Usted está aquí: lunes 12 de septiembre de 2005 Deportes Ganó el clásico

José Cueli

Ganó el clásico

El mismo tedio en la Plaza México y sus alrededores. El mismo hastío en las taquerías y bares. El cielo con nubes de pesimismo. La temporada de novilladas no levanta, ni siquiera abre los ojos. Ni un novillero con posibilidades de seguir a la temporada grande. Los cabales vivimos la decepción como parte del ser aficionados. Según la temporada avanza hacia el final, las frustraciones van con ello.

Se vino abajo Paul Cortez que había indultado una "carretilla". Esas carretillas salen muy de vez en cuando. Hilda Tenorio la "frescura torera", mal administrada, terminó en la enfermería, tras banderillar un novillón imposible. Gitanillo de Tlalpan, Muñoz, Rivera, López, con posibilidades de llegar, aún se les ve muy verdes y con poca consistencia.

Total, el tedio de la Plaza México es el mismo y el ruedo refleja un cielo lleno de nubes pesimistas. Como pesimistas los novilleros en procesión de regreso a los festivales pueblerinos, hundiendo en el polvo las zapatillas toreras y los sueños que no mueren. Como los peregrinos, siempre baja la cabeza en aquella terrible requisitoria que confía en encontrar aún algún, alguna. ¿Elizabeth? Espiga sepultada entre el polvo de los caminos.

Alguna vez, alguna sola vez tropiezan en la ruta con otros novilleros, cual perros nómadas, extraños e inquietantes, que no ladran jamás, que no levantan el hocico seco, ven de lado y caminan al margen de las carreteras y se pierden en algún recodo o en la suave inmersión del camino cuesta abajo. Los novilleros que no llegan ni a la México, ni Arroyo, ni la Florecita, Guadalajara, Aguascalientes o Monterrey.

 
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