Teatro y literatura
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Hugo Salcedo nos habla
de las propuestas dramáticas que, cada día con mayor fuerza,
se hacen en el south border de Estados Unidos y nuestra frontera
norte, que son dos espíritus, dos cosmovisiones diferentes ubicadas
en el mismo territorio conflictivo. Los mitos del desierto alimentan estas
creaciones, aunque sus temas centrales se deriven de la espesa problemática
de lo que se ha venido convirtiendo en un tercer país, distinto
de los dos que se mueven en sus calles, caminos, trabajos, lenguas, aciertos,
humillaciones, vejaciones y movimientos del instinto de conservación.
Durante muchos años y salvo contadas excepciones, el único teatro, y por consecuencia la única dramaturgia censada con relevancia, era la que se escribía dentro de los linderos de la gran metrópoli. Las cosas han ido cambiando. Por fortuna hemos podido observar una modificación en la apreciación crítica que permite dar sitio a las dramaturgias redactadas en otros rumbos de la geografía nacional. En el norte sus protagonistas se han encaminado y comprometido con la potenciación de otro polo de desarrollo para la cultura teatral que se escucha fuerte en foros y conferencias no solamente de alcance nacional: la llamada south border de Estados Unidos o nuestra frontera norte, y que es la que marca con mayor decisión la pauta para las relaciones económicas y sociales de carácter binacional en este siglo que nace. En la porción septentrional mexicana se advierte un verdadero incremento de propuestas que experimenta con los mitos, los ritos y las voces populares en una cantata de imaginería heredada de la tradición oral; en discursos que describen la tenacidad de héroes caídos por las balas pero levantados por el furor colectivo; en el empeño de los hombres y mujeres de traspasar las barreras geográficas o cronológicas para alcanzar la meta de sus sueños perseguidos; en la transposición a contextos regionales de pasajes aprovechados de mitologías legendarias como pueden ser la hebrea o grecolatina; en la exposición fragmentada de la realidad que obliga al espectador a una particular reconstrucción de la historia o a la contaminación lingüística producida por el mestizaje de lenguas (el español y el inglés) y culturas (la mexicana y la angloamericana). El trabajo literario de Hernán Galindo, autor nacido y radicado en Monterrey, ha hecho suyos los hallazgos de la propia Elena Garro en la composición de su pieza Los niños de sal, texto ganador del Premio Nacional de Dramaturgia en 1994, cuya propuesta invita a adentrarnos en parajes de significados contrapuestos: presencia/ausencia, encanto/frustración, vida/muerte. La obra Ampárame Amparo, del tamaulipeco Medardo Treviño es un texto de similar exhalación poética. El autor indaga precisamente en esta modalidad de literatura nacional a la que antes nos hemos referido, ahora echando vuelo a la memoria de la protagonista Amparo que da tridimensionalidad a los recuerdos de muertos no anónimos ni distantes. A partir de su gran capacidad de síntesis, el autor aterriza con fortuna en la exploración del erotismo más embrujador. Obra que clama por la sangre derramada en una recuperación del orden cósmico, de rituales atrapados en la evocación del pasado con una tristeza infinita. Un nuevo relato de sobrescritura acerca del ancestral mito de La Llorona, que aparece aquí rodeada por cierta atmósfera misteriosa en los desiertos del norte, y que se ocupa de describir al personaje femenino como una Coyota que aúlla a la muerte.
La actual línea fronteriza del norte, con ciento cincuenta años de historia y más de tres mil kilómetros de longitud, divide a las dos economías tan dispares propiciando el flujo migratorio y el consecuente incremento demográfico que se deja sentir en las ciudades del lado mexicano, porque son muchos los migrantes que fracasan en su intento de cruzar al país del american dream, o bien, porque son deportados día tras día mediante los sofisticados controles que se han instalado en la franja, como el doble muro de contención, los helicópteros nocturnos dotados de rayos infrarrojos o la construcción de una autovía a manera de cicatriz transversal, proeza de ingeniería que pretende unir ambos océanos el Atlántico y el Pacífico para el tránsito eficaz de la Border Patrol. La elaborada vigilancia ha hecho que los migrantes intenten el cruce por otro puntos menos supervisados, obligando al desplazamiento por rutas antes inexploradas en el desierto y cuya peligrosidad da ahora la cifra de fallecimientos múltiples por insolación, con cadáveres que se recogen hasta semanas o meses después de ocurrida la tragedia. Los contrastes hacen aflorar una carpeta de temas, personajes y situaciones fundamentalmente violentas, que dan razón del acontecer en la vida fronteriza y el tránsito de indocumentados. Obras de nuestra autoría como El viaje de los cantores, de 1990, que anecdóticamente expone la tragedia real de dieciocho jóvenes que mueren sofocados al cruzar ilegalmente en un vagón de ferrocarril a una temperatura estival de cuarenta grados centígrados, se utilizan para experimentar una disposición en la recepción lectural o espectacular, de forma tal que, como se explica en la nota inicial, la obra invita a la ordenación mediante una modalidad que sugiere el sorteo, para conseguir combinaciones diferentes en cada noche de representación o en cada ejercicio de lectura. El recurso intenta una participación activa del receptor en esta suerte de Tablero de Dirección, traspolado de Rayuela, la novela de Cortázar, que dispone en nuestro caso del juego voluntario echado al azar de las diez secuencias que integran el libreto, con un total de combinatorias resultantes de la operación aritmética de diez exponencial; es decir, diez por nueve por ocho por siete, etcétera.
