Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Sábado 13 de julio de 2002
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Economía

Carlos Marichal

La crisis del dólar y el triunfo del euro

La cadena de escándalos contables que se han producido en Estados Unidos en las semanas recientes han acentuado la caída de la cotización del dólar frente a otras monedas como el euro y el yen. Los desfalcos en empresas gigantes como Enron, WorldCom, Xerox o Merck han cimbrado la confianza casi ilimitada en Wall Street, que era característica de los años 90. Como consecuencia, los inversores internacionales están congelando sus estrategias de expansión o, alternativamente, están considerando reorientar sus fondos a otros mercados. Todo ello afecta notablemente al dólar, la moneda cuasi imperial desde hace más de medio siglo.

Al tiempo que el dólar entra en crisis, la nueva moneda común de la Unión Europea, el euro, ha estado subiendo en valor relativo. Recordemos, sin embargo, que la aceptación de la moneda europea no fue una tarea fácil. A principios de 2000, cuando se anunció su creación como unidad de cuenta, los bancos estadunidenses se lanzaron en contra y lograron que bajara su cotización inicial en más de 10 por ciento. También se criticó fuertemente la creación del Banco Central Europeo y la prensa de Estados Unidos auguró su pronto hundimiento. Sin embargo, desde enero de 2002, cuando se introdujo el euro de manera efectiva -como moneda contante y sonante en toda la Unión Europea- la situación comenzó a modificarse. La nueva moneda fue aceptada por los consumidores y comerciantes europeos en bloque, no estalló ninguna crisis y el Banco Central Europeo se consolidó como una fuerte autoridad monetaria.

La emergencia del euro como fuerte rival del dólar tiene profundas implicaciones económicas y políticas a largo plazo. Como es bien sabido, la soberanía monetaria es uno de los signos fundamentales de la soberanía política. A partir de ahora, la Unión Europea no tiene nada que envidiar en el terreno monetario con respecto de Estados Unidos. El euro es ya moneda de reserva respetada y ello, a su vez, atraerá, más capitales a los mercados de capitales europeos.

Las implicaciones de la declinación del dólar tanto a nivel real como simbólico tendrán, a su vez, fuertes consecuencias para la economía estadunidense. En primera instancia puede tener el efecto positivo de favorecer sus exportaciones y desalentar sus importaciones. No obstante en las últimas semanas, la prensa financiera como The Wall Street Journal y el Financial Times, vienen señalando con preocupación que también puede producirse una huida internacional de las inversiones en la bolsa de Nueva York y de las otras bolsas estadunidenses. Ello resultaría sumamente grave porque, como es bien sabido, desde hace unos 20 años, los mercados financieros de Estados Unidos disfrutan de enormes transferencias de dinero de todo el mundo (un promedio de 400 mil millones de dólares al año).

Estos flujos extraordinarios de dinero que han arribado a la primera potencia mundial en los pasados decenios han permitido el equilibrio de su balanza de pagos y, a la vez, han representado un estímulo formidable a las tasas de inversión en ese país y al auge bursátil de la década de los 90. Si los inversionistas europeos, japoneses y los ricos latinoamericanos (que han invertido enormes sumas en Wall Street) dejan de invertir allí, es claro que la economía estadunidense sufrirá un fuerte impacto negativo.

Al mismo tiempo, lo que se observa actualmente es una creciente alineación entre Europa y Japón en contra de Estados Unidos. Los políticos y empresarios japoneses y europeos desean un leve fortalecimiento de sus respectivas monedas, pero no quieren que se hunda el dólar ya que perjudicaría sus exportaciones. Ello se confirma por el hecho de que desde principios de año, el Banco Central de Japón ya ha gastado el equivalente de unos 30 mil millones de dólares para impedir una excesiva revalorización del yen. Pero al mismo tiempo, en una reciente cumbre celebrada en Tokio, Japón y la Unión Europea se han aliado en contra del creciente proteccionismo de Estados Unidos por la aplicación de tarifas extraordinarias sobre importaciones del acero, entre otros productos. Por todos estos motivos se está socavando rápidamente la hegemonía estadunidense en el terreno económico. Falta saber cuál va a ser su respuesta en el ámbito político y militar. A juzgar por las declaraciones belicistas que emanan de Washington, el panorama es altamente preocupante. El león herido ruge y vuelve a afilar sus garras

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