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Nosotros ya no somos los mismos

Protestas contra el cambio climático y por las restricciones ante el Covid-19

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▲ Primera manifestación del movimiento Viernes por el Futuro, en Viena, desde que empezó la pandemia.Foto Afp
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isiblemente tocada, dolida, asustada, la columneta se auto-otorgó un tiempo de respiro y decidió cobrar distancia de la pandemia y sus horrendos estragos. Torpemente, su huida de la tragedia circundante fue lo que se llama salir de Guatemala para entrar a guatepeor: sus temas de comento fueron la estafa maestra y el asombroso relato del maestro magistral de la simulación y las corruptelas, que permitió a un puñado de los sabios, de los supra tecnócratas, de los doctores nacionales y extranjeros, llevar a cabo una de las más depuradas exacciones (la exacción hecha por un funcionario en beneficio propio constituye el delito de consunción), que el país ha sufrido y, quede claro, esta afirmación no es una impensada calificación.

Ciertamente, la bien llamada estafa maestra y la trama delincuencial urdida por el doctor Lozoya acarrearían a México consecuencias funestas en cualquier momento, pero en las circunstancias actuales su gravedad se acrecienta en tal dimensión que el justo castigo tiene que ser reflejo del daño socialmente reconocido.

Pues resulta que la lectura de la prensa de este fin de semana me representó un fuerte jalón hacia la realidad de la que no debía escapar. Cualquier intento que cada uno realice por atizar la conciencia colectiva sobre la gravedad del momento que mundialmente sufre nuestra especie será útil, aunque individualmente registrado no lo parezca.

Las agencias noticiosas Reuters, Afp y Ap, consignan las multitudinarias marchas efectuadas en múltiples países europeos como Suecia, Australia y Alemania en contra del cambio climático. Ciudades como Viena, Berlín, Hamburgo, Colonia y Bonn, una vez más rellenaron de miles de ciudadanos de todas las edades, aunque predominaron los jóvenes, que reclamaban en pancartas y a voz en cuello: ¡No quemen mi futuro! o, ¡financien el futuro, no el petróleo!

Otro tema de la protesta (para mí, polémico y peligroso) es la denuncia de que los gobiernos enfocan todas sus acciones en el combate al Covid-19 e ignoran un peligro mayor que es la crisis climática que ha llegado al límite jamás imaginado. El movimiento Fridays for Future se ha reproducido no sólo en Europa, sino en India y aun en Estados Unidos, aunque existen lugares como Berlín, en donde el responsable del Interior ha prohibido las manifestaciones propiciadas por esta organización, alegando que en la efectuada a fines de marzo no se cumplieron las normas de sanidad como el uso del cubrebocas. El ejemplo cundió de inmediato y este fin de semana, en la mundialmente conocida Plaza de Trafalgar, las fuerzas policiacas dispersaron a miles de londinenses que protestaban contra la vacunación obligatoria, la sana distancia y las limitaciones para las reuniones sociales (no mas de seis personas), así como el toque de queda nacional a las 10 de la noche en bares ( pubs) y restaurantes. Según reporte policiaco, 16 manifestantes fueron arrestados y nueve policías resultaron heridos durante el enfrentamiento.

Lo que me preocupa no es, en manera alguna, la diversidad de posturas y concepciones que este grave problema común ha producido, sino el encono entre los dos grupos que se han formado y extendido a lo largo y ancho del planeta, en torno a cuál debe ser la respuesta de los humanos frente al pequeño, casi invisible ente, que puede destruir impunemente al rey de la creación (o de la evolución, pensamos cada día más personas, conforme el analfabetismo disminuye).

Vean ustedes lo que los fundamentalistas, que siempre surgen en cualquier disenso o controversia (entre más enconada sea, más fértil para la agresión, la discordia, las hostilidades) predican estúpida y delictivamente: la pandemia es un engaño creado por el gobierno para controlar a la gente.

¿Se dan cuenta de la gravedad de estas afirmaciones totalmente desquiciadas? Si en esta etapa en que se da la segunda vuelta del Covid-19 la gente baja la guardia, las consecuencias pueden ser aterradoras y lo peor, irreversibles.

Está por demás aclarar que la columneta reconoce, avala y apoya el reclamo de esos cientos de miles de ciudadanos, de adolescentes (ojalá niños), jóvenes y personas de la eufemísticamente llamada tercera edad, por vivir la etapa actual de su vida (unos la primera, otros la final) en las mejores condiciones posibles, la primera, de ellas, obviamente, la vida en libertad.

Sin embargo, yo tengo otros datos demoledores o –rectifico– convincentes, convencedores, de que hay diferentes razones que no se pueden pasar por alto, para explicar la aplicación de medidas tan rudas como necesarias por parte de los gobiernos, de tan diverso color ideológico, pero, por esta vez, hasta competitivos para ser quienes mejor enfrenten la pandemia.

Dedico mis últimos renglones para comprometerme a conversar sobre lo acontecido el sábado pasado, en relación con el informe presentado por el presidente López Obrador sobre el infame exterminio de los 43 jóvenes estudiantes que en Ayotzinapa cursaban la profesión, tan poco competida, de hacer de la patria un ámbito de justicia, democracia y libertad, ¿No lo leyeron en sus diarios de costumbre? Perdón por tan ingenua o estúpida pregunta.

Twitter: @ortiztejeda