Usted está aquí: domingo 18 de junio de 2006 Deportes La Copa del Mundo está inundada de jugadores y técnicos supersticiosos

Zagallo implora el número 13; La Volpe no cambia de ropa

La Copa del Mundo está inundada de jugadores y técnicos supersticiosos

AFP

Berlin, 17 de junio. Conjuros como jamás vestirse de amarillo, sentarse en el mismo asiento del autobús, confiar en el número 13 o besarse el anillo, abundan en este Mundial de Futbol para espantar la mala suerte y atraer a los buenos espíritus.

Supersticiosos hasta el tope, decenas de jugadores y directores técnicos cumplen cada día, más aún en los días de juego, con su parafernalia, muchas veces vecina de la obsesión.

Un caso raro es Mario Lobo Zagallo, el veterano seleccionador de Brasil, quien ahora cumple labores de coordinador técnico en la Verdeamarelha, que parece un amuleto en sí mismo.

Zagallo posee una soberbia cosecha de títulos mundiales, dos de ellos como jugador en Suecia 1958 y Chile 1962, uno como técnico en México 1970 y otro como ayudante de campo en Estados Unidos 1994.

Pero además es un creyente de esotéricas liturgias, desde que usaba la camiseta con el número 13, pese a que para la mayoría es un imán de la mala fortuna.

Zagallo dijo que prefería esa camiseta porque su mujer había nacido un 13 de julio, onomástico de San Antonio, a quien le profesaba devoción.

También está convencido de que la buena estrella brasileña fue haber debutado un martes 13 de junio, con victoria ante Croacia por 1-0, y celebrar que el nombre del técnico, Carlos Alberto Parreira, tenga 13 letras.

El colmo: los pentacampeones usan el color amarillo en su camiseta, porque su influjo causa temor en otras escuadras, como España y, en particular, a su técnico, Luis Aragonés.

"Ni se te ocurra vestirte de amarillo", canta Joan Manuel Serrat, y recomienda cruzar los dedos y no pasar debajo de una escalera.

La Volpe con la misma ropa

Por su parte, al llegar a Alemania, Aragonés rechazó un ramo de flores porque había entre ellas algunas amarillas, tonalidad que generó pavor a Ricardo, el arquero de Portugal, que prefiere vestirse de negro.

El destacado delantero español Raúl besa su anillo de casado cuando festeja un gol, y el volante argentino Juan Román Riquelme lleva colgada una medallita que le regaló su hija Florencia.

El seleccionador italiano, Marcello Lippi, jura que no heredó las costumbres de su colega Giovanni Trapattoni, quien siempre llevaba a la cancha una botella de agua bendita, pero admitió que un amigo le regaló antes del Mundial una botella de vino para la buena suerte.

Lippi, algo descreído, dijo que al final no trajo botella, sencillamente porque ha comenzado a bebérsela.

En tanto, el entrenador de Angola, Luis de Oliveira Goncalves, desmintió que su equipo necesite de la magia negra.

"La televisión portuguesa dijo que habíamos traído a un brujo. Creo que es una falta de respeto. Trabajamos de forma científica y nuestros entrenadores estudiaron en las mismas escuelas que quienes trabajan en Europa", dijo.

La declaración alivió al Brujo Mayor de México, quien reza a la Santa Muerte para proteger a selección azteca y dos veces al día enciende un puro e incienso en un ritual frente a su altar.

El hechicero mostró preocupación por la magia y los ritos "más impactantes" que se practican en el país africano.

Donde faltó magia fue en la cancha, según lo evidenció el pobre empate de Angola y México. Ricardo Antonio Lavolpe es devoto de las cábalas, como no cambiar de ropa ni hábitos de los días triunfales.

Se sabe que el seleccionador francés, Raymond Domenech, cree en las revelaciones de los horóscopos, pero nadie ha podido probar el rumor de que elige los jugadores por el signo del Zodiaco al que pertenecen.

El defensa inglés John Terry confesó ser tan supersticioso que debe ocupar el mismo asiento en el autobús del equipo y atar las cintas de las medias tres veces.

"Cuando voy en coche al juego tengo que escuchar el mismo cedé", dice Terry.

El sociólogo Peter Loire escribió en El libro de las supersticiones que éstas son un mecanismo contra las fluctuaciones del azar, y van desde persignarse hasta entrar a la cancha con el pie derecho.

Pero los conjuros son también un buen negocio. Una empresa comercializa en Alemania 2006 muñecos vudú para luchar contra los rivales.

 
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