La Jornada sábado 4 de diciembre de 1999

BALANCE INTERNACIONAL Ť Eduardo Loría
Las inequidades del crecimiento

Hemos comentado del sorprendente crecimiento económico de Estados Unidos, cuya principal explicación se encuentra en los sectores vinculados a la alta tecnología, como computadoras (software, servicios informativos), telecomunicaciones, servicios financieros y otros equipos especializados.

Durante algún tiempo se pensó que el crecimiento económico era un proceso parecido a la marea que eleva por igual a los botes pequeños y a los grandes barcos; o como señalaba Paul Samuelson, que el desarrollo es como una carrera ciclista, en la que quien va en la punta le "corta el aire" a los que van detrás, lo que permite que los más lentos avancen más fácilmente.

Sin embargo, lo que está ocurriendo en todo el mundo, pero quizá con particular elocuencia en Estados Unidos, es que la desigualdad está aumentando a pasos gigantescos. La respuesta parece encontrarse en el hecho de que el crecimiento está siendo generado por y para ese sector de nueva economía, que para el caso de Estados Unidos comprende a 19 millones de trabajadores, mientras que la vieja economía (compuesta por las áreas tradicionales como construcción, transportes, servicios educativos, de salud y personales, así como supermercados, que abarca a 91 millones de empleados) se ha quedado al margen de ese desempeño y avanza a una velocidad muy inferior. En el primer sector, desde 1994 los salarios reales en promedio anual han crecido en 11 por ciento y está generando empleos a razón de 4.1 por ciento, y en el resto de la economía en 3 por ciento, y la ocupación en menos de 2 por ciento, además de que gran parte de estos nuevos empleos son de alta precariedad (Macjobs). Asimismo, la productividad ha llegado a crecer en algunas ramas de la nueva economía hasta en 30 por ciento anualmente, mientras que en los tradicionales, cuando mucho en 2.5 por ciento.

Pero hay dos factores adicionales que ayudan en la explicación. Por un lado, en el segundo sector ha aumentado sensiblemente la flexibilidad laboral, en parte debido a la gran competencia que priva en él, por lo que tan sólo para conservar sus empleos precarios los trabajadores deben someterse continuamente a cursos de actualización y capacitación. Es decir, para no retroceder aún más, deben remar cada vez más fuerte, lo cual está generando un gran cansancio y resentimiento sociales y, por tanto, una crisis de expectativas en la economía más poderosa del planeta.

Si bien esta situación es social y políticamente riesgosa, lo sería aún más si el crecimiento económico llegara a reducirse, ya que los empleados del sector tradicional, al ser relativamente más vulnerables, ahora sí sufrirían de una caída absoluta en sus salarios al perder sus empleos en grandes cantidades.

De esta manera, nos encontramos que aun en presencia de un alto crecimiento económico, está aumentando la desigualdad y la tensión sociales. Pero imaginemos, por un momento, lo que ocurriría si se desacelera la actividad económica que, al parecer, es lo más probable.

[email protected]