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Horario de verano: decisión democrática
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n enero de 2001, recién arrancado su periodo como jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador emplazó al ex presidente Vicente Fox a realizar una amplia consulta ciudadana para fundamentar la decisión que corresponde tomar al Poder Legislativo e instrumentar al Poder Ejecutivo Federal con respecto a la aplicación del horario de verano. Quien fungía como secretaria del Medio Ambiente de la capital, Claudia Sheinbaum, señaló en ese momento que había una exageración sobre el ahorro de energía permitido por esa medida, y que, si bien ya llevaba un lustro en vigor, no existía ningún estudio específico en cuanto al ahorro en la Ciudad de México.

Ayer, el hoy mandatario retomó el tema durante su conferencia de prensa matutina al anunciar la posibilidad de que el próximo año se elimine el horario de verano. Mencionó que la decisión podría tomarse mediante una consulta, o, si existe un apoyo mayoritario claro en un sentido u otro, por medio de una encuesta, pero en cualquier caso a partir del precepto de mandar obedeciendo.

Para traer el asunto a colación, el presidente López Obrador informó que le fueron entregados sendos reportes de las secretarías de Salud y de Energía, en los cuales se concluye que el horario de verano, instituido en 1996 por Ernesto Zedillo con el argumento del ahorro de energía eléctrica, no sólo ofrece un beneficio insignificante en este sentido, sino que además tiene impactos negativos en la salud, pues altera el reloj biológico generando trastornos biológicos, sicoemocionales y sociales.

Según se dio a conocer, en los primeros tres años del actual gobierno federal se ha ahorrado 4 mil 206 millones de pesos gracias a la implementación del horario de verano, cifra equivalente a apenas a 0.2 por ciento del gasto total en el rubro. En términos energéticos, en 2021 el consumo nacional fue de 327 mil gigavatios hora (Gw/h) y el ahorro por adelantar una hora los relojes entre abril y octubre fue de 537 Gw/h, equivalente a 0.16 por ciento del consumo nacional. En contraparte, el cambio de hora altera el tiempo de exposición al sol y desequilibra nuestro reloj biológico, por lo que sociedades internacionales del sueño recomiendan un horario de invierno permanente que promueva un ritmo biológico más estable que el de verano, mejorando el rendimiento intelectual, y ayudando a disminuir enfermedades del corazón, obesidad, insomnio y depresión.

Más allá de la decisión final que se tome en torno a esta discutida disposición, debe destacarse la relevancia de que el titular del Ejecutivo ponga el asunto a debate, convoque a los expertos en la materia a manifestarse, pida la opinión de la sociedad y, sobre todo, establezca como mecanismo resolutorio el sentir de la mayoría. Este camino supone un ejemplo de lo que se busca instaurar como forma de gobierno basada en la determinación colectiva y claramente distinta a la tecnocracia neoliberal.