Usted está aquí: lunes 11 de septiembre de 2006 Deportes Fracasó el hierro de Ayala de Valdés en la Plaza México

Fracasó el hierro de Ayala de Valdés en la Plaza México

LUMBRERA CHICO

De mal en peor, los "nuevos" administradores de la Monumental Plaza México se parecen más al veterinario que los contrató para que le hicieran al cuento de que iban a "renovar" la fiesta brava. Para la novillada de ayer, novena de la temporada chica, escogieron un encierro del montón, que fue rechazado por falta de edad y trapío (lo que ya es decir). Lo sustituyeron por otro de los herederos de don Reyes Huerta, que tampoco logró la aprobación, pero por viejo.

Y por fin consiguieron uno de la dehesa de Ayala de Sergio Valdés, que así se llama -Ayala de Sergio Valdés- y que resultó ser una colección de chivos cornigachos y enclenques, ante los cuales poco tuvieron que hacer y decir dos magníficos prospectos mexicanos, llamados Octavio García El Payo y Mario Aguilar. En su presentación, la semana pasada, ante el mismo público, ambos derrocharon clase y valor, cortaron sendas orejas y se ganaron a pulso el derecho de repetir ayer. Pero con ese ganado, indigno de una plaza tan seria como La Florecita de Ciudad Satélite, sudaron la gota gorda para situarse a la altura de su afición indudable, de su gusto por hacer lo que hacen.

Abolengo venido a menos

¿Qué flautas tañía junto a ellos un mequetrefe como Jairo Miguel, de supuestos 13 años, carente de gracia, personalidad, oficio y hambre de triunfo? Los "renovadores" empresarios sabrán por qué lo incluyeron en el cartel, confiando quizá en que por su origen español el muchacho atraería más público a los tendidos, algo que no ocurrió ni mucho menos. Por eso, lo más interesante de la tarde, además de la buena disposición de los muchachos mexicanos, era la historia de la ganadería de Ayala de Sergio Valdés, que fue fundada en 1880 en el municipio de Villa Victoria, hoy estado de México, por don Vicente Pliego y Carmona, con vacas y sementales criollos.

Según los bibliófilos taurinos, el hierro de Ayala debutó el 19 de enero de 1885 en Tenango, ahí mismo en el estado de México, y no fue hasta el 14 de octubre de 1888 cuando lidió por primera vez en la capital del país, en una corrida de la plaza Colón en la que alternaron Valentín Zavala y Jesús Adame.

Cuando don Vicente murió, la ganadería pasó a manos de su hijo, Ignacio Pliego Rodríguez, que la conservó hasta 1927, año en que la heredan sus siete hijos, pero fue el mayor de todos, también llamado Vicente, el que la reconstituyó con 20 vacas y 3 sementales de San Mateo para refozarla con la sangre brava del Marqués de Saltillo. En 1932, el nuevo encaste debutó en la plaza del Toreo de la colonia Condesa y en 1935 adquirió tres pavos más de San Mateo.

En 1939, expropiado el terreno donde se asentaba originalmente, se mudó al rancho Amarillas, en Ixtlahuaca, siempre en el estado de México, donde su propietario murió en 1968, pero los hermanos de éste la retuvieron hasta 1976, año en que la compró don Ezequiel Robledo, quien se la vendería, en 1991, a su dueño actual. Ante una historia de semejante abolengo, es una pena que sus actuales ligas de sangre no le estén dando nada bueno.

 
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