Usted está aquí: sábado 1 de abril de 2006 Opinión Dos de Guadalajara

Leonardo Garcia Tsao

Dos de Guadalajara

Ayer concluyó la edición 21 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara -antes, Muestra de Cine Mexicano-, con un nuevo director, Jorge Sánchez, quien le dio un indudable y muy necesario aire de profesionalismo al asunto. Aunque no pude estar presente durante todo el festival, la reacción positiva de los invitados extranjeros -y el prestigio de muchos de ellos- dieron cuenta de esa mejoría.

Por supuesto quedan algunos detalles que ajustar. Por ejemplo, aunque el cine mexicano ha dejado de ser el principal enfoque de su carácter competitivo, no justifica que las películas participen en desigualdad de circunstancias. Desde el año pasado era objetable el hecho de que algunas fueran elegidas para competir en las categorías iberoamericana y mexicana, mientras otras se limitaran al segundo. Eso se agravó en esta ocasión por el hecho de que las cintas de la competencia nacional no tenían derecho a una proyección de prensa, ni a su correspondiente conferencia con los medios.

Por esa razón no pude ver la versión final de Más que a nada en el mundo, opera prima de Andrés León Becker y Javier Solar, producida por el Centro de Capacitación Cinematográfica. Sólo conocía un primer corte en video, y su evidente calidad me hizo recomendarla a ser seleccionada. Ciertamente fue una sorpresa encontrar que se exhibía en circunstancias desfavorables. Un festival, cuyo objetivo primordial es la promoción de la cinematografía local, no debe dar una impresión de parcialidad, de favorecer a algunos títulos mientras se relega a otros.

De la abundante oferta del festival -que también requiere una programación más clara y ordenada- logré ver la mayoría de los nuevos largometrajes mexicanos. Entre ellos, sobresale Fuera del cielo, otra opera prima de un egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica, Javier Patrón en este caso. Inicialmente titulado El Marlboro y el Cucú, se trata de un proyecto que llevó mucho más tiempo del habitual. Si bien se sacrificaron muchas de las subtramas aportadas por Vicente Leñero al guión original de Guillermo Ríos, el resultado es un sólido ejercicio en cine negro a la mexicana, sobre cómo un delincuente enfrenta, al salir de la cárcel, el deterioro de sus relaciones personales, en especial con su hermano menor, quien parece seguir sus pasos. La eficaz realización de Patrón y un reparto muy cumplidor -Demián Bichir, Armando Martínez, el imprescindible Damián Alcázar, Rafael Inclán y Elizabeth Cervantes, entre otros- ayudan a crear una atmósfera mitificada y evocadora de anteriores esfuerzos como Nocaut y Hasta morir.

El otro título satisfactorio dura poco más de una hora y es un documental. Al otro lado, de Natalia Almada -no confundir con la película homónima de Gustavo Loza- ya se había exhibido en el festival de Morelia y en el programa de Ambulantes, pero merece más difusión. Sobre el tema de los corridos y su importancia como crónica fundamental de la vida norteña fronteriza, la realizadora consigue abordar los problemas urgentes de la zona, centrándose en el cada vez mayor número de mexicanos que emigran a Estados Unidos. Con singular capacidad de síntesis, Almada construye su descripción sobre la figura del pescador Magdiel, quien aspira a desarrollar una exitosa carrera como cantautor de corridos para un público mexicano-estadunidense, fervoroso seguidor de intérpretes emblemáticos como Los Tigres del Norte y el fallecido Chalino Sánchez.

Al otro lado abunda en revelaciones significativas, como la conexión cultural que se ha dado entre los corridos y el hip hop, emparentados por originarse en los barrios marginados. Mientras una toma de una abundancia trágica de tumbas anónimas en un cementerio de Arizona sirve de prueba contundente del riesgo implícito de cruzar la frontera ilegalmente.

Ese par de películas resumen las instancias que, con regularidad, han sobresalido y dado relevancia al festival de Guadalajara: cineastas debutantes de ambos sexos, por lo general egresados de las escuelas de cine, que ofrecen miradas pertinentes sobre la realidad mexicana, mediante la ficción o el documental.

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