Opinión
Ver día anteriorMartes 19 de febrero de 2019Ver día siguienteEdiciones anteriores
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La derecha mediática
S

e mostró con dureza durante la campaña electoral; y se pasmó y semiparalizó, asustada como ardilla, durante pocas semanas después del primero de julio. Sus fieles y convencidos soldados comenzaron a cerrar filas antes del primero de diciembre y, a la vista de unas libertades tan amplias como siempre, sabotean, critican en tumulto, fabrican burletas sin descanso, y desfiguran la realidad cuanto pueden. Pueblan la mayor parte del espacio de los medios escritos y electrónicos, y no cejan ni cejarán en su propósito de desequilibrar al gobierno de la Cuarta Transformación (4T). Conforman un extensísimo ejército: intelectuales, periodistas, locutores y conductores de programas radiofónicos y televisivos, tertulianos en mesas de opinión, deformando el espacio político cuanto les ha sido posible.

La derecha mediática habla por los viejos intereses de la aglomeración político-económica que gobernó hasta el primero de julio de 2018. Una derecha que muestra, de manera militante, su deseo intenso de volver por los grandes fueros efectivos que engrosaron sus bolsillos durante el periodo neoliberal.

Algunos se pensaban liberales progre, o así querían venderse, pero el jalón del tapete que les servía de contraste los denudó. El brusco cambio del espacio político, tan bien conocido para ellos, produjo un nuevo contraste, y delineó con precisión sus contornos reales de una derecha neoliberal militante. Como todos los neoliberales, son la derecha moderna.

Hace más de cuatro décadas nacieron y se volvieron dominantes. No tenemos aquí una derecha populista, de modo que el neoliberalismo mexicano reinó como en despoblado. El dueto panpriísta, con sus jorobas adosadas, era su expresión política. La derecha mediática fue la coraza de acompañamiento, de defensa, de pilar discursivo del dueto inefable. Hoy el discurso de esa derecha no sirve más a los intereses representados por el dueto, porque éste ha menguado visiblemente. Los intereses económicos defendidos por el dueto, sí que existen, aunque organizan su propia resistencia principal en campos distintos del mediático. De modo que a la derecha mediática no le queda más que crear un avispero en torno a la 4T: zumba, pica en pelotones nutridos, rezumba, y vuelve a la carga.

La crítica más incoherente de la derecha mediática es que el gobierno de Morena está destruyendo la democracia. ¿De qué hablan? ¿De que no hay contrapesos? ¿De que el Presidente acumula excesivo poder? Si el dueto de la corrupción y la impunidad es débil, si ven demasiado poder en AMLO, todo es resultado de la democracia que invocan. Fueron los votos ciudadanos los que produjeron la correlación de fuerzas políticas que está a la vista. ¿Contrapesos? Ciertamente la derecha mediática no es hoy un gran contrapeso, pero sí que lo son los mercados que votan todos los días a todas horas.

La complicada ecuación que enfrenta la derecha mediática es que el dueto casi desapareció. No existe, por tanto, el instrumento político con el que esa derecha pueda volver por sus fueros. Son soldados de la pluma y la palabra, y no saben del manejo del resorte político para ganar el poder. No es fácil mantenerse en el tiempo operando sólo como avispero sin la mediación política representada por el dueto.

A pesar de su proximidad actual con la inanidad, darán su lucha denodada, buscando provocar crispación y turbulencia en torno a la 4T. No les importa el creciente apoyo popular de AMLO mucho más allá del que se expresó el primero de julio. Confían en que los errores nacidos de la velocidad con la que ha debido tomar decisiones el Presidente, se acumulen lo suficiente como para empezar a producir desazón o de plano impaciencia y, mejor aún, franco enojo. Es el mejor caldo de cultivo para el avispero. Los veremos descargando sus aguijonazos sin cesar.

Hasta ahora el gobierno de Morena sigue actuando como si el alto respaldo popular con el que hoy cuenta pudiera sostenerse indefinidamente. Es difícil que ello ocurra así. El tiempo que tome el arribo de los beneficios a la mayoría de los millones de precarios, pese a la alta velocidad de las decisiones, puede empezar a producir disconformidad social.

Morena, desde fuera del gobierno no debiera –si es que ello ocurre– ver la actuación cotidiana de la derecha referida, simplemente como previsible. La repetición machacona de los aguijonazos ideológicos de raíz neoliberal, pueden acabar haciendo daño. La lucha ideológica amplia en los medios, todos los días, es indispensable, especialmente para los militantes de Morena.

Esos militantes no pueden perder de vista que, por muchos lustros, la derecha mediática contribuyó ampliamente a crear el consenso que permitió llegar al poder, alternativamente, al PRI y al PAN, y mantenerles una legitimidad basada en que el poder neoliberal estaba en lo correcto, que todas sus reformas estructurales estaban en el buen camino, aunque haya muchas cosas aún por reformar y profundizar, para que los mercados funcionen como se debe.