Usted está aquí: martes 15 de marzo de 2005 Opinión Pobreza infantil en países ricos

Uzzi Ohana L. *

Pobreza infantil en países ricos

La pobreza infantil, que se asumía como un problema exclusivo de las naciones menos desarrolladas, resulta ser ahora un dolor de cabeza también para los países más ricos del planeta, entre ellos (cuestionablemente) México. Nuestra nación obtuvo el peor récord entre las evaluadas en el estudio Child Poverty in Rich Countries 2005 (Pobreza infantil en las naciones ricas 2005), elaborado por un centro especializado de UNICEF, según el cual, 27.7 por ciento de los niños mexicanos vive por debajo de la línea de pobreza.

Más allá del pésimo desempeño de México, sin duda preocupante y bochornoso, hay que centrarse en lo que sería la raíz del problema: el modo de producción actual -es decir, el capitalismo- es defectuosísimo y, lejos de generar riqueza colectiva, crea marginación y pobreza a gran escala. Esta realidad, desde luego, no exonera al gobierno mexicano -ni a ninguno otro- ni justifica su inepcia y miopía.

Las cifras contenidas en el estudio de UNICEF, publicado a principios de marzo, ilustran muy bien esta realidad: entre 40 y 50 millones de niños en los países más industrializados viven en pobreza "relativa", definida como los hogares con retribuciones menores al equivalente a 50 por ciento de la media nacional de ingreso. Además, en 17 de 24 naciones analizadas, todas pertenecientes a la Organización de Cooperación y de Desarrollo Económicos (OCDE), aumentó la pobreza infantil en los pasados 10 años. Lo que es peor: sólo la tasa de pobreza infantil de un país (Noruega) puede ser considerado "muy bajo y en continuo descenso". Estados Unidos sólo es superado por México, con 21.9 por ciento de sus niños viviendo en la pobreza, e Italia es el peor de Europa, con 16.6 por ciento, seguido muy de cerca por Nueva Zelanda (16.3 por ciento), Irlanda (15.7 por ciento), Portugal (15.6 por ciento), el Reino Unido (15.4 por ciento) y Canadá (14.9 por ciento).

Si esto pasa en las regiones más avanzadas y prósperas, ¿qué pueden esperar los niños que viven en países pobres? ¿Cuál es el futuro que se depara a las nuevas generaciones? ¿Tienen siquiera futuro?

Vicente Fox, optimista inquebrantable que habita en lo irreal, seguramente ajeno a este reporte, dijo el mismo día de la divulgación del estudio que "tenemos fundamentos para esperar un futuro mejor y generar mayores oportunidades para los jóvenes". Las perspectivas, sin embargo, parecen otras. Como describió el académico David Coates, "la globalización en su forma moderna es un proceso que está menos basado en la proliferación de computadoras que en la proliferación de proletarios [...] el proletariado mundial se ha duplicado en tan sólo una generación".

El reporte de UNICEF no son buenas noticias tampoco para el Banco Mundial y la ONU, entre otros actores internacionales, quienes, junto con las naciones más ricas, han impulsado un plan para reducir en 2015 la pobreza global a la mitad. En principio, ésta parecería una tarea encomiable. Pero, dejando de lado a la inocencia, hay dos cosas básicas que debemos entender sobre este asunto: primero, la pobreza y la inequidad del sistema internacional son condiciones esenciales para que los países ricos y poderosos sigan siéndolo; la explotación que ha existido históricamente por parte de países dominantes debe seguir, aunque sea a través de otros medios. Además, como expresó Bernard de Mandeville, citado por Marx en El capital, "sería mucho más fácil, donde la propiedad está bien segura, vivir sin dinero que sin pobres; pues, ¿quién haría el trabajo?" El segundo punto es que el alivio -que no la erradicación- de la pobreza es, antes que nada, un asunto de seguridad nacional para los países industrializados: mientras menos pobreza haya en el anacrónicamente llamado "Tercer Mundo", menos personas estarían dispuestas a arriesgarlo todo por desplazarse a territorio europeo o estadunidense y, de esta forma, se impediría la llegada masiva de inmigrantes que, entre otras cosas, supone una baja en la calidad de vida de esos países por el eventual crecimiento de la población.

Así las cosas, el futuro parece desalentador, pues la tendencia es que cada vez haya más pobres en el mundo -niños y adultos-, incluidos desde luego los países miembros de la OCDE. La erradicación de la pobreza es tan sólo un espejismo. Vestir a la globalización con ropajes humanos ha sido el reto. El reto que a diario se complica porque cada vez resulta más difícil esconder la pobreza del capitalismo.

* Economista

 
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