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El alma mater de la antropología mexicana, en peligro
L

a Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en sus inicios, Departamento de Antropología de la Escuela de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, en 1938, y posteriormente integrada al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en 1946, es la institución de educación superior, pública y gratuita, considerada el alma mater de generaciones de especialistas mexicanos y latinoamericanos en diversas disciplinas: antropología social, antropología física, arqueología, etnología, historia, etnohistoria y lingüística.

A lo largo de sus más de 80 años de existencia, la ENAH ha sido el principal espacio formativo del personal académico de organismos del Estado mexicano, como el propio INAH, y también de quienes formaron nuevos departamentos de antropología de universidades y centros de investigación social, dentro y fuera de México. Con una perspectiva integral de las ciencias antropológicas e históricas, poco frecuente en latitudes del ámbito educativo estadunidense y europeo, la ENAH ganó reconocimiento nacional e internacional por su capacidad de mantenerse, en su diversidad intelectual, ideológica y política, como un recinto de producción científica de alta calidad, a la par que de reflexión y pensamiento crítico que no pocas veces concitó los ataques de la derecha ilustrada, que llegó al extremo, como en el caso de Octavio Paz, en enero de 1987, de demandar su clausura por ser un centro de ideología seudomarxista de dudosa calidad académica, y no obstante que Claude Lévi-Strauss, en una ocasión, comentó al laureado poeta que la ENAH era una de mejores escuelas del mundo. Recordemos al respecto, que el entrañable Rodolfo Stavenhagen respondió magistralmente a los enjuiciamientos de Octavio Paz en un memorable artículo en La Jornada, considerándolos injustos e infundados y un exabrupto. (La antropología cuestionada, 21/1/87).

Del estudiantado de la ENAH y un sector de su profesorado surge una corriente crítica de la política indigenista del Estado mexicano, y del Instituto Lingüístico de Verano (ILV), que a inicios de los 80 funda el Consejo Latinoamericano de Apoyo a las Luchas Indígenas (CLALI), con base en una declaración suscrita por más de un centenar de antropólogos y dirigentes indígenas, como Rigoberta Menchú, publicada en varios países con el título: La cuestión étnico-nacional en América Latina, que expresa la ruptura que se venía dando en el seno de la disciplina antropológica con el indigenismo como política de Estado. Asimismo, este manifiesto reafirmaba el compromiso de acompañamiento de los antropólogos con las luchas de los pueblos indígenas, en el marco de los procesos de democratización de las naciones latinoamericanas. La ENAH ha participado en todas las luchas estudiantiles y populares de los años 60, hasta la fecha, y ha sido un bastión solidario con las luchas revolucionarias de Centro y Sudamérica. No es casual, entonces, que sus instalaciones fueran la sede de la comandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, durante su estancia en la capital de la República en 2001.

Esta es la ENAH que las políticas neoliberales de los gobiernos anteriores y del actual han llevado al borde de la inoperancia, al acortar el presupuesto para el cumplimiento de sus funciones académicas, administrativas y de mantenimiento mínimo de las instalaciones, al contar con una abultada plantilla de profesores hora-semana-mes y trabajadores técnicos, administrativos y manuales calificados eventuales, contratados cada tres meses, sin prestaciones y condiciones laborales precarias, al parar toda inversión en la infraestructura de edificios y unidades de trasporte, al cesar los apoyos para las prácticas de campo de estudiantes y profesores. Cabe señalar que similar situación se presenta en el resto de las escuelas del INAH, como la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México, en Chihuahua, la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, así como casi todos los centros de trabajo a escala nacional, como museos, zonas arqueológicas y centros regionales.

Hoy como ayer, la comunidad de la ENAH, organizada en Asamblea General de profesores, estudiantes y trabajadores, se ha movilizado en su apoyo, proponiendo una ruta de trabajo para solucionar sus demandas históricas, a través de mesas de negociación interinstitucionales, integradas por autoridades con capacidad resolutiva, y desconociendo la interlocución por parte del INAH del actual director general, antropólogo Diego Prieto, por su falta de voluntad política e incompetencia institucional para atender nuestras demandas. Igualmente, quienes integran esta asamblea general estiman que la problemática de la ENAH viene de décadas atrás, por el desmantelamiento que el INAH ha fomentado. Reiteran que el problema es estructural e histórico.

Todo el apoyo a la Asamblea General en la defensa de la ENAH.