Usted está aquí: lunes 12 de septiembre de 2005 Mundo Bush, atrapado entre el II-S y Katrina

Bush, atrapado entre el II-S y Katrina

El huracán destrozó el discurso de que nunca más EU quedaría vulnerable ante desastres

DAVID BROOKS CORRESPONSAL

Ampliar la imagen Decenas de personas se reunieron en Nueva York, en la zona donde estuvieron enclavadas las Torres Gemelas, al cumplirse el cuarto aniversario de los atentados del 11 de septiembre Foto: AP

Washington, 11 de septiembre. El gobierno de George W. Bush se halló hoy entre dos tragedias: el cuarto aniversario de los atentados del 11 de septiembre (11-S) -acto que representó un regalo político a esta presidencia- y el desastre de Katrina, que casi dos semanas después sigue como la peor crisis de la Casa Blanca.

No sorprende que, como ha hecho durante cuatro años, Bush intentara poner en primer plano la imagen del 11 de septiembre para defenderse de todas las críticas a su política. Sin embargo, el problema ahora es que su gobierno aseguró que, precisamente por el 11-S, este país nunca más sería vulnerable o estaría desprevenido ante un desastre o amenaza nacional. El huracán Katrina demostró todo lo contrario. Tras los sucesos del 11-S el gobierno de Bush registró los niveles más altos de aprobación y logró imponer, casi sin oposición, toda su agenda política; en cambio ahora tiene el más bajo respaldo y se ponen al descubierto los costos sociales y económicos de la agenda presidencial.

Bush y su equipo guardaron un minuto de silencio a las 8:46 de la mañana -el momento en que se estrelló el primer avión contra las Torres Gemelas- y se sumaron a un acto religioso en esta capital para recordar la tragedia.

Por la tarde el mandatario viajó hacia Nueva Orleáns para su tercera visita a la zona afectada por Katrina -y la más larga (pernoctará en la zona en un barco de la Marina)-, donde visitará esa ciudad y después Gulfport, Mississippi.

En tanto, miles de personas se sumaron a la marcha oficial Caminata de Libertad, Estados Unidos te apoya, organizada por el Pentágono, para conmemorar el 11 de septiembre y a la vez "honrar" a las fuerzas armadas. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, declaró en una ceremonia oficial en el Cementerio Nacional de Arlington que "hoy la historia se escribe por los hombres y mujeres valientes de las fuerzas armadas de Estados Unidos y por ciudadanos con determinación, quienes harán todo lo posible por ganar esta prueba de voluntades para evitar que nuestros hijos padezcan la tristeza y el terror del 11 de septiembre". De nuevo habló de la amenaza, odio y extremismo de los "terroristas", y afirmó que "a través de la historia han existido aquellos que buscan el poder a través del temor y el asesinato masivo, pero todos han caído".

La marcha no estaba abierta a todos; había que registrarse antes de este fin de semana para participar (o ser arrestado si se presentaba sin ese aval), lo cual parecía una maniobra para limitar el acceso al acto a opositores de la guerra (aunque un pequeño grupo de manifestantes antibélicos sí marchó con ellos). El objetivo de la marcha era apoyar las políticas de Bush en la guerra contra "el terror". Los participantes cantaron Dios bendiga a Estados Unidos en las afueras de la sección del Pentágono destruida el 11 de septiembre.

La disputa sobre quién tuvo la culpa por la respuesta gubernamental ante el desastre del huracán -dejando una metrópolis estadunidense anulada y provocando el mayor desplazamiento humano en este país desde la Guerra Civil- tendrá costos políticos a todos los niveles, coinciden políticos de ambos partidos, expertos y estrategas electorales. Aunque se supone que los republicanos, empezando por el presidente, podrían ser los más castigados por el electorado, algunos demócratas temen que todos los políticos electos se verán afectados, ya que se podría producir una expresión ciudadana de "fuera todos" como resultado de esto.

Algunos estrategas republicanos, señaló hoy el Washington Post, temen que Katrina también haya destruido uno de los principales "atributos" de este presidente: la imagen de que Bush era capaz y estable ante una crisis. Dos encuestas difundidas ayer registraron los índices de apoyo más bajos de su presidencia: 38 por ciento en el sondeo de Newsweek y 42 por ciento en el de la revista Time. El Post cita al experto y ex asesor presidencial David Gergen señalando que los políticos electos de ambos partidos están "bailando peligrosamente cerca del borde ahora. Los precios de gasolina están fuera de control, estamos empantanados en Irak y ahora los políticos (frente a Katrina) parecen estar más dedicados a hablar que a actuar".

Pero tal vez lo más grave para la Casa Blanca y sus aliados en estas fechas de conmemoración del 11-S es precisamente que en respuesta a los atentados, el gobierno de Bush anunció que su prioridad era asegurar que este país jamás sería sorprendido por una amenaza de ningún tipo contra su territorio, e implementó una restructuración sin precedente en la burocracia federal para demostrarlo. Con ello nació la agencia federal más grande desde los tiempos del New Deal, el Departamento de Seguridad Interna, con más de 180 mil empleados y una serie de planes y estrategias para asegurar que el país estará preparado para enfrentar cualquier amenaza, sea "terrorista" o natural. Este mismo año se anunció un nuevo plan para resguardar la nación, en el que se detalla cómo el gobierno federal debe estar preparado para asistir a gobiernos locales y estatales en caso de un desastre de dimensiones catastróficas.

Pero Katrina reveló que a pesar de nuevas instancias de cooperación entre agencias a todos los niveles, con el establecimiento de representantes de seguridad interna en todas las ciudades del país, planes para activar respuestas rápidas a crisis de seguridad, de salud publica y de rescate, nada o poco funcionó. La confusión, la ineptitud, preocupaciones políticas y legales entre burócratas y las consecuencias de planes federales que dejaron abandonados proyectos de infraestructura y programas de apoyo social -y la guerra en Irak- demostraron que a cuatro años del 11-S, el gran compromiso del gobierno de Bush de defender la seguridad interna simplemente no se había cumplido.

Hay mil detalles, y otros nuevos se revelan cada día, que comprueban los fracasos del gobierno a todos los niveles. Por ejemplo, el Washington Post, en un amplio reportaje sobre la respuesta gubernamental diaria durante la primera semana del desastre, cuenta que no existían planes de contingencia para superar interrupciones de comunicación y transporte en la implementación del plan de respuesta federal a un desastre, y por eso la Guardia Nacional -el 29 de agosto cuando Katrina golpeó la costa del golfo- sólo contaba con un teléfono satelital para toda la costa de Mississippi (los demás estaban en Irak).

Ahora esta presidencia se encuentra atrapada entre un 11 de septiembre y un 29 de agosto. Al marcar dos semanas de esta segunda tragedia nacional, parece que el 11-S tal vez ya no funcionará para ocultar y justificar todo lo demás. Tal vez el 11 de septiembre, en su uso como justificación y arma política del gobierno de Bush, ahora fue algo que el viento de Katrina se llevó.

 
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