LUNES 15 DE MAYO DE 2000

Ť Melodías para menores inspiran su nueva obra


Cristina Rubalcava plasma colores para ver niños felices

Ť Pintó el Mural de la canción popular infantil mexicana

Merry Mac Masters Ť Los niños de México no deben llorar. Hacia ese fin, Cristina Rubalcava les ha pintado el Mural de la canción popular infantil mexicana, que será instalado en la estación del trenecito de la segunda sección del Bosque de Chapultepec.

Afirma la pintora: "Todos los niños del mundo tienen derecho a ser felices y particularmente los de México porque es mi país. No los puedo volver a ver tan pobres, tan tristes, llorando y en la calle. No fui niña rica pero canté de chiquita. Tuve el privilegio de que mis padres me dieron una educación sumamente rica. Fue una infancia feliz y por eso pude pintar el mural que dedico al nuevo México y a los niños actuales".

Las canciones siempre han sido una constante en la obra de Rubalcava. Primero, fueron los boleros. Hace unos años la artista volvió a escuchar a Cri Cri. "De ahí caí en una antología de canciones populares y encontré un sinnúmero de melodías mexicanas para niños -dice en entrevista-; se me ocurrió hacer el Mural de la canción popular infantil mexicana. Me invitó Adriana Luna Parrra, subdelegada del Bosque de Chapultepec. A través de la Casa Lamm, que es la galería que me representa, estuvimos trabajando dos años para documentar el proyecto".

Unas 20 canciones, entre ellas A la víbora de la mar, Negrito sandía, Doña Blanca, A la rueda de San Miguel, Rey de chocolate y princesa Caramelo, El chorrito, La muñeca fea y Las brujas, sirvieron de inspiración para la obra de 10 por 3.50 metros. La pájara pinta, que, sentada en su verde limón, "con el pico picaba la flor y con el ala acariciaba el amor", es una de las preferidas de la pintora. "Me encanta que esas canciones se hayan cantado a los niños. Ojalá que así siga porque en ellas están los valores necesarios para el desarrollo de un niño feliz, como la esperanza, el cariño, la ternura, el romanticismo, el amor, mismo el humor, mismo cosas sensuales y sexuales, unas más veladas. Está la vida entera en esas canciones".

Hace poco más de dos meses Rubalcava llegó de París, donde vive desde 1970, cargando los 36 metros cuadrados de tela, lo que constituyó toda una hazaña. Ya había utilizado esta tela antihumedad para un par de murales que realizó para dos hoteles en Acapulco y otro en Huatulco, y después de una década están "impecables". Instalada en su estudio de Tepoztlán, surgieron ciertos problemas técnicos relacionados con la movilidad. "Quisiera ser libélula para volar de una esquina del cuadro al otro, retirarme y volver a acercarme, pero no tengo alas. Me hubiera encantado que Superman, o uno de esos que vuela, llegara y me dijera: Ƒen qué te ayudo, mi amor?" Se tuvo que conformar con un ayudante que le moviera el andamio.

A Rubalcava le gusta hacer la composición del mural en uno o dos días, porque si no, "se me va". Como "una procesión a la Guadalupe", acabó con la piel de sus manos y sus uñas. Terminada esa fase, vino la de aplicar el color de algodón de azúcar, malvavisco y demás dulces. Más dibujante que colorista, asegura que en el momento de aplicar los primeros tonos, los 30 y tantos metros cambiaron, "como si cada uno fuera un hijo. Sin desatender a ninguno, hay que irlos puliendo hasta que se llegue a una armonía total".

(El mural de la canción popular infantil mexicana será develado el viernes 19, a las 11 horas, por Rosario Robles, jefa de Gobierno del Distrito Federal. Rubalcava invita a todos los niños, papás y abuelos a que vengan a cantar en vivo Naranja dulce, que "recuerda todos los abrazos que uno da y que espera durante la vida".)