Usted está aquí: sábado 1 de abril de 2006 Opinión MEXICO SA

MEXICO SA

Carlos Fernández-Vega

Congreso de la República de las Estrellas

Descarada exhibición de legisladores

Remota posibilidad de veto

Las rebanadas del pastel:

Ampliar la imagen Sesión ordinaria del Senado el jueves pasado Foto: José Antonio López

HONORABLE PANTALLA DE la nación: el Congreso de la República de las Estrellas aprobó la ley Televisa, tras que 81 senadores completaron la actuación de 372 diputados, todos en acción de redondeo con el gobierno del "cambio".

ALGUNOS ILUSOS, DESESPERADOS ante la descarada exhibición del Legislativo, creen que el inquilino de Los Pinos ("y yo por qué") brincará a la palestra para vetar lo aprobado por senadores y diputados, en defensa de los intereses nacionales y como una decidida acción para romper el oligopolio de los medios electrónicos, especialmente en el ámbito televisivo.

SOÑADORES SE QUEDARAN, porque el sexenio del "cambio" no ha cambiado nada. Por el contrario, la generosidad oficial para con los dueños de México, Sociedad Anónima, con recursos de la nación, nada tiene que envidiarle al régimen del "pasado".

EL NUEVO MARCO legal para radio, televisión y telecomunicaciones es la gran cereza del pastel que a favor de los dueños de un gobierno de, para y por los empresarios (Fox dixit) ha cocinado el régimen político mexicano, el de "antes" y el de "ahora".

MAS ALLA DE las conocidas concesiones (radio y televisión, con sus constantes refrendos y ampliaciones), los ingredientes del gran pastel incluyen otras vetas: bancos, líneas aéreas, financieras, rescates Fobaproa, exenciones fiscales, telefonía celular, Internet, buró de crédito, Afore, aseguradoras, casinos, chiquihuitazos y un sin fin de negocios que crecen como la espuma, siempre con la gracia y bendición de la gerencia en turno en Los Pinos.

AHORA, ADUCIENDO LA "senilidad" de una ley vigente por más de 40 años, a la que el oligopolio radial y televisivo exprimió hasta la última gota, el poder público otorga a los dueños del sector una nueva veta, sin que la nación reciba algo a cambio, nada que no sea circo, mucho circo, e impunidad.

POR SU FALTA de pudor senadores y diputados son el centro de atención de la opinión pública, pero no han sido los únicos que por lentejas duras venden barato su amor. Es la democracia, dicen, cuando en realidad es otro capítulo de la vieja historia de los objetivos económicos, por encima de los principios ideológicos, si éstos, en realidad, existieron alguna vez.

ATRAS DE ELLOS, de muertito, nadan los candidatos presidenciales. "No es mi tema", dice Madrazo; "da claridad al sector", asegura Felipillo, el de las manos limpias y las uñas largas; "mejor para la próxima", se escurre el peje. Consumado el atraco, ¿con qué cara pedirán el voto ciudadano? Y que Diego no se preocupe: a cambio del regalo legislativo, el duopolio le compra una sastrería para él solito, en la que Enrique Jackson puede ser el valet parking y Emilio Gamboa el que levante los pedidos.

¿QUE LOS BIENES de la nación son de y para beneficio de los mexicanos? Claro que sí, y quien diga lo contrario, favor de dirigir sus quejas a Los Pinos, San Lázaro y Xicoténcatl, con copia a las casas de campaña, para que ellos, a su vez, las hagan llegar a los dueños de México, Sociedad Anónima.

EN ESTE AMBIENTE, cómo olvidar el regalo fiscal que en 2002 y en charola de oro la pareja presidencial entregó a los barones hertzianos. A cambio, cero cuestionamientos a la incapacidad presidencial y mucho, muchísimo redondeo para Martita y Vamos México.

EN OCTUBRE DE 2002 se escuchó el sonoro "gracias, señor Presidente" -en turno- pronunciado por Bernardo Gómez, vicepresidente de Televisa, con el que ratificaba la histórica e inquebrantable alianza entre los poderes de la Unión: el Televisivo y el Ejecutivo.

EN LA SEMANA Nacional de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT), sus directivos ovacionaron al señor Presidente -en turno-. No fue para menos: Vicente Fox, magnánimo y de un plumazo, les "modernizó" un decreto -1969- de Gustavo Díaz Ordaz (al que, dicho sea de paso, también ovacionaron en su momento) y democráticamente les redujo 90 por ciento de los impuestos en especie.

ESA MISMA PROPORCION es la que acaparan la televisión (80 por ciento) y la radio (10 por ciento) en un mercado publicitario que de 1996 a 2001 pagó promocionales por casi 11 mil 400 millones de dólares, sin incluir erogaciones gubernamentales por el mismo concepto, mismas que en 1999 sumaron cerca de 800 millones de dólares y en 2000 -año electoral- alrededor de mil 500 millones, de acuerdo con la propia Cámara.

EN ESE ACTO, Bernardo Gómez ilustraba la reciedumbre de los concesionarios y su vocación democrática: "durante 33 años este impuesto -el 12.5 por ciento en especie- amenazó nuestra libertad de expresión por su incertidumbre, tributo que año con año negociaban los políticos del pasado con reglas ya también del pasado... Las nuevas generaciones de radiodifusores seguían pagando el crimen de sus padres y abuelos por haber dado voz e imagen a los opositores (que en su momento calificaron de gavilleros, roba vacas, revoltosos, comunistas come niños, provocadores, agentes externos, extremistas pagados con el oro de Moscú y demás creativos epítetos) del gobierno de aquel entonces."

POR ELLO, EL sonoro "gracias, señor Presidente" -en turno- y la renovada catarsis de los integrantes de la CIRT ante la democrática decisión de Vicente Fox, lejos de convencer de la "vocación democrática" -¡por fin liberada de la ignominiosa mazmorra por el gobierno del cambio!- de los medios electrónicos, parece fortalecer las dudas: Justo cuando en el discurso se resalta la actitud transparente del gobierno y los empresarios del ramo; que lo hecho es por el bien de la libertad de expresión y, por ende, del país; que, ahora sí, la cosa va en serio y se erradican alianzas vergonzantes entre los poderes Ejecutivo y Televisivo, y que se acabó el juego del toma y daca (concesiones por imagen, jugosos negocios a cambio de apoyo político), justo en ese momento se procede como en los mejores tiempos: negociación en la cúpula, fast track, consensos al bote de basura y floridos mensajes que reivindican las más íntimas fibras alemanistas de los concesionarios.

ESO FUE EN 2002. Cuatro años después se repite el numerito, con la clásica música de fondo: ¡Gracias, señor Presidente! (en turno). Los coros, de senadores y diputados, y el canal, pues el de las estrellas.

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