En esta aproximación a la nueva, más reciente y tan diversa escritura teatral, hemos de mencionar el particular caso de Gerardo Navarro: actor, dramaturgo y artista plástico, cuya obra se encarga más fecundamente de incorporar en sus obras el espanglés fronterizo, una fusión natural y dinámica de términos en español y en inglés, una ensalada fonética. El espanglés es la más clara muestra de la hibridación social y cultural; convivencia de personas y contrapunto a veces violento, que dan testimonio de la incorporación del latino en la sociedad estadunidense, y de la modificación de éste en su intento de adecuación. Sin embargo, en la obra de Navarro no se trata de un experimento lingüístico sino del retrato oral que da cuenta de esa modalidad emergente; mezcla plurilingüe que se refiere al mestizaje inevitable del fin y principio de milenio. La violencia como tinta indeleble es la constante de este autor, que aflora inmisericorde en sus textos, donde encontramos manifestaciones envilecidas del hombre contemporáneo como gruñidos, tatuajes grotescos, ripiosos poemas escritos con navaja, tinas que almacenan orines, alegatos de irreverencia clerical, mutilaciones físicas producidas por las guerras, atrocidades sexuales, antropofagia que con tenebroso gusto practican algunos de sus personajes.
Para la conformación de un auténtico fenómeno no solamente dramático sino escénico en el norte de México, han sido varios los factores que han tenido lugar. Mientras que hasta hace un par de años la Muestra Nacional de Teatro tuvo continuidad en tanto su sede más recurrente fue Monterrey, los encuentros regionales y universitarios en otras ciudades como Culiacán, Tijuana o Hermosillo han coadyuvado a la confrontación de los hacedores locales con trabajos facturados en otros puntos del país. Mención aparte merece la actividad continua del Taller de Dramaturgia realizado en Baja California durante 1996 y 1997, del que resultó un volumen antológico y la puesta en escena de varios ejercicios propios de un grupo de jóvenes autores antes completamente desconocidos. En otros estados fronterizos de México, la aparición de un buen número de autores da razón del trabajo en la modalidad de activos talleres dramatúrgicos, como el que comanda Coral Aguirre en Monterrey, cuyos alumnos han logrado importantes reconocimientos. Tales son los casos de Mario Cantú Toscano y Hernando Garza. En Chihuahua Luis Heraclio Sierra y en Tamaulipas Demetrio Ávila, son otros ejemplos de que la incidencia del oficio de sus maestros se ha dejado sentir, fortaleciendo un movimiento regional mediante las propias propuestas escritas para el teatro.
Por lo expresado arriba, el teatro del norte se manifiesta como una propuesta cuyas metas se alejan del reconocimiento efímero que podría conseguirse con cierta visita a la capital mexicana. Prefiere, por otro lado, el intercambio y la formación de otros públicos mediante asuntos que atañen a situaciones contextuales más particulares. Ya sea por nacimiento o por tránsito de
vida, el oficio de los autores norteños mencionados, así
como de otros tantos que no se han mencionado aquí, está
encaminado y comprometido con las circunstancias históricas y sociales
que otorga el tiempo en que vivimos, así como con su ubicación
en esa extendida frontera mexicana: barda infranqueable, lindero con la
desesperanza, muro de la vergüenza; pero también punto de encuentro,
zona de transformaciones constantes, abrevadero temático, multiculturalidad
artística, inclusión necesaria, invitación a la tolerancia,
abolición de patrones hegemónicos, abogacía y defensa
por la diversidad.
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