Usted está aquí: lunes 1 de septiembre de 2008 Cultura Comienza a revertir España la paradoja de indigestión editorial y escasa lectura

■ Una nueva ley del libro y el diálogo permanente entre los actores de la industria, las causas

Comienza a revertir España la paradoja de indigestión editorial y escasa lectura

■ La proporción de lectores y no lectores pasó de 50-50 a 60-40 en cuatro años

■ Alentador, que 91% de los jóvenes leen textos no escolares, dijo Rogelio Blanco, director general del rubro

Armando G. Tejeda (Corresponsal)

Madrid, 31 de agosto. España vivía hasta hace pocos años una situación paradójica, inclusive “triste y lamentable”: tenía una de las industrias editoriales más prolíficas y rentables de Europa –la segunda, después de Alemania–, pero ocupaba uno de los últimos lugares en índice de lectura o de porcentaje de lectores.

Esta contradicción se ha empezado a revertir, en gran medida gracias a dos acciones específicas: la aprobación y aplicación de una ley integral del libro, que tiene su razón de ser en el fomento a la lectura, y, la segunda, en el permanente e intenso diálogo entre los actores involucrados en el proceso cultural y mercantil del libro.

Las datos, aunque son meras aproximaciones, sí reflejan una “tendencia” clara: la del aumento ininterrumpido de lectores en España, sobre todo a partir de que se aprobó el año pasado la citada ley, que sustituyó a la de 1975.

Actualmente la proporción de lectores y no lectores es de 60-40, con lo que se ha roto claramente el 50-50 que se registraba hace sólo cuatro años, en 2004. Esto significa que en pocos años España ha dejado de ocupar los últimos puestos de los índices de lectura en Europa, junto a Grecia y Portugal –con cifras inferiores a 40 por ciento–, para ubicarse en la media de países más desarrollados, como Dinamarca, Alemania y Luxemburg, aunque aún está muy lejos de los países europeos más lectores, que son Suecia, con 74 por ciento, y Finlandia, con 69.

Lectura como activo político

Pero “todo se andará”, dijo a La Jornada el director general del libro, Rogelio Blanco, quien justifica su “esperanza” en una cifra objetiva y contrastada: alrededor de 91.4 por ciento de los jóvenes de entre ocho y 13 años declaran leer más de media hora libros no escolares. Además, este año se espera aumentar el radio de libro por habitante a 1.70, con lo que cual se superará por primera vez en la historia de este país la franja de 1.5 que fijan los organismos internacionales, entre ellos la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Blanco, máximo responsable de aplicar y desarrollar las políticas de fomento a la lectura, explicó que “en años recientes se han producido varios cambios, uno de ellos muy importante: los partidos políticos han asumido en todos sus programas electorales el fomento a la lectura como actividad esencial de su gestión. Es decir, la lectura se ha colocado como paradigma positivo”.

Otra cuestión fundamental en el aumento de lectores es la mejoría del sistema de bibliotecas, tanto de las grandes –alrededor de 700 en todo el país– como de las pequeñas e itinerantes. Antes de que termine esta legislatura –en 2012– la red de grandes bibliotecas estará terminada. Además, está en marcha un plan extraordinario de adquisiciones de libros. “España es una gran potencia editora –se producen al día casi un millón ejemplares–, por lo que era necesario romper esa contradicción de la abundancia, incluso hasta la indigestión de producción de libros, y cierta indigencia de disponibilidad en bibliotecas.”

El director general del libro señaló que “también se fomenta la lectura mediante la creación de leyes. En primer lugar está la de educación, que ya recoge la obligatoriedad de los centros educativos de disponer de biblioteca escolar, y que está provocando grandes inversiones en todas las Comunidades Autónomas. En segundo lugar, la ley de la lectura, libro y las bibliotecas”.

La ley de 1975 era fundamentalmente industrial; así, la nueva normativa se centra en la lectura, e incluye al resto de los factores, como el industrial. “La nueva ley, que no excluye la producción, tiene en cuenta a todos los agentes: creadores de libros, productores, comerciantes, distribuidores, bibliotecarios y, por supuesto, el lector, eje por el que todo fluye. Así que todo va canalizado hacia él. En ese orden hay que atender a los involucrados, con el objetivo de que todo termine y empiece en el lector”, explicó.

Ley consensuada

El precio fijo es una de las prioridades de la nueva ley, por lo que se mantuvo el modelo de 1975, pese a que grupos conservadores y grandes industriales del sector presionaran para que se tomara el modelo británico. A este respecto, Blanco señaló que “aunque sea atípico este sistema de los planteamientos ultraliberales de la economía, en el caso del libro creemos que es necesario, para que este ecosistema mantenga su equilibrio, además de que se sostenga la diversidad y la pluralidad del sector.”

La ley española de fomento a la lectura es de “largo recorrido”, ya que una vez aprobada permite la incorporación sobre la marcha de nuevas medidas, con lo que a sólo un año de su aprobación se han emitido tres nuevos reales decretos. El primero, de cooperación bibliotecaria; es decir, especie de pacto entre las administraciones del país para que no se produzcan desajustes en los servicios bibliotecarios. Luego, un segundo decreto, con el que se unificó la red de grandes bibliotecas del Estado para ponerlas al servicio de los ciudadanos, pues muchas estaban ocultas. Y el último decreto fue para la creación del observatorio de la lectura y el libro, con el que se busca imponer una atalaya que informe sobre la situación de la lectura y del libro en el país, incluidos índices de lectores y la situación industrial. Aún están pendientes otros reales decretos, como el que se refiere al préstamo bibliotecario y otro en favor de los creadores.

“Todas estas medidas las emitimos en audiencia, en la que participan el sector y las administraciones. Precisamente una de las características de esta ley es que fue muy dialogada. De hecho, salió del Congreso y del Senado sin votos en contra. Con este espíritu queremos trabajar para que siga el aumento del número de lectores, que –repito– es el eje sobre el que giran todas nuestras políticas relacionadas con el libro y la lectura”, finalizó Blanco.

 
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