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Desoccidentalización
C

omo tantos otros, este neologismo provino del inglés. Westlessness fue el vocablo acuñado por los autores del Munich Security Report 2020, discutido el fin de semana último en la 56 reunión anual de la célebre conferencia sobre seguridad global en la capital bávara. Se sintieron obligados a explicar el término: “…un sentimiento difundido de inquietud y azoro frente a la mayor incertidumbre sobre los propósitos duraderos [o los objetivos permanentes] de Occidente”. Así es que se habla con frecuencia del decaimiento del proyecto occidental, o se afirma que las sociedades y gobiernos occidentales parecen haber perdido una noción compartida de lo que significa ser parte de Occidente y resulta incierto que Occidente disponga de una estrategia conjunta para una nueva era de competencia de grandes potencias.

Este informe, de apenas 100 páginas, presenta una intrigante visión del mundo al inicio del tercer decenio del siglo desde el prisma de la seguridad. Se concentra en cuatro actores mayores –Estados Unidos, China, Rusia y Europa; enfoca desafíos en tres áreas –el Mediterráneo, el Oriente medio y el sureste de Asia, y explora cuatro tópicos globales –seguridad espacial, seguridad ambiental, extremismo de derecha y tecnología e innovación. (Su texto está disponible en https://securityconference.org, junto con crónicas de los debates y la transcripción de algunas intervenciones en la conferencia.)

A juzgar por los despachos de prensa, el asunto más debatido en Múnich fue la actitud a adoptar ante la empresa china de informática Huawei, líder global en la tecnología 5G. Los acontecimientos que al respecto más pesaron en el ánimo de los delegados fueron tanto la decisión del gobierno de Boris Johnson de reservar a Huawei una participación acotada y severamente regulada en el desarrollo de la 5G del Reino Unido, como los indicios de que el gobierno de Ángela Merkel y otros de Europa seguirán un camino similar. Esto marcaría el total fracaso de la estrategia estadunidense de boicot de Huawei. La actitud de EU ha sido de una rigidez absoluta: la corporación china debe ser excluida de toda participación, afirmaron, palabras más o menos, los secretarios de Estado, de Defensa y la líder de la oposición demócrata en el Congreso.

El secretario Pompeo desestimó el riesgo de ‘desoccidentalización’. Acudió al más banal de los lugares comunes al declarar Me complace informarles que la noticia de la muerte de la alianza transatlántica ha sido sobrexagerada. Calificó de mentiras publicitarias las ofertas tecnológicas de Huawei. El secretario Esper, por su parte, fue más explícito y dedicó su discurso a lo que constituye la mayor preocupación del Pentágono: China. “Huawei y la 5G son ahora el mejor ejemplo de los siniestros designios de China… Depender de la tecnología 5G de China nos haría vulnerables a la interferencia, la manipulación y el espionaje. Afectaría también nuestra capacidad para comunicarnos y compartir inteligencia y, por tanto, a nuestras alianzas… Desarrollar nuestras propias redes 5G seguras resultará más conveniente que asociarnos con proveedores chinos, fuertemente subsidiados y dependientes de los líderes del PCCh.”

Algunos se sorprendieron de que la señora Pelosi, como líder legislativa demócrata, adoptase una tonada semejante: Hizo notar, de acuerdo con el Financial Times (17/02/20), que las naciones europeas dispuestas a cooperar con Huawei han tomado un camino muy peligroso. Se coloca al Estado-policía en el bolso de cada consumidor. El debate sobre la 5G alude a la seguridad, a la economía, a los valores. Ante la visión de un país polarizado (el apartado dedicado a EU en el informe 2020 se titula Estados Unidos: ¿estamos divididos?), la delegación estadunidense quiso ofrecer una imagen de coherencia, no del todo creíble por cierto.

El ministro chino del Exterior, Wang Yi, dedicó su intervención a reseñar la respuesta de su país al brote de coronavirus. Subrayó el éxito de la contención: hasta mediados de febrero, los casos fuera de China equivalían a menos de uno por ciento del total. Acerca de la desoccidentalización, Yi subrayó la necesidad de trascender las divisiones tradicionales Este-Oeste y Norte-Sur y mirar al planeta como una comunidad para todos.., como una familia global, orientada al multilateralismo.

La Unión Europea se hizo presente al más alto nivel. Destacaron las intervenciones de la presidenta de la Comisión Europea y del Alto Representante para Política Exterior. Josep Borrell adoptó un tono enérgico. El País (16/02/20) destacó su exhorto a que la Unión vuelva por sus fueros, tras el trauma del Brexit. “Europa necesita –aseguró– desarrollar su apetito de poder, el deseo de actuar y aprender el lenguaje del poder”. Para conseguirlo, debe estar dispuesta a renunciar al requisito de unanimidad siempre que sea necesario. Aún sin el Reino Unido, es de dudarse que los 26 estén dispuestos a ir tan lejos.