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Lo político y lo técnico-político
U

na de las críticas reiteradas al neoliberalismo es que suprime lo político como si fuera una barrera a la neutralidad técnica de la organización del Estado. Plantearlo de esta manera es un ardid ideológico-legaloide para desplazar la toma de decisiones del gobierno electo hacia otras instancias sin control directo de los ciudadanos y frecuentemente capturadas por actores con intereses propios. Ejemplo de ello es el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), cuyo papel como evaluador único de la política social fue inscrito en la Constitución (artículo 26 inciso C) en 2014.

El tipo de política social es parte sustantiva de la política de un gobierno, particularmente de los gobiernos progresistas y de izquierda. Poner en manos de un organismo autónomo su evaluación, entendida como la medición de la pobreza y la evaluación de los programas, objetivos, metas y acciones de la política de desarrollo social, quita al gobierno un margen importante en el diseño de esa política. Afortunadamente, para los países europeos esta visión tecnocrática de la política social no existía en la segunda posguerra, sino la política se basó en criterios de justicia social y bienestar. Costó varias décadas de trabajo ideológico a los teóricos neoliberales/neoclásicos agrupados en la Sociedad de Mont Pelerín –Hayek, Von Mises, Friedman, Poper et al.– minar estas ideas y lanzar el ataque frontal al Estado de bienestar.

En México se ha discutido el trabajo y los criterios de Coneval, pero en un debate doméstico entre los pobrólogos de distintas corrientes; la discusión no se ha dado entonces respecto de la conveniencia de que un organismo autónomo evalúe la política social del gobierno, que es una cuestión diferente al contenido técnico de la evaluación. En esta discusión se estableció que la medición de la pobreza debería ser multidimensional, eso es, medir el acceso a distintos satisfactores de necesidades como alimentación, educación, salud, etcétera. Sin embargo, este acuerdo no resolvió el problema, porque no zanjó cómo definir los grados de pobreza o incluso si el objeto principal de la política social es la pobreza.

Las debilidades técnicas de las evaluaciones del Coneval se ven con claridad en los indicadores que usa para medir la satisfacción de necesidades. Por ejemplo, en salud el acceso a servicios se mide por el número de personas que tiene un seguro de salud. En 2014 la Cámara de Diputados encargó al Coneval analizar cuál debería ser el indicador de acceso a los servicios médicos. Su estudio resultó en un indicador compuesto que nunca se aplicó por la falta de información sistemática y hasta la fecha sigue siendo el número de personas con un seguro de salud. La desaparición legal del Seguro Popular cambiaría drásticamente este indicador de 21 millones a 74 millones de personas, aunque nada haya cambiado en la realidad.

Otro defecto de las evaluaciones de Coneval es que ha usado durante muchos años el llamado marco lógico para decidir qué programas gubernamentales financiar y cuáles no. Esta metodología, en el mejor de los casos, puede evaluar políticas simples o unidimensionales, pero no políticas complejas como las de salud. Soy testigo personal de la eliminación, no corrección o mejoramiento del diseño, de programas de salud centrales dirigidos a epidemias nuevas, como la obesidad, por su falta de adherencia a las reglas del marco lógico.

Parte de la crítica a la tecnocracia, sea ésta de los órganos autónomas o gubernamentales, se explica por un ejercicio autocrático del poder y la poca disposición de escuchar otros puntos de vista, frecuentemente basados en evidencias, pero con una construcción y análisis más complejo de los procesos y resultados. En un movimiento pendular se ha ido al otro extremo. Se tiende a sostener que lo que importa es tener los ideales correctos y no importa el conocimiento técnico. El compromiso con la Cuarta Transformación no se agota en la tríada no mentir, no robar, no traicionar al pueblo. Es únicamente la base obligada sobre la cual se construye el proyecto, cuestión que no parece estar clara para todos.

En muchos ámbitos el conocimiento técnico complejo es necesario para empezar a hacer un diagnóstico acertado sobre los problemas a resolver que es el punto de partida indispensable. Se necesita, además, tener conocimiento acerca de lo que se ha hecho históricamente para no repetir fracasos, que ya se han tenido. El conocimiento, como es obvio, es específico y no es lo mismo ser ingeniero de aguas que ingeniero civil. Ayuda para poder profundizar en otro campo, pero no resuelve el conocimiento más amplio y profundo de las instituciones por transformar.