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La investigación en México tiene grandes deudas con el pasado musical: Elias Morado

Toxochicaquiliz: nuestra escucha florida intenta solventar algunos huecos; se estudian los soportes materiales mas no el sustrato ideológico

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▲ En entrevista con La Jornada, el especialista sostiene que el investigador contemporáneo se acerca a los pueblos indígenas con una conmiseración que ni los frailes del siglo XVI. Abajo, Elias Morado durante la charla con este diario.Foto Jesús Villaseca
 
Periódico La Jornada
Domingo 22 de septiembre de 2019, p. 3

La investigación en México tiene grandes deudas con el pasado musical. Toxochicaquiliz: nuestra escucha florida (Fineo Editores) intenta solventar algunos huecos: encontrémonos con las músicas del prehispánico desde su nivel cero, dice Elias Morado, autor del libro que se presentó el pasado 18 de septiembre en el Centro Cultural Elena Garro.

El investigador contemporáneo se acerca a los pueblos indígenas con una conmiseración que ni los frailes del siglo XVI. Es consecuencia de que en Hispanoamérica no haya habido una crítica de los fundamentos teológicos de las prácticas coloniales, que perviven en el ejercicio académico e investigativo, explica Morado a La Jornada.

Es importante entender lo que la investigación musical tradicional no hace, el contenido teológico de la música empleado para la catequización. Se estudian los soportes materiales de la música en el siglo XVI, pero su soporte real es teológico. Si quemas el libro sigue existiendo el sustrato ideológico. Si no se estudia eso, no se entiende el poder de la empresa colonial.

Menciona que para entender la música prehispánica es requisito un interés filosófico en su historia y artes, de lo contrario no vamos más que a meter en camisa de fuerza expresiones musicales cuyo contenido está interconectado con los mitos de la vida, la muerte y el universo.

Pensar lo musical

El volumen, publicado por Fineo Editorial, cuyo subtítulo es Vocabulario musical en lengua náhuatl, reúne más de 3 mil vocablos que pueden ser claves indiciarias para pensar lo musical. Un universo de palabras. Ahora hay que integrarlas. Eso es labor de décadas, sostiene Morado.

El glosario conjunta la investigación con hablantes vivos y con textos escritos en el siglo XVI, creados para “hacer desaparecer las lenguas. La respuesta es utilizar estos mismos libros para revivirlas, al menos en una etapa muy modesta.

“Es un intento de conocer desde los elementos más minúsculos de la lengua. Incluyo términos que sirven para describir en un plano muy abstracto el movimiento, las distancias, el trascurrir del tiempo, que pasa en un pestañeo. Todo en lengua náhuatl.

“Funcionaría como una tabla de elementos químicos, que podría empezar a dar claves... como decir: ‘si junto esta palabra con esta, ¿qué metáforas me permite?’”

Morado refiere que el texto se inspiró en Julio Estrada, quien criticaba los intentos de comprender el mundo indígena prehispánico y su música desde sistemas composicionales, retóricos y científicos europeos.

Refiere que para superarlos, el creador propuso en los años 90 diversificar los modos de conocimiento e inició un diccionario musical basado en lenguas del continente americano.

El especialista e investigador menciona: si asistimos a la más tenue de las entonaciones vocales del mundo mexicano de la música, ahí hay una concepción del tiempo y el espacio. Pensar en ello es ya tener un pie en la filosofía. ¿Qué nos dice este vago susurro de la vida de los pueblos indígenas? Si lo metemos a la escala de Do mayor no te sirve para nada.

La presentación de Toxochicaquiliz: nuestra escucha florida contó con la participación de Francisco Félix Valdez, creador de la lengua zikril de la película Sueño en otro idioma, el etnólogo y lingüista Fernando Nava, el Trío Gorrión Serrano y el autor.