin de la pobreza extrema y decenas de millares de campesinos llegaron a los centros urbanos existentes o a los nuevos, en una migración masiva sin precedentes por su intensidad y a un costo social y ambiental muy elevado. Agreguemos la modernización de su infraestructura pública y los servicios fundamentales.

Esos enormes éxitos en los más diversos campos del quehacer humano, no ocultan un abismal distanciamiento económico. Se estima que uno por ciento de la población controla más de 50 por ciento del capital. Al igual que en la Rusia de Vladimir Putin, en la de Xi Jinping la creación de multimillonarios a la sombra del poder ha sido sorprendente. Algunos sobresalen por sus excesos al presumir su enorme riqueza. Ese distanciamiento social y económico se hizo evidente cuando el covid tuvo al país en severos problemas.

El cierre de ciudades enteras (aisladas por completo durante muchas semanas y sin la libertad de movilidad de cientos de millones) para contener la expansión del virus, originó gravísimos problemas económicos y sociales. Y por la caída de sus exportaciones, se contrajo su crecimiento económico, lo que se refleja en el desempleo de los jóvenes, cercano a 19 por ciento de la fuerza laboral.

La estrategia del poderoso Xi Jinping es hacer de su país la primera potencia mundial y aumentar la presencia que ya tiene en África, América Latina y Asia. También, evitar las muestras de inconformidad ciudadana con el modelo económico, político y militar. Y reincoporar Taiwán.

Lograr todo lo anterior no será fácil, pues tiene varios pendientes por resolver. Entre ellos, el respeto de los derechos humanos, la corrupción y la contaminación que afecta a sus habitantes, a la biodiversidad y al planeta. Es el mayor generador de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. Veremos estos asuntos el lunes próximo.