Usted está aquí: jueves 28 de julio de 2005 Política El balance obligado

Martí Batres Guadarrama

El balance obligado

Estamos a un día de que Andrés Manuel López Obrador, jefe de Gobierno del Distrito Federal, se separe del cargo para buscar la candidatura presidencial del PRD. Es momento obligado de balance y de análisis. Con su salida concluye un ciclo. No sólo resalta el trabajo intenso realizado, sino la profundidad del cambio logrado. Aquí se dio un viraje y se percibió la diferencia de un gobierno de izquierda. Se abrió paso la política social de los derechos universales y resurgió la obra pública, abandonada en la concepción neoliberal de que el mercado resuelve todo.

La ciudad cambió. Cambió la forma de gobernar y el estado de ánimo de la población. López Obrador deja una ciudad con un distribuidor vial de Zaragoza (tirado literalmente en el pavimento durante 10 años), un segundo piso en el Periférico, tres puentes espectaculares en Santa Fe, la remodelación de la zona financiera comercial del Centro Histórico, la construcción de la Plaza Juárez, con el rescate del Templo Corpus Christi, y la construcción de las torres de la Secretaría de Relaciones Exteriores y del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, la ciclopista, el corredor Reforma, el Metrobús, que pese a sus dificultades iniciales ha demostrado ser una alternativa de mejoramiento del paisaje urbano, de la velocidad en la avenida Insurgentes y del transporte público; dos nuevas estaciones de bomberos, dos nuevos reclusorios, 40 coordinaciones territoriales de seguridad pública; un hospital de especialidades, después de 18 años que no construía uno el gobierno de la ciudad; una Universidad de la Ciudad de México, después de 30 años que no se construía una universidad pública en el Distrito Federal, 16 preparatorias, 120 mil viviendas de interés social; además, la adquisición de 45 trenes nuevos del metro. Tendrá que contarse también la sustitución de los viejos taxis por nuevos vehículos, y de un porcentaje de microbuses por nuevos autobuses, la ampliación de las líneas de la Red de Transporte de Pasajeros, sistema de transporte público de la ciudad.

Obviamente están los programas sociales, tales como la pensión universal ciudadana, las becas para madres solteras y personas con discapacidad, la atención a jóvenes en situación de riesgo, el programa de útiles escolares gratuitos, el de apoyo a unidades habitacionales, mayor proceso de regularización y escrituración de terrenos de las clases populares.

Nada de ello podría haberse logrado sin el programa de austeridad, que restringió los salarios de los altos funcionarios, las remodelaciones de oficinas, el exceso de asesores y secretarios particulares, la renovación del parque vehicular. Gracias a esta política se ahorraron más de 10 mil millones de pesos para destinarlos a las necesidades de la sociedad capitalina.

Se agregar a esto la política de desarrollo urbano, que restringió la construcción de unidades habitacionales en el sur de la ciudad y alentó el repoblamiento de la parte central. De igual manera, en la seguridad pública se crearon las coordinaciones territoriales, que enlazan en la base de 70 circunscripciones a Ministerio Público, Policía Preventiva, Juzgados Cívicos, instancias de Participación Ciudadana, Gobierno Delegacional y Gobierno Central, todos dirigidas por mujeres; así como los estímulos a los policías eficientes, y la elevación de remisiones y consignaciones de delincuentes.

En el terreno financiero se disminuyó paulatinamente el monto de la contratación de deuda, así como el porcentaje de deuda en el gasto público, y se redujo incluso el monto total de la deuda de 2003 a 2005.

La gran virtud del gobierno de López Obrador consistió en buscar y concretar el mayor número de beneficios reales y directos para la población. Eso es lo que hace la diferencia, y el secreto de su fuerza, toda vez que la mayoría de los funcionarios y gobernantes llegan a los cargos públicos a buscar su enriquecimiento personal, la satisfacción de las presiones de grupos de interés, o simplemente se pierden en la maraña burocrática sin poder hacer nada.

Después de una ofensiva tan feroz como los videoescándalos, el intento de doblegarlo para pagar mil 800 millones de pesos a un falso dueño del Paraje San Juan, el intento de quitarle 9 mil millones de pesos, y aun el desafuero consumado en su contra, López Obrador sobrevivió por una razón: ha tenido el apoyo popular.

Las claves de AMLO son: 1. Programa de austeridad, 2. La política social de los derechos universales, 3. La obra pública, 4. El activamiento del aparato gubernamental.

Prácticamente, la administración actual avanzó en todos los terrenos, en mayor o menor medida. Sin embargo, el siguiente gobierno deberá profundizar el programa actual, especialmente, en lo social; se tendrán que seguir tomando medidas en relación al tema del agua, continuar la modernización de vías primarias, sobre todo en el oriente, y apretar el ritmo en las tareas de seguridad pública; debe seguirse avanzando en la disminución del comercio en vía pública. Y amplificarse y profundizarse la política cultural.

Esperamos que prive la altura de miras y la visión nacional, para cuidar todo lo que se ha logrado hasta ahora y profundizarlo. Parece lógico que el jefe de Gobierno sustituto sea alguien que conozca ampliamente el proyecto actual, la administración pública capitalina y que tenga en sus manos los hilos de la gobernabilidad. El candidato del PRD a la jefatura de Gobierno que emerja de las urnas para continuar con un gobierno perredista en la ciudad de México, tendrá que gobernar con las fuerzas democráticas y de izquierda y con un programa social elaborado por el partido.

 
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